EL VALOR DE LA CULTUR

sceDisculpen amigos: Otra vez molestando su atención con un nuevo texto. La verdad es que uno nunca sabe si el esfuerzo intelectual valió la pena. Si no hay acogida será un trabajo bano. Hay gente que es bien agradecida por el servicio que se brinda y también gratos colaboradores que me ayudan en la difusión. Su apoyo estimula para seguir y por eso sigo apostando por ustedes aunque no haya eco. Ahora comprendo y aprecio a los intelectuales que publican sus obras con su propio peculio sabiendo que no recuperará la inversión o que el retorno será a cuenta gotas. Para los que son financiados tampoco es un negocio para ellos sino para las editoriales.

El título de esta nota no es el que figura en el Asunto sino el que figura luego de esta introducción. Les pido disculpas por esta maña. Solo quise aprovecharme del nombrecito de un programa de televisión que ya hizo el trabajo de marketing neurológico. Los inversionistas de los medios de comunicación tienen entre sus costos, los estudios sobre la emotividad de la población peruana. Saben cuál es su punto débil y los impactos en millones de personas.

El marketing neurológico explota las debilidades humanas. Si los estudios dicen que más del 95 % de la población es sensible a la chismografía explotan esa veta de oro en programas como “El Valor de la verdad” y otros espacios que ahora acompañan a los noticieros. Con las telenovelas y series televisivas banales, mantienen a la mayor parte de la población pegada a los televisores. Ningún hogar se salva de esta manipulación mediática.

Es comprensible que a muchos no les alcanza el tiempo para leer todos los correos que les llega salvo que les parezca que vale la pena leerlos en otro momento. Muchos tienen preferencia por la comidilla política de la coyuntura y no les atrae los artículos de mayor alcance. Para los amigos que no tiene el hábito de la lectura o no les gusta leer textos largos va la siguiente nota poco corta.

EL VALOR DE LA CULTURA

efe

Escribe: Milciades Ruiz

Nunca la cultura es neutra. Es relativa y depende de quien la imparta. La cultura incaica fue diferente a la cultura del virreinato. La cultura del absolutismo monárquico  era diferente a la cultura republicana. Y aún en la misma cultura republicana la cultura ha ido variando por la predominancia de factores que la han condicionado, de manera oficial y extraoficial.

El sistema de dominaciónhace primar la cultura que la favorece y la cultura de la liberación es su reverso cuyos valores son opuestos a la primera.

Pero no es mi intención ni tengo laureles para explayarme en esta temática que a no dudar es fundamental.

Por eso me referirá más a “El Valor de la Lectura” pisando terreno concreto. El “Día del Niño” pasa desapercibido para muchos y es posible que muchos niños hayan recibido maltrato. “El Valor del Niño” no ha calado en la consciencia nacional ni en los movimientos políticos.

En las antiguas civilizaciones, la cultura de la guerra era inculcada desde la niñez. Aún en la actualidad andina la cultura agrícola es impartida por los padres desde muy temprano por que es el valor del trabajo el sustento de la vida familiar. En los ámbitos más desarrollados el conocimiento ha pasado a ser la principal arma en la lucha por el mejoramiento familiar.

Pero también, en las sociedades atrasadas la lectura está vedada porque, el que lee tiene como defenderse. Es la cultura de la dominación. A las niñas no se les permite leer para tenerlas siempre indefensas y en desventajas frente al varón. Esta conducta está muy posesionada de nosotros por la idiosincrasia que nos queda de tantos siglos de dominación. Hasta en los que se consideran de avanzada hay predisposición a la dominación. En un grupo político suelen dominar los que son más leídos pero si el resto no lo está es presa fácil de la dominación.

Por ello, un joven bien instruido tiene un sueldo envidiable para los desfasados profesionales. Es el conocimiento el que otorga mayores oportunidades. En la larga cola por un empleo los que tienen doctorado o magister tienen mayor opción. Los jefes, además del conocimiento técnico, también tiene conocimientos culturales los cuales le dan amplitud de criterio para discernir y tomar decisiones.

Si en las actuales condiciones, es el conocimiento la mejor arma de desarrollo entonces es muy importante que inculquemos a nuestros hijos el hábito de la lectura. Si desde los primeros años empieza a tener afición por la lectura de los cuentos y dosificadamente de textos verídicos con toda seguridad será un apersona de éxito. Pero si los dejamos al abandono no podrán ni comprender la lectura porque no está acostumbrado a leer.

Según la evaluación del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes –PISA, aplicada a 65 países, dada a conocer en el 2013, nuestro país tiene un pésimo desempeño en rendimiento escolar pues ocupa el último lugar en comprensión lectora. Es evidente que al no tener hábito de lectura no tiene práctica en la comprensión de los textos.

Da mucha tristeza verificar que muchas personas hacen vida social conversando solo de futbol porque no saben de otro tema o, hablan de la farándula y escándalos periodísticos pero de allí no pasan. Entonces cuando se encuentran en reuniones con otras personas de mayor conocimiento tiene grandes dificultades para participar en la conversación.

En cambio, una persona habituada a la lectura acumula tal stock de conocimiento que siempre puede salir airoso en cualquier reunión por sus ventajas de cultura general. Puede hablar de literatura, historia, ciencia, tecnologías, deportes y otros temas ganándose una valoración de personalidad capaz. El que no se informa leyendo es presa fácil de la dominación a tal punto que ni siquiera se da cuenta de su realidad dentro del sistema.

