LOS DESAFÍOS DE LA IZQUIERDA PERUANA III

Escribe: Milciades Ruiz¹

Otro aspecto básico para el resurgimiento de la izquierda es el encuentro con su base ideológica. Muchos han dejado de hablar de nuestros ideales como lo hacían antes de la caída del bloque soviético. Muy poco se habla de hacer la revolución como si este objetivo hubiese quedado sepultado para siempre. Otros convenidos prefieren omitir la palabra socialismo para aliarse con los llamados “progresistas”. Hay pues tergiversaciones ideológicas y no es raro escuchar a dirigentes que defienden el “Estado de Derecho” y la “democracia” vigente. Se han adaptado al sistema o han sido domesticados por el.

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Los ideales constituyen el motor de nuestras motivaciones, de nuestra conducta personal y política. Los ideales nos dan la fuerza de convicción para luchar por una causa social. Esto explica el por qué, muchos revolucionarios hicieron desprendimiento personal y familiar para sumarse a la causa de la revolución socialista aún a costa de perder la vida.

Sin claridad de ideales no hay mística de trabajo político social. Pero la voluntad de lucha tampoco debe ser producto de la alienación política como sucede con la alienación religiosa. Nuestra fe no es ciega ni extraterrenal. Nuestros ideales emanan de la realidad concreta y sobre ella proyectamos nuestras aspiraciones. Pero estas, tienen que estar en correspondencia con la certeza de los procesos fisiológicos naturales.

Esa es la fortaleza del socialismo: su base científica y una lógica racional. Somos socialistas por convicción y no por oportunismo, electorerismo, ni por frustración social. Es un sentimiento que nos induce a luchar por el bien de la humanidad sabiendo que lo colectivo está por encima de lo individual. Esto es lo principal

Digo que es lo principal porque para ser revolucionario no es prerrequisito ser marxista, ni leninista ni maoísta. La revolución la hacen los pueblos y estos no tienen necesariamente estos membretes. Los líderes históricos triunfantes tampoco se han ufanado de tener estos membretes como sí, acostumbran hacerlo los badulaques.

Gran parte de la literatura de teóricos está impregnada de idolatría bíblica a los profetas del socialismo y tratan de mantenernos en el pasado como se hace con las comunidades nativas. Otros, se vanaglorian de ser marxistas y extienden su plumaje de pavo real. Pero estos, no son precisamente los más luchadores ni los más confiables. La principal virtud de todo revolucionario es su honestidad aunque no haga gala de su formación teórica.

Es cierto que la formación teórica es muy importante para la eficiencia de nuestra capacidad. Pero los fundamentos y principios no constituyen dogmas fundamentalistas ni estáticos. En la dialéctica de la naturaleza todo es proceso. Lo que ayer fue válido pueda ser que ahora ya no lo sea. Lo que en su tiempo dijeron los líderes históricos del socialismo tenemos que asimilarlo en su relatividad y no interpretar el presente ajustándolo al pasado.

Entonces estamos frente al desafío de cambiar los estilos y el lenguaje estereotipado. El evangelismo político genera fanatismo y todo fanatismo es nocivo porque conduce a la tiranía, al despotismo y a la pérdida de la libertad. El fanatismo por ello, es incompatible con socialismo. Es nuestra obligación luchar contra ese mal que tanto daño ocasiona a nuestras filas.

Nuestro semillero de combatientes por el socialismo debe cultivarse libre de contaminaciones deformantes y no trasmitirles nuestros malos hábitos políticos si queremos líderes generacionales honestos. Asumamos el desafío de trabajar para el futuro dando paso a los jóvenes y ayudando a que nuestros reemplazantes adquieran las destrezas necesarias para su eficiente gestión.

En la nefasta década de 1990 los jóvenes fueron mutilados políticamente con los tanques militares dentro de las universidades. El terrorismo de Estado y el terrorismo político tenían bajo amenazas a los alumnos y profesores. Ambos terrorismos impactaron severamente en las instituciones sociales, partidos políticos, gremios urbanos y rurales. Esto ocasionó un gran vacío generacional de líderes sociales que ahora nos hacen falta y las consecuencias las estamos viviendo.

Este paréntesis histórico ha impedido la renovación de líderes. La vieja dirigencia no ha podido ser renovada y este es otro desafío en el que tenemos que trabajar ahora urgentemente. Son elementos de estrategia que tenemos que desarrollar dentro de un marco estratégico mayor.

Por otro lado, se ha señalado muchas veces en la izquierda peruana que para cambiar la situación de nuestro país es necesaria una nueva Constitución de la República. Hemos cambiado ya dos veces desde 1979 y ambas solo han empeorado la administración del país. Es que, de convocarse un Congreso Constituyente, sin cambiar previamente el régimen electoral, este estaría integrado por la misma calidad de personajes que nuestro pueblo repudia.

Estarán como constituyentes los políticos corruptos de siempre y los sicarios jurídicos de la dominación, quienes evacuarán una Carta Magna de la misma condición. Entonces, nuestra estrategia apunta a un espejismo cuyo eje está en otro lugar. Antes de ir por esa meta, concentremos nuestra lucha en cambiar primeramente el régimen eleccionario fraudulento que origina inequidad política, económica y social.

