Las Desigualdades Socioeconómicas

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Con gran despliegue publicitario el profesor francés Thomas Piketty, lanzó su libro “El Capital en el siglo XXI”, anunciando sus descubrimientos sobre las grandes desigualdades socioeconómicas que genera este sistema como en el caso de los Estados Unidos donde un 10% de la población posee el 50% del total de ingresos. O el caso de Francia, donde la concentración de capitales privados en poquísimas personas equivale a más de siete veces el ingreso nacional anual. El 1% de la población posee el 50% del capital total del país.

Afirma pertenecer a una generación de economistas no contaminada por la influencia marxista ignorando que, con su gran “descubrimiento” está confirmando lo que precisamente han reiterado los marxistas desde el siglo XIX.

Hay que saber diferenciar los estudios integrales de laboratorio o de gabinete como lo hizo el científico Carlos Marx y el estudio de los reflejos, como son las cifras estadísticas que le sirven de base a Piketty, las mismas que nunca son confiables totalmente debido a las interferencias políticas y la inexactitud de estas cifras.

Es más, las estadísticas esconden verdades como sucede con los per cápita. El Perú puede tener un elevado PBI contando lo que es producción ajena como la minería cuya renta se va afuera. Pero si separamos la paja del trigo lo que nos queda como propio es poca cosa y entonces el ingreso per cápita cambia radicalmente. Los promedios estadísticos esconden los detalles y por ello muchas veces, la distribución de la renta no concuerda con la realidad.

Podemos tener las estadísticas del registro delincuencial pero ellas solo nos indican la evolución de su magnitud pero no, las causas. Si Piketty hubiera leído a Marx y a los marxistas se hubiera enterado donde reside el eje de lo que revelan sus estudios estadísticos. Actuar sobre las causas es más importante que mirar los efectos o consecuencias.

De todas maneras el enfoque de Piketty sobre las diversas formas de concebir el capital patrimonial y las modalidades que viene adoptando en este siglo es encomiable y es una contribución que abona en favor de nuestros argumentos. Su trabajo demuestra que no se necesita ser marxista para percatarse de las incompatibilidades sociales del sistema capitalista como lo son: riqueza extrema y pobreza extrema.

Tampoco necesitamos del sensacionalismo de Piketty para reparar en las desigualdades socioeconómicas y la concentración de capitales que ocurre en nuestro país y en el mundo, desde que los conquistadores se apropiaron del Tahuantinsuyo y obligaron a los nativos cautivos, el uso del dinero y de los negocios para poder apropiarse de sus riquezas particulares y sociales.

El que acumula predomina, como es el caso de la concentración de medios periodísticos y otras absorciones que ocurren en nuestro país. Este desbalance antisocial, es reconocido como válido en el régimen vigente. Sobre esta base se erige el ordenamiento capitalista.

Por consiguiente, sus propuestas de impuesto progresivo al patrimonio total de los más ricos y, a la herencia de bienes de capital no pueden ser solución estructural para bloquear desigualdades abismales. Sabemos bien que los impuestos y sobrecostos los pagan los clientes. Ello no afecta las rentas de las capas superiores de la sociedad, razón por la cual los ricos siempre flotan como el corcho.

Yendo a lo concreto de la fisiología económica capitalista en nuestro país, podemos demostrar las incompatibilidades sociales del sistema por relaciones de intercambio sin equidad revisando los siguientes párrafos del libro “Trazos para una República Equitativa”:

[…]3

1. DESIGUALDAD  SOCIAL  POR  INTERCAMBIO  SIN EQUIDAD

Si el proceso de acumulación de riqueza es histórico, la pobreza también lo es, pues son dos aspectos inseparables de un mismo fenómeno. No se puede acumular riqueza sin quitarle a otro, directa o indirectamente.

Si sólo se le quita a uno, la acumulación tardará mucho, pero si se le quita a cien al mismo tiempo, entonces la acumulación será más rápida. Y si se utiliza un sistema de cientos de acopiadores con este objetivo, entonces la acumulación será exponencial y el número de pobres se habrá incrementado en la misma proporción.

