Aportes para una plataforma de la izquierda peruana II

ECONOMÍA DE MERCADO EQUITATIVO

Escribe: Milciades Ruiz

Nuestra prédica política suele adolecer de un desbalance. Todo el tiempo estamos combatiendo las atrocidades coyunturales del sistema capitalista y de los gobiernos de turno pero no planteamos las alternativas desde nuestra concepción doctrinaria. Nos hace falta propuestas viables para cada circunstancia de modo tal que, la sociedad las pueda distinguir claramente y se identifique con ellas.

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Los ideales socialistas surgieron en contraposición de los ideales capitalistas. La esclavizante explotación humana ejercida por el capitalismo antes del siglo XX contra los proletarios, mujeres y niños, generó reclamos de justicia, igualdad, solidaridad, nacionalización de tierras e industrias, dictadura del proletariado y muchos otros ideales de nuestra doctrina. Una sociedad sin explotadores ni explotados fue siempre la máxima aspiración. Estaba claro para las masas de que la plataforma socialista era diferente y por eso se plegaban al movimiento.

En el 2011, el movimiento de izquierda “Fuerza Popular” accedió al gobierno municipal pero su gestión no marcó esa diferencia sustancial. ¿Por qué, el pueblo de Lima no salió a las calles a defender la gestión municipal de “Fuerza Social” cuando fue sometida a revocatoria? ¿Y por qué tampoco apoyó en la reelección? Sencillamente porque no estaba identificada con dicha gestión. La sentía ajena.

Si en nuestra gestión otorgamos mayor atención a las obras públicas que favorecen a las constructoras que a las obras sociales que favorecen al pueblo, entonces no podemos esperar que la población mayoritaria se “faje” por nuestra plataforma. Si somos un gobierno socialista, la gestión debería ser socialista. De lo contrario, el pueblo no verá la diferencia.

Por eso es necesario que ante cada asunto tengamos una propuesta propia, claramente diferenciada frente a las propuestas de los defensores del sistema vigente y que el pueblo las identifique con nuestra ideología. Pero tienen que ser propuestas viables y no quimeras ni utópicas.

Se atribuye a los socialistas estar en contra de la inversión culpándonos de todos los males de esta carencia. Pero esta afirmación es una falacia malintencionada. La inversión es fuente de desarrollo cualquiera sea el modelo de sociedad. El capital es factor de producción como lo es la tierra o, el trabajo. Lo que los socialistas cuestionan no es la inversión de capital sino el mal uso del capital.

En términos sencillos podemos decir por ejemplo que el cuchillo es indispensable para las personas. Pero si el cuchillo es utilizado para asesinar, no por ello vamos a estar en contra del cuchillo pero sí, contra su uso malévolo. Por ello, estar contra el capitalismo no es estar contra el capital.

Tampoco estamos contra el capitalista como persona ni como empresario sino, contra el sistema de expoliación capitalista que ocasiona desigualdades sociales injustificadas. Luchamos por el cambio de este sistema en lo concerniente a su nocividad social, con todas inequidades y desgracias que causa a la humanidad, a nuestra patria, a los pueblos, a nuestras familias. Es el sistema y no otro, el foco de nuestra mira de lucha.

La inversión de capitales puede ser privada y también estatal. La primera es de interés particular y la segunda supuestamente es de interés social puesto que ese dinero es de propiedad de todos los peruanos. Desde nuestra visión ideológica, lo colectivo está por encima de lo individual en armónica integración. El Perú es de todos los peruanos y queremos una patria próspera pero ¿Bajo cuáles condiciones?

¿Qué es lo que más conviene al Perú? ¿Todos los negocios en nuestra patria, deben estar solo en manos privadas? ¿Cuáles negocios deberían ser estales y cuáles mixtos? ¿Qué tipo de inversiones conviene al pueblo? ¿Lo que conviene al país, lo es también a la población nacional? Estas preguntas nunca se las hicieron a nuestro pueblo y no tenemos su respuesta.

A los gobernantes nunca les interesó la opinión de la población nacional y las decisiones siempre han sido impuestas desde arriba, sin consultarle. Históricamente los gobernantes han tomado las decisiones sobre el curso del país, de manera arbitraria. Ese poder de decisión ha estado desde los inicios de la república en manos de intereses particulares nacionales en contubernio con intereses extranjeros.

Al capitalismo hegemónico le conviene siempre un estado débil para ejercer dominio sobre él. Cada vez que el Estado se fortalecía acumulando patrimonio camino a la independización, el capitalismo extranjero en alianza con el capitalismo interno han logrado debilitarlo. Esto ha sucedido con el enorme patrimonio estatal y gran número de empresas estatales en la década de 1970 en que se recuperaron los recursos naturales que estaban en manos extranjeras.

