LA INVERSIÓN PRIVADA: ¿UNA PANACEA?

Escribe: Milciades Ruiz

Para quienes defienden el sistema de dominación capitalista la “inversión” es la panacea que cura todos los males de la sociedad. Inversión equivale a más empleo, más progreso, más crecimiento económico, menos pobreza, etc. Por consiguiente, hay que apoyar la inversión privada si queremos que nuestro país prospere.

¿Y no es verdad acaso? Relativamente podría decirse que si y no también. Es que la inversión privada empezó a prevalecer desde que la monarquía absoluta se desplomó en el siglo XVIII. Desde entonces los males que engendró la inversión privada se han venido solucionando a costa de mucha sangre derramada e innumerables atrocidades contra los seres humanos.

Hoy gozamos de muchas conquistas arrancadas a la inversión privada como las jornadas de las ocho horas, la jubilación, los seguros sociales, vacaciones, etc. Pero esto ha sido producto de las luchas sociales y no de la voluntad de los inversionistas.

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Es verdad que dio mucho empleo a los proletarios, que ha revolucionado el mundo con la ciencia y las tecnologías admirables y ahora, es el sostén del sistema con toda su modernidad. Pero sigue generando inequidades sociales desde el nivel local hasta el global. En otras palabras: “la inversión privada es buena, quitándole todo lo malo que tiene” y viceversa. Entonces tenemos diversas maneras de percibir el concepto “inversión”

Interesadamente la palabra “inversión” suele ser utilizada indiscriminadamente como si tuviese una sola concepción dándose por entendido que se trata de la que hacen los grandes empresarios. Siendo los únicos que invierten entonces tendríamos que aceptar que el desarrollo de nuestro país depende solo de ellos.

Pero también podemos decir de manera didáctica que al hablar de inversión nos referimos al capital o financiamiento de un negocio. El negocio puede ser chico para lo cual se requiere poco capital o poca inversión pero si el negocio es de grandes proporciones entonces hablamos de grandes capitales o grandes inversiones.

Veamos el caso de un agricultor que invierte en sembrar maíz amarillo para crianzas. No cabe duda que es un “inversionista” que puede utilizar como capital dinero prestado al Banco Agrario. En el Perú, 100 mil familias se dedican a este negocio desde varios años invirtiendo en conjunto S/. 1.5 millones cada año para obtener alrededor de 500 millones de nuevos soles como valor bruto de la producción anual. Sucede también con todos los cultivos y de crianzas (ganadería, piscicultura, aves).

En este caso, estamos hablando de inversionistas peruanos cuya renta no las saca fuera del país. Esta es una diferenciación fundamental.

Una cooperativa cafetalera es una empresa privada constituida por pequeños inversionistas caficultores. Su negocio es la comercialización del café producido por sus socios, incluyendo la exportación. Esta empresa inversionista capta divisas para el Perú porque el producto de todas sus ventas se reinvierte y se gasta en el país. Aquí, la diferenciación es que la inversión es doblemente beneficiosa.

Mas de 2 millones de personas están involucradas directa e indirectamente en la cadena productiva del café entre productores, transportistas, procesadores, cafeterías y otros servicios. Por concepto de exportaciones nos traen anualmente más de 20 mil millones de dólares. De manera similar podríamos hablar de los inversionistas de los diversos sectores de la economía de los peruanos. Una bodeguita, un taller de repuestos mineros, un servicio comercial, una panadería son también negocios con inversionistas.

Pero aparte de los peruanos hay inversionistas extranjeros en diversos negocios. Estos, por lo general utilizan el dinero de los peruanos como capital de inversión, tomándolo ya sea de lo depositado en los bancos o usando la mercadería de los pequeños inversionistas pagando a 30 y 60 días, como lo hacen las cadenas de supermercados de propiedad extranjera que, además usan el dinero de tarjetas de crédito y montan sus propios bancos con dinero peruano.

La empresa extranjera no necesita traer todo el dinero que requiere para sus inversiones. Para eso están los bancos con dinero peruano y de otras fuentes. En este caso estamos hablando de grandes inversionistas que no traen riqueza pero si se la llevan fácil. La renta del negocio se va a enriquecer a quienes tienen dominio sobre nosotros.

Así, cuando se habla de inversionistas que necesita el país no estamos pensando en lo mismo. Algunos por reflejo condicionado piensan automáticamente solo en las transnacionales o inversión extranjera (minera, petroquímica, telecomunicaciones) y otros, en inversiones de los principales grupos económicos nacionales (construcciones, servicios, etc.). En esta concepción, no cuentan los millones de inversionistas peruanos de toda índole.

Entonces, cuando el gobierno habla de promover la inversión privada hay una discriminación muy clara porque no se está refiriendo a los inversionistas peruanos mayoritarios que en conjunto son inversiones millonarias sino a los millonarios inversionistas.

Por otro lado, la función del Estado es lograr el mayor crecimiento económico posible contando no solamente con el concurso de la inversión privada sino también con inversión propia. El Estado inversionista tiene que reservarse para sí, los mejores negocios disponibles en el país. Es el dinero de la sociedad peruana el que está en juego. Entonces tiene que identificar los negocios de mayor rentabilidad y sostenibilidad en beneficio de los peruanos.

En ningún negocio familiar se concibe dar lo mejor para extraños y quedarse con la peor parte. Esto que nos parece lógico en lo concreto resulta ilógico a nivel gubernamental. La sociedad peruana es la dueña del negocio nacional pero el encargado de la administración de este negocio la traiciona haciendo lo que es ilógico. Hay aquí un criterio tergiversado de lo que es inversión pública. Primero debería estar el beneficio de la comunidad nacional y después el de los particulares. Pero es a la inversa.