Esta es la razón que explica el por qué no puede haber ricos sin que haya pobres. O dicho de otra manera, la pobreza es el costo de la riqueza. El origen de la desigualdad social está en las relaciones de intercambio. La acumulación va creciendo a lo largo de la cadena del ciclo económico.

La agricultura, por ejemplo, es una fuente inagotable de riqueza por ser renovable. Siempre está creando riqueza acumulable que sus extractores mayormente son pobres pues no pueden acumular sino intervienen en toda la cadena agroeconómica. La minería y la extracción de hidrocarburos fósiles en cambio siempre están agotando nuestro stock no renovable.

Paradójicamente, la pobreza es mayor en el sector que más crea riqueza renovable, en tanto que todo lo contrario sucede en el sector de los depredadores de nuestras reservas no renovables, que tienen siempre altos ingresos económicos. El campesino produce lo que otros comercializan y procesan, pero estos tienen un nivel de vida superior al creador de riqueza.

¿De dónde se extrae los minerales e hidrocarburos sino fundamentalmente de suelo campesino? ¿Entonces por qué los agricultores, que son creadores netos de riqueza, no tienen altos ingresos económicos como si lo tienen personas que agregan valor a la riqueza creada por aquellos?

La respuesta está en las relaciones de intercambio, que lejos de ser equitativas generan desigualdades abismales. Todos tomamos una parte del valor que se dejó de retribuir a los agricultores. Su retribución es devaluada en beneficio de toda la cadena hasta el consumidor final.

Un ejemplo propio nos puede ayudar a comprender esta situación en nuestro país:

Tomemos un valle agrícola cualquiera: el acopiador –que tiene innumerables facetas–recorre todo el valle recopilando la riqueza que los agricultores han producido durante largos meses de trabajo. Pero el acopio de productos, es al más bajo nivel de cambio. Se inicia la cadena de valor que crece como triángulo invertido. El producto del agricultor al pasar de una mano a otra, alcanza al final un alto precio del cual no participa para nada. Ver fig Nº 4.

Gráfico 4: 

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El campesino no tiene marca registrada de sus productos y no puede cobrar regalías de los mismos porque todos los influyentes les saldrían al encuentro alegando incremento de costos a los alimentos e inflación. Esto no sucede con otros sectores.

Pero así como el  acopiador  recorre  el  valle  como  comprador de productos, también lo hace como vendedor de toda clase de artículos, y el dinero que antes le dio al agricultor por sus cosechas, se lo vuelve a quitar vendiéndole mercadería con sobreprecio. Lo que le da con una mano se lo quita con la otra.

El flujo de retorno va cargado de ganancias recogidas de todo el valle. Esta acumulación por doble vía va a parar en los bancos, porque allí depositan todo el valor agregado los eslabones de la cadena, sea en la puerta de salida del valle, en la capital regional o en la capital nacional.

Tal como se puede apreciar en el gráfico Nº 5, el acopiador inicial ingresa al valle como uno pero regresa como dos (el  doble). Esta operación se repite a diario durante todo el tiempo, dando por resultado lo siguiente: por un lado, se ve que los fondos del agricultor lejos de crecer se retraen, mientras que por el otro lado se acumula constantemente.

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El desequilibrio es evidente. Pobreza por un lado y riqueza por el otro. De este modo, el agricultor nunca puede salir de perdedor, tanto en sus ventas como en sus compras. Estas relaciones de intercambio desigual son las que condenan al sector productivo primario a no poder ahorrar ni menos acumular. (Gráfico Nº 6- Desbalance inicial)

Gráfico 6: Flujo de intercambio desigual (Desbalance inicial)

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Quienes vayan a un valle, zona productora o cuenca, podrán comprobar que en la parte baja del valle (Barranca, Cañete, Camaná, Andahuaylas, etc.) se ubican las grandes tiendas y bancos que hacen el primer recojo monetario de lo acopiado. Son como “atrapanieblas” de la riqueza que sale del valle.