El neoliberalismo aprovechó las desgracias económicas de la década de 1980 para imponer su receta de apertura económica y reducir el tamaño estatal. La corrupción de la década de 1990 terminó rematando las empresas estatales pasándolas al sector privado y reduciendo el poder del Estado a su mínima expresión. La consigna neoliberal es, nada para el Estado, todo para la actividad privada.

Tramposamente, los intereses privados han creado la leyenda de que el Estado es inepto para los negocios y que, sus empresas son siempre un fracaso, ocultando la enorme cantidad de empresas privadas que quiebran diariamente. Desde el nacimiento de la república, nos crearon el complejo de incapaces de alcanzar el progreso por nuestros propios medios, haciéndonos firmar tratados de “amistad, comercio y navegación” con nuestros depredadores.

Para nosotros, consecuentemente con nuestros principios abogamos por el fortalecimiento del Estado como propiedad de la comunidad peruana cuyos intereses están por encima de los intereses particulares. Esta predominancia debería ser racional sin caer en el extremo del estatismo total. Todo totalitarismo y acaparamiento es nocivo porque bloquea todas las salidas.

Desde nuestra perspectiva socialista consideramos que la sociedad tiene el derecho legítimo de forjar su destino y fijar las bases de su Plan de Desarrollo Nacional con visión de futuro. Esta gran decisión que compromete la vida de generaciones posteriores no puede estar en manos de una minoría gubernativa ni de intereses privados y menos aún, de intereses foráneos.

Esta decisión deber ser libre y autónoma por derecho de soberanía nacional. En nuestro enfoque, el rango constitucional del Plan de Desarrollo Nacional debería ser la columna vertebral para todas las actividades privadas y estatales. Lo básico para nosotros es el beneficio colectivo. De ello dependerá el grado de apertura de nuestra economía y la participación privada como la pública.

El pluralismo empresarial y el fortalecimiento de capitales nacionales es una línea estratégica que nos conducirá a la acumulación y autonomía económica sin la cual no hay liberación nacional. Lo que arroje mejores resultados en términos de eficiencia, equidad, crecimiento económico y desarrollo será lo que prevalezca.

Aún en las actuales condiciones, tenemos alternativas dentro del campo de la inversión privada. El capital es un factor de los negocios que está disponible en el mercado financiero y con este factor se puede adquirir los otros factores de ser el caso. Pero una cosa es el capital en manos de un microempresario y otra cuando el poseedor es una corporación transnacional y dentro de estos extremos, toda la variabilidad posible.

Entre las empresas privadas están aquellas que solo procuran el lucro individual sin importar lo social, pero también están las empresas privadas colectivas que buscan el beneficio común. Hay empresas que son sociedades de capitales y hay empresas que son sociedades de personas. En las primeras la retribución es al capital. En las segundas, los socios son personas y la retribución es a ellas, de manera equitativa cualquiera sea el capital aportado.

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Entonces, en el campo de las empresas privadas nuestra opción concordante con nuestra ideología es por las empresas comunitarias de beneficio social. Entre estas, las que más destacan son las empresas cooperativas. Esto nos da en las condiciones actuales, una línea de trabajo para nuestra plataforma: La promoción de la economía solidaria.

La contrarrevolución que derrotó al gobierno de Velasco cobró venganza contra las empresas asociativas generadas por la reforma agraria satanizándolas como modelo empresarial (cooperativas, empresas de propiedad social –EPS, sociedades agrícolas de interés socia-SAIS) a fin de que prevalezcan las sociedades de capital.

La destrucción de este sector fue promovida desde el Estado por presión de los EE UU (Misión Reagan) y el antivelasquismo. Un sector de la izquierda insensata contribuyó a ello llamándola “restructuración”, mientras que el terrorismo político destruía las instalaciones y asesinaba a los gerentes de las empresas asociativas agrarias. La parcelación hizo perder a los campesinos los beneficios sociales de ley y sucumbieron en el mercado de tierras.

Para los intereses privados, el asunto era cambiar el mapa económico pues si el sector de empresas asociativas se consolidaba su preponderancia económica y política era una seria amenaza al sistema tradicional pues algunas de ellas ya facturaban sumas superiores a muchas compañías que eran sociedades de capital.

