Revolución para la renovación de la izquierda

Mientras el sistema capitalista choca contra sus muros sin poder salir de su crisis y las economías dependientes como la nuestra sufren el traslado de los efectos de la recesión teniendo que reajustar sus esquemas neoliberales sin afectar a los inversionistas foráneos, las elecciones políticas que se avecinan llegan como una tabla de salvación para muchos partidos políticos que se encontraban en calamitoso marasmo.

De pronto han recobrado vida y sus dirigentes ven en ellas una oportunidad para sacar provecho sin importar los problemas nacionales. Se han desempolvado oficinas, líderes y mensajes. Vuelven a convocar a sus soñolientas bases, acuden a los inversionistas y hacen preparativos con la esperanza de agarrar algo en la repartija del poder político.

En el árido campo de la izquierda la situación es similar y los partidos políticos ven una oportunidad de retoñar de sus vestigios, como especies en extinción. Algunos de ellos ya ni siquiera figuran en el registro electoral oficial y no cuentan con los medios orgánicos para formalizarse porque tienen anemia popular. Hay sectores que se han reciclado como fuerzas nuevas pero igualmente adolecen de raquitismo social.

No obstante que la figura electoral es de minusválidos compitiendo en desigualdad de condiciones con atletas de gran vigor económico, las cúpulas de los grupos de izquierda consideran que, aun sin haber hecho trabajo de base, se debe participar en esta contienda aceptando las reglas fraudulentas del régimen electoral sin cuestionarlas. Eso es precisamente lo que siempre ha buscado el régimen de dominación, a fin de que todos se sometan a sus reglas y acepten sus condiciones sin rebelarse.

Como sabemos, el proceso electoral en una democracia del dinero, los resultados arrojan siempre productos indignantes que nuestro pueblo repudia. Si no fuera por la amenaza de castigos la mayoría dejaría de ir a las urnas sabiendo que el actual régimen electoral es tramposo y está condicionado jurídicamente para que los inversionistas coloquen sus testaferros en el poder. Salvo escasas excepciones las autoridades electas suelen ser indeseables y carentes de representatividad.

Desde la izquierda se aduce como justificación razones de estrategia, pero ¿cuál? Si precisamente, debido a que los grupos políticos no comparten la misma estrategia es que están divididos y minusvalizados. Entonces, tras esta justificación podrían estar ocultos intereses particulares y no los intereses del pueblo ni del partido. Estaría primando el interés  por acceder a algún cargo del Estado con todas las prebendas previsibles.

El problema es que no se maneja otra alternativa para alcanza el poder y mal que bien, aunque las posibilidades no sean buenas por lo menos hay una motivación y algo podría avanzarse. Conscientes de las debilidades, la idea de frente amplio calza perfectamente. Pero aún así, las posibilidades no son muy alentadoras y se hace necesario ir en busca de fuerzas extrañas para reforzar filas y aquí empieza la discrepancia sobre la conveniencia de este paso.

Así, mientras un grupo rechaza la idea de una alianza con Perú Posible, por razones de ética política y denuncia que este partido condiciona su alianza a cambio de privilegios en las listas, porcentajes desmesurados e ir bajo su insignia (reunión de bases 05.06.14) en cambio, un antiguo dirigente de otro partido aliado dice textualmente:

“La posición del Partido, dadas las características de Lima y la naturaleza de las elecciones en curso, ha sido y sigue siendo la unidad más amplia de las izquierdas y el progresismo, y desde esa posición tratar de comprometer a sectores del centro del espectro político. Pues si se va a participar en una lid electoral se busca ganar. Y ganar sin perder sus propios perfiles.

Pero se da el caso de que carecemos de inscripción en el Registro de Partidos Políticos, por lo que nuestro espacio de acción es limitado.”

¿Tan bajo ha caído la izquierda para tener que buscar aliados externos? ¿Faltar a los principios por cálculo electoral tiene mayor peso que conservar la dignidad política? La verdad es que ganar a toda costa, aún claudicando posiciones podría ser degenerativo y, si los resultados son adversos sería hasta vergonzoso.

En el mejor de los casos la experiencia nos muestra que, en las regiones y municipios donde hubo victorias electorales, la gestión de gobierno no ha sido precisamente de carácter socialista ni popular. Aunque si, de mucho provecho particular. Entonces, ¿Cuál es el rol de los partidos de izquierda? ¿Dónde está la diferencia?

Lo que si queda en claro es que, necesitamos reconstruir la izquierda peruana previa revolución en nuestras filas. Así lo requiere el momento histórico. Es hora de hacer catarsis de nuestros errores, de revisar y redefinir nuestros roles para empezar una nueva etapa enarbolando las banderas de la renovación total: Nuevos protagonistas, nuevos métodos de trabajo, nuevos planteamientos ideológicos, nuevos mensajes, nuevo liderazgo.

Los jóvenes quizá desconozcan que, a veces los que fueron incendiarios en su juventud terminan de bomberos en la madurez. Muchos no han conocido la experiencia histórica del Partido Aprista Peruano que habiendo nacido revolucionario terminó pactando alianza con su peor enemigo: el odriísmo. Consecuentemente, los jóvenes del APRA Rebelde finalmente se separaron para fundar el MIR porque los viejos dirigentes, otrora ultras, sepultaron los principios ideológicos primigenios.

Pero sí, posiblemente los no tan jóvenes vean el cambio en quienes habiéndose rebelado contra su primer partido que repetía el lenguaje soviético de “coexistencia pacífica” optaron por formar un partido radical que ahora se torna conciliador. Y se repite la historia de que los jóvenes les paguen con la misma moneda. Aunque las circunstancias no son las mismas, ni la ideología es estática, no deja de preocupar la relativa similitud.

Podemos entonces concluir que este proceso electoral podría ser aleccionador en la medida que los jóvenes de los partidos, podrán darse cuenta de las maniobras politiqueras viéndose obligados a rebelarse, decepcionados por las malas prácticas de sus dirigentes.

Por eso es importante cultivar la militancia juvenil dentro de los valores ideológicos. La juventud es nuestro semillero de los líderes del futuro. Protegerla de la contaminación fraudulenta es nuestro deber. Démosle un buen ejemplo de honestidad revolucionaria, de consecuencia política con nuestros postulados. Hagamos con ellos la revolución en propias filas y acabemos de una vez con nuestra crisis. Si hemos de participar en procesos electorales tenemos desarrollar mucho trabajo previo y luchar por un proceso electoral equitativo para que nuestras posibilidades sean óptimas.

Atte. Milciades Ruiz

Julio 2014

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