Aportes para una plataforma de la izquierda peruana IV

NUEVO ORDENAMIENTO TERRITORIAL Y DELIMITACIÓN POLÍTICA

Escribe: Milciades Ruiz

La organización de la vida es de importancia básica. Todo aquello que está bien organizado tiene ventajas en la eficiencia de resultados. Para un país, la organización social, económica, jurídica, política y administrativa es de importancia crucial. Una sociedad caótica es ingobernable y los costos desde todo aspecto son muy altos porque todo funciona mal y los más indefensos cargan con la peor parte.

qazEl desorden es típico de las sociedades atrasadas como la nuestra en que se invierten los papeles. Convivimos tanto tiempo con el desorden que nos hemos habituado a ella. Es lo normal y lo anormal es el ordenamiento. Por eso suele ser molestoso para muchos que alguien quiera poner orden al caos reinante en cualquier asunto.

Pero el ordenamiento es solo un aspecto de la organización. Cada cual organiza su vida a su modo y ordena sus cosas según propio criterio. Pero no podemos hacer lo mismo dentro de un conjunto social donde hay muchos criterios de organización y de ordenamiento. La organización responde a una necesidad de obtener los mejores resultados en lo que queremos lograr y de acuerdo a ello le damos un orden sucesivo.

El aparato administrativo del Estado peruano es una máquina del siglo XIX y como tal su eficiencia, eficacia y rendimiento corresponde a una estructura anacrónica. Hemos heredado del virreinato y de la república aristocrática una división geográfica administrativa obsoleta que, hasta la segunda década del siglo XXI no ha sido renovada, constituyendo un lastre que no permite una gestión gubernamental moderna.

Para un mejor rendimiento operativo, las entidades reajustan su organización adaptándose a las novedades tecnológicas y a la evolución social. Para ser competitivas las empresas procuran funcionar con tecnología de punta descartando la maquinaria en desuso. Así mismo, las sociedades desarrolladas procuran mantenerse en la modernidad a diferencia de las sociedades atrasadas que lo hacen con tecnología y maquinaria obsoleta.

Esta diferencia de desarrollo fue determinante en la conquista y sometimiento del Tahuantinsuyo. Esta diferencia no la hemos podido superar y es causa de nuestro sometimiento actual. Aún seguimos por inercia histórica con moldes institucionales a la usanza española que arrastramos desde el virreinato. Así se establecieron las comunidades campesinas de hechura virreinal y el alcalde vara como los que habían en España. El “varayoc” era el adulón de corregidor que reemplazaba a la autoridad natural nativa que siempre estaba conspirando contra el virreinato.

Así como la capital de la república mantiene como escudo de la ciudad el que le otorgó el rey Carlos V, hay también muchas costumbres arraigadas que provienen de esa dominación y prevalecen como valores. Lo veremos al celebrarse el bicentenario de la independencia del virreinato.

Nos hemos acostumbrado a lo heredado del coloniaje y no cuestionamos las aberraciones porque nos parecen normales. Así, podemos ver en algunas regiones que en pleno siglo XXI, la agricultura se practica con herramientas prehispánicas como la chaquitaklla mientras que en otras, aún se vive primitivamente de la caza y la pesca. Lo peor de todo es que suele ensalzarse la vida primitiva de algunos pueblos atrasados enarbolando la imagen ancestral para traficar con ello a costa de los mismos.

Hay pues muchas irracionalidades y obsolescencias que se arrastran desde muy antiguo en nuestra patria. Cerrarles el paso a la modernidad a los peruanos ancestrales no se justifica de ninguna manera. Pero hay muchos otros rezagos que tampoco se justifican y son tantos que solo una revolución podría acabar con ellos. ¿A quienes conviene que el Perú se mantenga en el atraso?

En esta oportunidad, me centraré solo en uno de esos rezagos para formular una propuesta que podría ser considerada en una plataforma de izquierda y que tiene que ver con la fracasada seudo regionalización tan venida a menos por sus resultados desastrosos y corruptela desenfrenada. Seguramente habrá quienes tienen interés en continuar en lo mismo apelando a toda clase de demagogias chauvinistas pero la racionalidad vencerá tarde o temprano.

Organización territorial anacrónica

Para administrar el virreinato se establecieron primero los corregimientos o regiones de dominio siguiendo el modelo de las gobernaciones de Nueva Castilla y de Nueva Toledo. El corregidor era el jefe territorial que, representando al virrey cometía innumerables abusos extremos contra la población nativa para arrebatarles sus pertenencias, obligándoles a comprar mercadería no deseada, servirle onerosamente, etc. Generaba su propio sueldo esquilmando a los súbditos nativos.