Lo que más temen las fuerzas capitalistas anti colectivistas es que el sector de empresas comunitarias se expanda, copando el 10, 20, 50% o más de la economía nacional porque la predominancia de estas empresas acabaría con el poder que ahora ostentan las fuerzas pro sistema, con las consiguientes repercusiones que esto acarrea. Esta es la razón por la cual se bloquea el cooperativismo nacional pero si, se apoya a las mypes que no son amenaza para el sistema sino, su reforzamiento.

En el cálculo mundial de los países depredadores pesa el rol que jugaron las empresas comunitarias en el despegue de la ex Unión Soviética como hoy constituye el mayor soporte de la economía china. Las cooperativas han modernizado la agricultura de este inmenso país en el que imperaba la pobreza extrema. Hay en China más de 730.000 Cooperativas agrarias que cobijan a más de 54 millones de hogares rurales en el marco de una política de equidad social.

Para el viceprimer ministro chino Hui Liangyu: “Las cooperativas son una fuerza importante en el desarrollo de las fuerzas productivas sociales. Promueven el desarrollo económico y la prosperidad, la equidad social y la justicia. A través de las cooperativas, se puede lograr una prosperidad común”.

Pero también el sector de economía solidaria es gravitante en muchos países del área capitalista. Según la FAO, a nivel mundial las cooperativas cuentan con casi 1.000 millones de socios y generan 100 millones de empleos, un 20 % más que las firmas multinacionales (2012). Las ventas de las 300 empresas cooperativas más grandes del mundo suman 1.1 trillones de dólares, importe comparable al PIB de algunas de las economías nacionales más importantes.

Sólo en Europa los bancos cooperativos emplean a más de 700.000 personas. En Finlandia las cooperativas son responsables de la producción de un 74% de los alimentos, un 96% de los lácteos, un 50% de la producción de huevos, 34% de la producción forestal y manejan un 34% de los depósitos en el sistema financiero. La cuarta parte de su población es cooperativista. Este país no necesita de la minería para dar a su población un alto nivel de vida.

En Uruguay, las cooperativas son responsables del 3% del PIB. Producen el 90% de la leche, el 34% de la miel y el 30% del trigo. El 60% de su producción se exporta a más de 40 países (2011). En Brasil, las cooperativas son responsables de un 37.2% del PIB agrícola y el 5.4% del PIB global (2009). En Argentina, las cooperativas agropecuarias son responsables de más del 20% del total nacional de las exportaciones de trigo (2010-2011)

Las 8.600 cooperativas existentes en Colombia reúnen a 5.5 millones de asociados lo que equivale a decir que 1 de cada 8 colombianos es cooperativista (2011). Las cooperativas en Nicaragua aportan el 40% del PBI y emplea al 70 por ciento de la fuerza laboral del país. En Guatemala mueven el 23 % del PBI. Las cooperativas de ahorro y crédito de Ecuador tienen activos por casi 2.500 millones de dólares, lo que representa una participación del 9.12% en el total del sistema financiero nacional (2010). Todo esto sin la nociva contaminación minera.

Podríamos seguir mencionando la larga lista de la potencialidad cooperativa en el mundo pero lo dicho podría ser suficiente para sustentar nuestra posición de apoyo prioritario a las empresas privadas comunitarias en nuestra plataforma política para las actuales condiciones de nuestro país dentro de la pluralidad de opciones empresariales en una economía de mercado como la que tenemos actualmente.

En nuestro país, operan solo 1,765 cooperativas. El 45% se concentra en Lima, seguido de Puno (7.4%), Junín (5.9%) Arequipa (5.7% y Callao (4.2%). El resto en otras regiones. El desempleo ha generado muchas micro, pequeñas y medianas empresas- MIPYMES cuya dispersión limita su desarrollo empresarial de gran escala.

Al 2012 estaban tributariamente formalizadas 1 340 703 mipymes de las cuales más del 80% son empresas individuales. En conjunto, aportan alrededor del 50% del PBI y emplean a más del 80% de la PEA del sector privado. Es de imaginarse la potencialidad de este sector convertido en empresas comunitarias para economías de escala.

La promoción y organización de empresas privadas comunitarias ya sea como empresas comunales y multicomunales, cooperativas primarias, de segundo grado, federaciones y confederaciones podría ser un punto a considerar en nuestro trabajo político. Hacerlo en todos los ámbitos laborales y geográficos propiciando la economía solidaria y la constitución de empresas comunitarias en todas las áreas de producción de bienes y servicios: salud, educación, minería, comercialización, construcciones, industria, etc.

Progresivamente deberíamos cooperativizar la economía nacional hasta alcanzar su primacía. Hacerlo con las mipymes, mercados de abastos, redes y cadenas económicas cooperativas en todos los rubros para genera autoempleo y concentrar capitales. Ello no significa la negación absoluta de lo individual y grupal. Si estas alternativas contribuir al mejoramiento social entonces corresponde reconocer y premiar todo esfuerzo compatible.