Esta situación ha sido bien estudiada por la inversión extranjera, que ha empezado a construir los MegaPlaza Express en las ciudades ubicadas en las desembocaduras de valles, reuniendo en un solo complejo a todas las cadenas de supermercados, cadenas de farmacias, modas, bancos, etc.

El drenaje de riqueza sucede a cada instante en todos los valles y zonas productoras del país, con lo cual la acumulación es espectacular en las grandes ciudades hacia donde remiten lo acopiado las sucursales de los bancos. Ver figura Nº 7 y 9 (la simplicidad de los gráficos de la fisiología económica es sólo por razones didácticas).

[…]

Como se puede apreciar en el gráfico Nº 10, el proceso va formando un cono de acumulación progresiva desde el nivel de valle hasta el nacional.

Este fondo acumulado es utilizado por el sector financiero para impulsar la industria y otras inversiones de los empresarios. Muchos inversionistas toman esa riqueza creada por el agricultor (revalorada) para hacer infinidad de negocios, incluso para esquilmar a los mismos agricultores.

Lo que sucede con los agricultores ocurre también con toda la masa laboral, desde el obrero y artesano hasta los profesionales altamente calificados, e inclusive ejecutivos de las empresas donde se den relaciones de intercambio no equitativas.

Es que el negocio, en un mercado sin control, tiene por base el lucro sin límite y sólo tiene razón de ser para el inversionista si hay acumulación masiva a costa de los demás.

En estas relaciones de intercambio, la persona se alquila a cambio de una remuneración porque no tiene otra opción. Necesita alquilarse para sobrevivir, pero eso depende de la oferta y demanda del mercado laboral. En un país como el nuestro, siempre la oferta de trabajo –sobre todo si se trata de mano de obra no calificada– es mayor que la demanda, porque el número de pobres es mayor. Por consiguiente, si la oferta es mayor que la demanda los precios laborales caen proporcionalmente.

[…] Al igual que el trabajo campesino, el trabajo de cualquier nivel, profesional o ejecutivo, es subvaluado para permitir un mayor margen de lucro sin el cual no existiría la acumulación. Para el inversionista esto es lo que justifica su negocio, pues el empleo de personas sólo es parte de los costos de producción. Toda la masa laboral cede parte de su valor remunerativo para que los empleadores acumulen.

A mayor masa laboral utilizada en la unidad productiva, habrá mayores proporciones de acumulación masiva en pocas manos. Pero al igual que la renta de la tierra, la renta de explotación humana depende de su rendimiento personal (productividad) a favor del inversionista. Entonces la empresa capacita al obrero o al empleado, y le otorga condiciones para que la persona alquilada rinda al máximo como las otras máquinas.

[…] Ese valor de cambio–salario o sueldo–es lo que constituye el precio de la persona, convertida así en una mercancía más del mercado. Todos tenemos un precio por nuestro trabajo, el cual depende de la oferta y de la demanda del mercado laboral. Para la gran mayoría de la población su precio a veces no compensa sus costos de mantenimiento familiar y siempre trabaja a pérdida. Pero tras él, hay muchos haciendo cola para suplirlo.

Pero allí no termina el proceso de acumulación. La cadena de acumulación viene desde el productor primario y atraviesa todos los niveles en todos los sectores económicos del país, de modo que la acumulación es progresiva.

Esta cadena de acumulación se prolonga al extranjero mediante las relaciones de intercambio desigual entre países. Lo que sucede con el agricultor y trabajadores de todo nivel en el ámbito nacional, se repite internacionalmente entre los países. Los flujos de acopio y extracción de riquezas a los países pobres van a las arcas de las grandes potencias. Esto sucede todos los días, a cada instante. Ver gráfico Nº 11. […]

Hay mucho más de lo concreto en las siguientes páginas pero lo transcrito puede ser suficiente para entender los desequilibrios estructurales. Más adelante el libro tiene un listado de propuestas para afrontar esta situación en un nuevo modelo de república.

Atte. Milciades Ruiz

Agosto 2014

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