Hemos visto que en la bonanza minera se ha despilfarrado el capital acumulado para la inversión estatal. Los gobiernos regionales y locales han tenido que ser presionados para que consuman el presupuesto asignado abriendo las puertas a la corrupción. Se ha censurado a las oficinas públicas por no tener capacidad de gasto.

En estas condiciones ese ingente capital de inversión ha sido derrochado en obras públicas innecesarias en su mayoría. Se puede comprobar en numerosos distritos que se han construido locales municipales, coliseos, monumentos y más, que contrastan con la envergadura de esas localidades. Estas incoherencias se pueden apreciar a nivel regional pero con mayor escándalo. Las autoridades no distinguen lo que es un gasto de lo que es inversión.

No hay conducción nacional dirigida en el uso estratégico de la inversión pública. Los proyectos financiados por el Estado no están integrados como parte de un solo negocio estatal y por ello no hay idea del costo beneficio en este negocio social. “A río revuelto, ganancia de pescadores”. ¿Qué sentido tiene la inversión pública si el dinero invertido no se reproduce ni rinde utilidades?

Así, en plena bonanza económica del Estado tenemos como resultado que la inversión pública en el sector agrícola 2013 en vez de crecer tuvo un decrecimiento y hasta Junio de este año la caída según el INEI es de -8.85 %. Son más de 3 millones de familias damnificadas. Menores ingresos campesinos es: mayor pobreza y hambre. Aquí no hay factores externos ni programas sociales que valgan pero, el gobierno dice que ha disminuido la pobreza. ¿Y por qué hay tanta delincuencia?

En estas condiciones, ¿las medidas adoptadas por el gobierno para reactivar la economía impulsando la demanda interna pueden omitir esta realidad? Se podrá decir que la inversión social es lo más importante para el Estado pero esta es una temática que merece analizarse en otra ocasión para no desviarnos del punto.

Se atribuye a ¡Conga No va! y, a los antimineros el enfriamiento de las inversiones mineras. Pero este argumento no es muy santo. La inversión es para ganar y no para perder. Sucede que la demanda de metales en el mundo ha decaído y los compradores no logran recuperarse desde la crisis del 2008. El mercado está en declive y ninguna corporación transnacional se arriesga a invertir si el mercado se ha reducido y no hay buenas perspectivas. Eso es lo cierto.

El mundo capitalista está en recesión y este problema escapa a nuestro dominio. Es un problema que afrontan todos los países que viven de la minería y no solo el Perú. De modo que, aunque la patria se ofrezca desnuda, los inversionistas no cometerán el error de seguir invirtiendo cuando el mercado está en recesión. Es el mercado el que prima y no lo que hagan los antimineros.

Para los inversionistas, bienvenido los indultos tributarios, el retiro de las regulaciones ambientales y eliminación de requisitos de tramitación, pero eso no va variar las decisiones de los directorios empresariales de aguantar inversiones hasta que el panorama pesimista cambie. Por ahora no hay señales de vaya a cambiar en el corto plazo. Así que no le echemos la culpa totalmente al “Conga No Va”.

En resumen, podemos decir entonces que la inversión no es exclusiva de un pequeño grupo pudiente y que no debemos mirar solo a ese lado. En términos de país, los inversionistas constituyen una masa muy amplia y la sumatoria de todas las inversiones, incluyendo las pequeñas, hacen un monto gigantesco aunque no lo percibamos.

En el pasado, la producción de algodón en el Perú superaba las 80,ooo TM. Cien mil obreros trabajaban en los campos de algodón pero considerando toda la cadena económica en torno a este cultivo casi la mitad de la población costeña vivía del algodón y esta producción aportaba hasta el 30% del presupuesto nacional.

En una estrategia de recuperación económica los gobernantes tienen que tener una visión de conjunto y optar por aquello que sea más beneficioso para el pueblo peruano. Los estímulos no deberían ser solo para el grupo más pudiente e influyente. El torrente de la inversión a utilizar es mucho más y encausar una estrategia de inversiones tiene sus bemoles. La diversificación productiva depende del mercado no de las buenas intenciones.

No obstante la Premier en su presentación ante el Congreso de la República dijo: En resumen, el gobierno es consciente de la importancia de la inversión para generar mayores oportunidades y mejorar la vida de la población. En materia de política económica, nuestra visión al 2015 es:

– Impulsar, promover, desarrollar y ejecutar la inversión, privada y pública, para que continúe siendo el principal motor de crecimiento económico y desarrollo inclusivo y sostenible del país.

– Facilitar y promover la inversión privada nacional y extranjera para continuar generando empleo, fomentando la formalización de la economía y reduciendo la desigualdad.

Esta retórica la venimos escuchando repetidamente en cada cambio de gabinete ministerial y no creo el nuevo haga un quiebre radical para cambiar la política de este gobierno. Salvo que me equivoque.

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2 pensamientos en “LA INVERSIÓN PRIVADA: ¿UNA PANACEA?

  1. Es cierto muy cierto lo que indica. El inversionista privado busca rentabilizar su capital. Los grandes y medianos capitalistas, tienen la capacidad económica y profesional para salir adelante solos. El estado debería apoyar a que los micro y pequeños productores (campesinos, ganaderos, etc.) se asocien y formen cadenas productivas de tal forma que “unidos” puedan afrontar mejor las condiciones del mercado: mejores productos a precios más bajos, con mayor rentabilidad, minimizando a los intermediarios y compartiendo riesgos. Escuche el caso de los productores de manzana delicia en Mala, quienes están construyendo una planta de proceso (veo en esto un caso de éxito).

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    • Hola Alejandro: De acuerdo contigo. La mejor fórmula empresarial para los pequeños capitales es la cooperativa. Conozco de una cooperativa de ambulantes callejeros que les va muy bien. Saludos.

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