Finalmente debo decir que en el Perú, no se conoce de ninguna cooperativa que tenga una posición política derechista y si mucho de su afinidad con posiciones izquierdistas. Complementariamente a lo planteado, copio a continuación algunos párrafos del libro” Trazos para una República Equitativa” donde se podrá encontrar todo el diseño de las propuestas.

[…]  “6. NUEVA BASE ECONÓMICA Y FORTALECIMIENTO DEL EMPRESARIADO NACIONAL.

Como ya se dijo, el sistema de dominación planetaria funciona como un tejido social piramidal en cuya base están los países más pobres y en la cúspide los más ricos. Entre estos extremos hay escalas y categorías de países que pugnan entre sí, por alcanzar mejores posiciones a costa de otros, pero manteniendo siempre el esquema piramidal establecido sobre la base del predominio del país con mayor poder económico.

En nuestro país, el mayor poder económico de Chile nos ha hecho perder territorio comercial pues sus capitales han invadido nuestro mercado copando espacios cada vez mayores del comercio al por menor de artículos de primera necesidad. La culpa no es los chilenos ni estos lo hacen sólo con nosotros. Lo hacen en otros países donde hay condiciones propicias para invertir desplazando a los capitales débiles locales.

Con el dinero de la red de supermercados y de almacenes ferreteros, establecen servicios financieros, además de encadenar con sus tarjetas de crédito a los consumidores peruanos. Esto no sucedería si tuviésemos capitales propios en condiciones de eliminar la competencia. Otros capitales chilenos compran tierras agrícolas y se posicionan en la agroexportación peruana.

Es así de simple como funciona el sistema. El país con mayores capitales es el que domina por encima de las fronteras. De acuerdo a las reglas del sistema imperante, hay supuestamente plena libertad para prosperar, pero con sujeción a la ley del más fuerte, aceptando que el país que con mayor poder económico tiene el derecho de someter a los más débiles. Con este sistema, no hay otra forma de prosperar, y necesariamente unos países tienen que empobrecerse para que otros se enriquezcan.

Con este propósito todos los países desarrollan múltiples maneras de ganar dominios, desde las opciones diplomáticas hasta las militares en caso necesario, pero lo que manda finalmente es el capital acumulado. Se busca capturar mercados y fuentes de riqueza para acumular poderío a través de relaciones de intercambio desigual que resultan siendo onerosas para las naciones débiles y ventajosas para las más fuertes. Si no contamos con capitales propios, somos presa fácil.

En esta situación nos encontramos, en la fisiología del mundo capitalista que domina la actual etapa histórica de la humanidad. No tenemos otra opción por ahora y mientras no tengamos asegurada una posibilidad distinta, tendremos que transitar temporalmente por el mismo camino hasta que encontremos la oportunidad apropiada cuando cambien las condiciones.

No hay romanticismo revolucionario que valga si no comprendemos la fisiología capitalista y nuestra posición dentro del sistema mundial. El radicalismo tiene un límite y para rebasarlo hay que calcular las consecuencias, porque una mala decisión, por más valiente que ella sea, puede ocasionar millones de damnificados. Hasta los revolucionarios se quiebran cuando los sacrificios son interminables por un mal manejo de gobierno.

A los poderosos que nos oprimen por nuestra debilidad económica tenemos que derrotarlo con sus propias armas: la acumulación de capital. Dentro de este sistema, el poder real no reside en el fusil sino en el capital. Si no se cuenta con esta arma, una represalia económica de nuestros poderosos enemigos hace que el pueblo hambriento le dé la espalda a la revolución.

Tendremos que ir mejorando nuestra fortaleza económica a través del intercambio estratégico equitativo que nos permita acumular capitales propios. Para escalar posiciones económicas, tenemos que obrar con inteligencia explotando nuestras fortalezas, compensando nuestras debilidades y aprovechando las oportunidades que se presenten.

Nuestro pueblo ha dado muestras irrefutables de creatividad en los pequeños negocios pero el reto está en la organización de esas cualidades para los negocios de gran escala que es nuestra debilidad. Tenemos que juntar destrezas y capitales para poder competir en mejores condiciones con los consorcios extranjeros que nos avasallan.

No se podrá liberar a nuestra patria con idealismos sin sustento real de factibilidad. El Perú no tendrá independencia en sus decisiones si no logra su autonomía económica. Luchar por este objetivo es hacerlo por la liberación de nuestro pueblo. Por eso nuestra bandera será siempre: “autonomía económica para una verdadera y definitiva independencia nacional”.