Sin embargo, es preciso hacer algunos señalamientos como los siguientes extraídos del libro “Trazos para una República Equitativa” del cual soy autor:

[…] “El cerebro es la parte más valiosa del ser humano y su desarrollo depende de la atención que se le brinde desde su formación genética, porque se impacta con las impresiones que recibe desde su estado fetal, crece y envejece con nuestro organismo. El cerebro procesa la información que recibe, pero si se le suministra datos falsos como verdaderos, entonces su producción será errónea.

Así como la nutrición de nuestro organismo depende de la calidad de materiales alimenticios que introduzcamos al estómago, nuestro desarrollo mental depende de la calidad de materiales de información que almacenemos en el cerebro.

Nuestra fortaleza física se debe en gran parte a la calidad y cantidad de alimentos que ingerimos, pero podemos ocasionar daños a nuestro organismo si consumimos sustancias nocivas. De igual modo, nuestra fortaleza mental tiene que ver con la calidad y cantidad de insumos que pongamos a disposición del cerebro.

Si hacemos ejercicios físicos los músculos se fortalecen y se potencian. Si hacemos ejercicio mental el cerebro se fortalece pero su rendimiento puede ser mucho mayor si le proporcionamos los materiales apropiados para su labor creativa. Un cerebro con riqueza informativa nos dará ventajas. Un cerebro desinformado no podrá ayudarnos y perderemos muchas oportunidades de prosperar.

Pero las funciones mentales pueden alterarse si su lógica ha sido condicionada, manipulada, trastocada, falsificada. Un niño que se pasa el día en los juegos electrónicos, donde –generalmente–el éxito consiste en matar la mayor cantidad de supuestos enemigos, corre el riesgo de alienarse y cometer crímenes si está poseído por alguna predisposición asesina. Así también, muchas personas se enajenan en sumo grado emulando a los personajes bíblicos hasta en el aspecto físico.  […]

Así como la formación religiosa empieza desde muy temprano en la vida de las personas, la formación cultural también empieza en casa. El niño crece en un ambiente familiar determinante para su futuro. Los hogares armoniosamente consolidados, en lo económico y en lo cultural, brindarán al pequeño un ambiente saludable. Los hogares precarios en ambos aspectos lo limitarán.

En el caso de hogares conflictivos, los niños aprenden a usar el mismo lenguaje y asumen las conductas de sus padres sin que estos tengan condición moral para corregirlos. Peor es la situación de aquellos niños que crecen en hogares con los valores distorsionados por la cultura delincuencial. Desde los primeros años esos niños adquieren una malformación cultural cuya cimentación podría convertirla en incorregible sino reciben el tratamiento adecuado. Pero la condición de los hogares es un producto social. Es el resultado de un manejo del conjunto social, que obedece a intereses de quienes deciden el destino de la sociedad. Por consiguiente, la cultura social está condicionada por esos intereses. Tenemos entonces una cultura que tiene una intensión determinada.

3.1 El valor estratégico de la enseñanza educativa

La formación generacional es un asunto de interés estratégico que no debería soslayarse porque no puede haber producción futura satisfactoria sino se tiene un buen semillero, libre de contaminaciones alienantes. Se asume que el magisterio, ejecutor directo de esta misión, forma parte del engranaje administrativo de un Estado que responde a intereses de dominación y que el profesorado ejerce su poder de manera condicionada.

Pero los profesores son, al mismo tiempo, padres de familia, y está de por medio la formación de sus seres queridos y por ello no pueden ser indiferentes a una enseñanza fraudulenta. Entonces se encuentran siempre con el dilema de decir la verdad o seguir el libreto oficial al que están obligados a cumplir. Si se opta por lo segundo, en cierto modo el profesorado se aliena y se convierte en cómplice de una formación alienante de los alumnos, entre ellos sus hijos.

El poder del profesorado es clave para la sociedad. Un profesor puede ser admirado por sus alumnos y puede convertirse en un guía, pues este sabe más que sus discípulos. Pero esta condición puede ser aprovechada con otros fines más allá de las aulas. Tenemos casos de profesores de instrucción superior que han aprovechado esta condición para encumbrarse políticamente, y también casos enfermizos de gran poder de convicción que han generado fanatismo extremo.

Los líderes sociales se forjan en las aulas en las que reciben las enseñanzas de sus profesores. Así ha ocurrido siempre históricamente. Las enseñanzas con interpretaciones filosóficas permiten promover tanto doctrinas conservadoras como también renovadoras, cada cual con sus variantes extremas e intermedias. Así surgió el liberalismo, en los inicios de la República, luchando contra el conservadurismo de la aristocracia colonialista, como también las variantes políticas posteriores emanadas de ambas tendencias.

De ello se infiere que la etapa estudiantil es fundamental para el desarrollo de los pueblos. En ella se delinea el futuro personal y generacional. La sociedad se fortalece con la emergencia de jóvenes valores que enarbolan nuevas corrientes de pensamiento crítico con fundamento doctrinario. Pero ella se debilita cuando la calidad generacional es denigrante. […]

También es importante señalar que la calidad de la enseñanza tiene mucho que ver con la calidad profesional de los educadores que viene produciendo la sociedad, porque éstos son también un producto generacional. Los profesores de mi generación eran muy distintos a los de la actualidad. De ellos rescato la profundidad de aquella máxima que me inculcaron: “Árbol que crece torcido, nunca su tronco endereza”.

Efectivamente, los humanos al igual que los vegetales, tenemos un ciclo de vida o proceso fenológico con etapas de desarrollo hasta alcanzar la plenitud, al cabo de la cual empieza a declinar hasta fenecer. Es en la etapa de formación, que se modula el carácter, se definen tendencias, se adoptan opciones, las cuales se expresarán tanto en lo social como en lo productivo. De modo que si en esa etapa el ser humano no recibe los cuidados debidos, se torcerá y los resultados serán lamentables.”

[…] ………….

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