Estos abusos al tornarse crueles e insoportables motivaron rebeliones siendo la más importante la de José Gabriel Condorcanqui –Túpac Amaru II. Tras el suplicio de este líder nativo, se tuvo que suprimir los corregimientos para evitar nuevas rebeliones. Fueron reemplazados por las Intendencias (regiones geográficas) divididos en partidos o zonas territoriales (provincias).

El virreinato del Perú tenía 8 intendencias y 56 partidos. Cada ciudad tenía un Cabildo o Ayuntamiento con sus alcaldes y regidores colonialistas. La finalidad de este ordenamiento administrativo territorial era controlar el sometimiento de la población y asegurar la recaudación de la tributación expoliatoria.

Al crearse la República del Perú, las intendencias tomaron el nombre de Departamentos geográficos y el intendente pasó a llamarse Prefecto, aunque el titular seguía siendo el mismo personaje abusivo del colonialismo. El intendente había sido el representante del virrey en cada intendencia. El prefecto era el representante del presidente de la república en cada departamento. En las provincias era el sub prefecto y en los distritos eran los gobernadores. Todos ellos de la aristocracia como lo eran los gobernantes nacionales.

Los ayuntamientos tomaron el nombre de municipalidades pero los cargos eran ejercidos por los “notables” de cada ciudad, que en la práctica eran los mismos colonialistas virreinales convertidos en republicanos.

Como es fácil deducir, el mismo ordenamiento territorial del virreinato, cuya finalidad era el sometimiento de la población colonizada, siguió rigiendo en la República. Y los mismos colonialistas y sus descendientes siguieron manejando este sistema administrativo. Sin embargo, el proceso de alienación nos ha hecho perder de vista estos antecedentes y la educación fraudulenta ha ocultado esta verdad.

En el transcurso de la República la organización política evolucionó y se implantó el sistema eleccionario para la designación del presidente, senadores y diputados (hoy congresistas o parlamentarios). Este sistema dio origen a un sinnúmero de falsificaciones y fraudes que se han convertido en “legítimos”. La codicia por acceder a estos cargos hace que los aspirantes hagan promesas electorales cuyo único fin es obtener la mayor cantidad de votos.

Esta corruptela política dio origen a muchos departamentos geográficos, provincias y distritos creados artificialmente solo por interés proselitista. Senadores y diputados para tener un electorado cautivo se encargaban de motivar y tramitar las leyes de creación de estas instancias, recortando y parcelando el país, con el consiguiente incremento de la burocracia y del presupuesto nacional.

Lo que la naturaleza había erigido geográficamente, los políticos sin escrúpulos lo dividían creando departamentos antojadizos de figuras caprichosas. Una cuenca natural con un río que tiene dos márgenes resultaba dividida administrativamente: una margen para cada departamento o región colindante. De este modo, las familias que habitan la cuenca también son divididas.

Por ejemplo: el río Santa es el límite entre las regiones de Ancash y La Libertad. Para ir a la sede del gobierno regional los miembros de la familia que están en una orilla tienen que subir a la sierra viajando largas horas hasta Huaraz. Los de la otra orilla van en sentido contrario viajando dos horas hasta Trujillo que es la sede de otra región.

La cuenca, es una unidad geográfica natural pero por razones meramente electoreras las descuartizan irracionalmente haciendo que pertenezcan a tres departamentos o “regiones” como sucede con el VRAE (Valle Río Apurímac y Ene).

Por su parte, los pobladores de un pueblo tienen la creencia de que si su pueblo se convierte en distrito o en provincia, su categoría social se elevará y vendrá el progreso, porque el Estado tendrá que poner oficinas distritales o provinciales de todos los ministerios. Para tal efecto, buscaban el apoyo de un senador, diputado o congresista, y por esta vía, se crearon varios departamentos, muchas provincias y distritos.

Hay pues una distorsión de lo que significa progreso y desarrollo de los pueblos. Lo único que se consigue con ello es aumentar la burocracia y la carga presupuestal, quedando menos recursos para cubrir las necesidades de la comunidad nacional. Hoy tenemos provincias por cientos y municipios distritales por millares, con toda la carga administrativa y presupuestal que esto significa.