Hay que ganarle terreno al sistema de opresión imperante, tenemos que reducirles los espacios comerciales a los países dominantes, cortarles los flujos que le dan poder sobre nosotros, cortar sus tentáculos de intercambio desigual. Pero no lo podremos lograr si al mismo tiempo no acumulamos poder para ir sustituyendo sus lazos dominantes por lazos equitativos.

Busquemos un nuevo orden social basado en la cooperación, solidaridad y equidad, que compatibilice los intereses colectivos con los particulares, que estimule las iniciativas comunitarias sin desmedro de las libertades individuales de superación económica, social y cultural, y reconozca la primacía del bienestar colectivo sobre los intereses particulares de cualquier rango.

Propugnemos una economía nacional autónoma que fomente la generación y desarrollo de un empresariado patriótico, con capacidad de expansión internacional. Una política de fomento de la inversión privada en función de los intereses nacionales. La defensa de nuestro mercado interno y de la producción nacional, frente a la competencia desleal proveniente del extranjero. Estas aspiraciones deben traducirse en lineamientos de política nacional.

En resumen, la propuesta es postular una economía de mercado equitativo y equilibrado, sobre una nueva base de estructura económica, fundamentalmente comunitaria, que se sostenga en un empresariado de libre opción, pero preferentemente cooperativo.

El impulso al empresariado nacional tradicional en todas sus formas legales y a nuevos modelos de innovación empresarial, con proyección de gran escala, integrando pequeños capitales para negocios rentables masivos, es de importancia estratégica para generar un proceso de acumulación que retroalimente la prosperidad económica nacional.

Para ir a paso acelerado en el proceso de acumulación de capitales y crecimiento económico necesitamos fórmulas asociativas de inversión privada, entre las cuales las empresas cooperativas de lucro económico son las más accesibles a nuestro pueblo, a los pequeños ahorros y a nuestra tradición comunitaria.

Las empresas cooperativas han sido satanizadas en nuestro país por intereses políticos y económicos habiendo sido saboteadas por el Estado para favorecer al capitalismo individualista. Sin embargo, las gigantes corporaciones cooperativas que existen en el mundo es una demostración de la fortaleza de estas organizaciones empresariales.

Por ejemplo, el 29 de noviembre del 2012, en Lovaina, productores de verduras de Bélgica y Francia formaron una cooperativa transnacional “Freshcoop”, la cual agrupa a cuatro organizaciones de productores flamencos y 7 franceses, que en conjunto llegan a ser cerca de 6.900 productores, con un valor total de producción comercializado de más de 900 millones de euros. ¿Por qué nosotros no podríamos hacer algo similar? (Fuente: Boletín Fresh Plaza 04.12.12).

Este empresariado popular es el que tiene las mejores aptitudes para la inversión patriótica porque está arraigada al terruño, a sus ancestros, a lo nuestro. Esta vía es una opción que permite la incorporación de las poblaciones postergadas por prejuicios raciales y una manera de reivindicarlas incorporándolas a la economía de equidad.

Esta propuesta es compatible con el sistema convencional del empresariado nacional de sociedades mercantiles cuyo impulso también es importante para la acumulación de capitales propios con expansión internacional. Y también es compatible con el desarrollo de la mediana y pequeña empresa individual.

En una estrategia de desarrollo con equidad el sistema financiero cumple una función fundamental para el impulso de la economía nacional. El mercado financiero deberá tener un marco de equidad que evite las malas prácticas de las entidades financieras en perjuicio de los usuarios del servicio por cobros indebidos y sobredimencionados. La política de promoción y apoyo al sector financiero debe encausarse en correspondencia con la estrategia de desarrollo nacional. La banca de fomento será la principal palanca financiera del crecimiento económico.

Un sistema de equidad es incompatible con los procedimientos monopólicos y oligopólicos que se ejecutan de manera directa e indirecta en perjuicio de la sociedad. De allí la necesidad de una vigilancia permanente contra el abuso corporativo mediante el establecimiento de la Superintendencia antimonopólica para la transparencia de un mercado sin trampas.

La economía de mercado equitativo es una fórmula flexible y pluralista que puede funcionar compatiblemente con la estrategia de desarrollo nacional, que es la pauta que marca el rumbo hacia el futuro. De esta forma, los negocios particulares de mercado equitativo pueden coexistir complementariamente con el sistema fundamental de economía comunitaria siempre que no erosione el diseño de la estructura básica establecida para la economía equitativa. Es cuestión de manejo de proporciones y preponderancias”.

Octubre 2014

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