Sabemos que este sistema eleccionario es tramposo y está condicionado jurídicamente para que los poderosos mafiosos coloquen sus testaferros en el poder y, para que la minoría pudiente predomine siempre sobre las fuerzas populares. Todo es una farsa. Este régimen electoral gira en torno al dinero. Quienes cuentan con mayor dinero tienen la primera opción. Este dinero proviene de las potencias que nos dominan y que tiene interés en mantener su dominación.

Dicho dinero viene en forma de donaciones fraccionadas a nombre de diversas personas pero son recursos que las embajadas y sus gobiernos no puede aparecer públicamente por lo que los partidos políticos receptores camuflan las subvenciones (El multimillonario estadounidense George Soros tiene una fundación fantoche para estos casos para apoyar candidatos conservadores, pero igual hacen otros multimillonarios como podría ser cualquier Maiman y otros que necesitan lavar dinero o evadir impuestos).

El narcotráfico también invierte en los procesos electorales como lo hacen los consorcios empresariales utilizando testaferros lobistas. En los balances de los partidos políticos aparecen donaciones de personas sin capacidad económica y otros ingresos fraudulentos. Sin embargo no hemos cuestionado este régimen electoral ni hemos luchado contra este instrumento de dominación. Hemos dejado que los opresores nos impongan las reglas de sus conveniencias y nos hemos sometido mansamente al fraudulento régimen electoral.

Lo hemos aceptado como cómplices pasivos y hemos participado en el fraude encumbrando a personajes políticos que se han beneficiado particularmente, sin tener la representación de ningún sector socioeconómico. Hoy bajo este régimen eleccionario, casi todos los partidos de izquierda en Lima han quedado fuera de carrera porque ni siquiera tienen inscripción en el organismo electoral. Es humillante tener que colgarse de partidos ajenos soportando chantajes y condiciones onerosas para poder postular.

Por ello considero que una de las primeras tareas ha emprender es la lucha por la modificación del régimen electoral. Si lo enfocamos en términos de equidad, puede desencadenar una revolución sin precedentes porque allí está la clave de muchos acontecimientos en cadena. No se si estoy arando en el mar pero por lo menos podría ser un punto de reflexión.

Si la representación nacional fuese equitativa los pobres por ser mayoría tendrían mayoría en los poderes del Estado. Si los peruanos ancestrales y mestizos constituyen el 90% de la población no hay razón para mantenerlos marginados del poder. Si los trabajadores de los diversos sectores socioeconómicos son mayoría en el Perú resulta injusto dejarlos fuera de la democracia. Si los socialistas estamos a favor de las mayorías ¿por qué no aceptar un gobierno de las mayorías? Si es eso lo que buscamos, ¿Por qué no luchar por ello?

El gobierno del pueblo es la auténtica democracia pero la composición del pueblo es diversa. Mayorías y minorías son parte del pueblo. En nuestro país, las minorías tienen más poder que las mayorías. Entonces no será nada fácil emprender esta lucha sino hay una estrategia apropiada para lograr el equilibrio en cada etapa del proceso. Es como las fuerzas incaicas luchando contra el poder de los invasores europeos.

Fisiológicamente, hay un péndulo procesal en la historia política de la humanidad. En América Latina hemos vivido oleadas de gobiernos populares por desgaste de gobiernos conservadores como en la época de Velasco, Allende en Chile, Torrijos en Panamá, Torres en Bolivia, Fidel en Cuba. Luego vino la corriente inversa con Morales, Pinochet, Videla. Hemos tenido la oleada neoliberal que se quedó en nuestro país mientras regresaba la oleada de gobiernos populares en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Brasil, Nicaragua, San Salvador.

Esta oleada popular causa alarma en los países dominantes que ya vienen trabajando una corriente inversa con Capriles en Venezuela, Rodas en Ecuador, Massa en Argentina, La Calle en Uruguay, M. Silva en Brasil (repitiendo la experiencia Humala), siempre con el apoyo estratégico de los medios de comunicación masiva a nivel nacional e internacional. Esperemos que esos planes fracasen y que los gobiernos populares se consoliden.

En ese escenario latinoamericano, en el Perú estamos con un gobierno favorable a la dominación extranjera que tuvo la ventaja de la bonanza minera. Pero esta se acabó y todo indica que el gobierno vigente terminará mal su periodo con los conflictos sociales que se avecinan. En estas condiciones, podríamos estimular un repunte popular si hacemos el esfuerzo por cambiar el régimen electoral vigente y democratizar el acceso al poder.

Esta lucha por un régimen electoral equitativo puede revolucionar no solo nuestra república sino también marcar un cambio histórico en el régimen republicano mundial que ha sido diseñado para favorecer el sistema de dominación social en el planeta. El sistema, procedimiento y detalles de esta propuesta han sido expuestas en el libro “Trazos para una República Equitativa” que tiene al socialismo como máxima expresión de equidad.

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¹  Jefe de Vanguardia en la incursión guerrillera del Ejército de Liberación Nacional- ELN, Puerto Maldonado en 1963 con Javier Heraud. Segundo al mando en la Guerrilla Javier Heraud de Ayacucho -1965 con Héctor Béjar y Jefe del Estado mayor del E.L N., hasta 1968 en coordinación con la campaña del “Che” en Bolivia.

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