De este modo, la división política del país resulta caótica y no concuerda ni con la geografía ni con los fines nacionales. Por eso vemos los enfrentamientos por el agua entre pobladores de una misma cuenca pero que son de distintos departamentos o “regiones”.

Es así como, la llamada regionalización de la administración pública no obedece a un ordenamiento territorial debidamente estudiado y en aplicación de una estrategia nacional. Ella, se debe a una promesa electoral mal ejecutada.

En cierto modo, nos alienamos aceptando como región a los departamentos que ya teníamos y a eso le llamamos regionalización y descentralización política. Ya es el colmo que de un solo departamento, cuya dimensión es menor a una región, han creado tres regiones: Región Lima Metropolitana, Región Callao y Región Lima Provincias, lo cual es hasta ridículo.

Los políticos que hacen estas barbaridades no tienen escrúpulos para presentar estas irregularidades como un gran logro gubernamental. Esta situación ha sido aprovechada por los oportunistas de toda especie que han encontrado en este fraude una oportunidad para sacar provecho personal. En cierto modo, la actual regionalización es producto de la inmoralidad política.

La división política administrativa del territorio nacional es pues anticuada, irracional y negativa para la eficiencia de gestión gubernamental. Obstaculiza el desarrollo nacional porque burocratiza el Estado entorpeciendo el rápido accionar de las políticas de Estado.

Ante esta situación calamitosa me permito sugerir para la plataforma política de izquierda la alternativa de un nuevo ordenamiento administrativo del Estado sobre la base de cuencas o valles de desarrollo.

Por ejemplo, el valle de Cañete es un territorio que cubre dos provincias enclavadas en una misma cuenca. El río Cañete se origina en las alturas del valle, en la cordillera que divide sus aguas para otro valle. Desde esta zona discurre toda la vida del valle Cañete en torno al río que lleva las aguas hasta el Océano Pacifico.

Todos los caminos desde todas las comarcas se van juntando en los pueblos aledaños y toda la circulación vial, comercial, cultural se dinamiza progresivamente hasta desembocar en la ciudad principal al pie de la cuenca que se llama San Vicente por donde se sale a cualquier parte del país. Es la puerta de entrada y salida al territorio de la cuenca.

Lo que caracteriza a esta cuenca como a cualquier otra es la integridad geográfica, social, económica y cultural. Todos están identificados con su valle o cuenca porque comparten su dinámica, su problemática, recursos, aspiraciones, folclor, costumbres, vestimentas, vocablos y modismos. Es el territorio natural, con sus recursos propios y su población peculiar.

La nueva delimitación de gobierno por valles o cuencas nos conducirá a establecer un nuevo ordenamiento territorial. Ello permitirá determinar las zonas territoriales ecológicas con sus aptitudes productivas estratégicas y una regionalización más racional acorde con los objetivos nacionales y los planes de desarrollo. Ocupamos un lugar único en el planeta y debemos sacar el máximo provecho de nuestra ubicación para una gestión óptima en beneficio de nuestra patria y compatriotas.

Ceda punto de nuestro territorio tiene una latitud y longitud en el mapa planetario, lo que determina las condiciones ecológicas de cada valle, zona y región según las características geográficas. No es lo mismo estar en Tacna que en Tumbes, como tampoco lo es en el caso de las cuencas de costa, de selva y valles interandinos.

Desde los tiempos prehispánicos se sabe la influencia del sol, de los movimientos de nuestro planeta y otros astros en la producción, reproducción y economía de los pueblos. Un ordenamiento territorial en armonía con la visión cósmica nos puede dar una mayor eficiencia en la gestión del desarrollo de nuestro país, de su economía y bienestar social.

Copio aquí, algunos fundamentos de esta propuesta extraídas del libro “Trazos para una República Equitativa”:

[…]

  1. NUEVO ORDENAMIENTO TERRITORIAL

Como ya se dijo, tenemos un mapa político administrativo obsoleto y producto de prebendas electoreras. La delimitación de ámbitos regionales y provinciales no tiene fundamento técnico geográfico ni corresponde a un ordenamiento territorial planificado acorde con nuestra estrategia de desarrollo nacional.

El territorio nacional ha sido dividido de manera irracional e incoherente con la realidad ecológica. Así tenemos miles de gobiernos distritales, cientos de gobiernos provinciales y decenas de gobiernos regionales, delimitados de manera contraproducente pero que sin embargo, abruman el presupuesto nacional por tener que sostener una frondosa burocracia que parasita al Estado. Muchas de estas jurisdicciones ni siquiera se justifican.

La sobrecarga parasitaria le ha quitado eficiencia al accionar del Estado, causa desorden y caos en la aplicación de políticas de gobierno, las mismas que no se llevan a cabo al unísono, lo cual le resta eficacia. Esta situación atenta contra la verdadera descentralización administrativa y repite los viejos vicios de la centralización, aumentado el grado de corrupción e ineficiencia.

Se ha distorsionado el rol de las autoridades locales y los cargos de alcaldes, regidores y directivos municipales se han convertido en botín político de lucro personal con todos los vicios de corrupción.

El país ganaría mucho si se reestructuran las jurisdicciones municipales eliminando aquellas que no se justifican, o fusionándolas en un nuevo diseño de ordenamiento administrativo nacional sobre una base ecológica de desarrollo económico social. Hemos tenido la experiencia de autoridades municipales que, sin tener sueldo, han tenido una gestión meritoria, y sin los casos de corrupción que ahora tenemos.

Todos los cargos de funcionarios o empleados públicos deberán cubrirse por concurso eliminando el sistema de cargos de confianza que se presta a mucha corrupción. Hay miles de asesores de organismos públicos que sólo están de adorno, no justifican su necesidad, no asesoran a nadie pero, todos los meses perciben sueldo de favor político.

El Estado ahorraría un inmenso presupuesto eliminando este cargo de la planilla, pasando a ser las asesorías un servicio externo puntual por concurso y sólo por cada caso que realmente se justifique, ya que hay muchas seudo consultorías de favor que son estériles, improductivas e innecesarias.

Hemos visto también, en la segunda parte de este trabajo, la fisiología de la realidad de los valles en el proceso económico y cómo la conformación geográfica determina la dinámica productiva, económica y social de la población. Cada valle o cuenca hidrográfica es una unidad ecológica integrada. Es una realidad particular con sus límites naturales y su idiosincrasia peculiar.

Los valles del Chira, Sisa, Majes, Mantaro, Urubamba, Río Apurímac (VRAE), son distintos, aunque cada uno de ellos, constituyen ámbitos integrados. La ecología particular determina su economía. Cada valle es un recinto de vida, con su problemática particular, marcada por sus procesos económicos característicos de sus recursos naturales. Sus habitantes comparten la misma geografía, paisajes, trayectoria histórica, costumbres, etnia, caminos, y, sobre todo, comparten el agua.

Toda la vida del valle está engarzada al discurrir del agua desde las fuentes originarias en las alturas hasta la desembocadura del río troncal que es la columna vertebral de la cuenca. En la costa, los valles por lo general tienen una salida común para el tránsito económico social que fluye desde las alturas. La red de caminos peatonales y vehiculares conduce siempre a la ciudad del pie de cada valle o cuenca, que es el pulmón económico del mismo. También los valles interandinos tienen un circuito ineludible, como los valles o cuencas de selva, con el centro poblado que es su eje económico.

El valle o cuenca es una unidad territorial, determinada por las condiciones ecológicas naturales, que ha perdurado a través de todos los siglos y continuará en el futuro. Es una zona de vida vegetal, animal y de los seres humanos que lo pueblan. Afectar la ecología de este territorio atenta contra la vida de estos seres. Esta es la razón de la defensa cerrada que hacen los campesinos de su hábitat natural, de su ambiente de vida, de su sobrevivencia.

Por consiguiente, lo que suceda dentro el valle o cuenca, lo que afecte su patrimonio natural, su conservación ecológica y desarrollo sustentable, es de interés primordial de la sociedad de esta jurisdicción. No es justo ni apropiado que desde otros ámbitos se interfiera en su dinámica ecológica resquebrajando su integración natural.

El manejo integral de cuencas fue la base de la grandiosidad de los pueblos preincaicos y prehispánicos como ha quedado evidenciado en el rescate de los restos arqueológicos que son motivo de tanta admiración internacional.

Por lo expuesto, lo que planteo es un nuevo ordenamiento de administración territorial sobre la base de cuencas o valles geográficos, pudiéndose estudiar y determinar un ordenamiento regional ecológico agrupando valles o cuencas afines. Tendríamos así un nuevo mapa político, más coherente con nuestra realidad y con nuestros objetivos nacionales.

Cada valle o cuenca debe tener un centro de gobierno que es el que velará por la prosperidad económica de esa jurisdicción en su conjunto y por su desarrollo, en todos los aspectos. Cuando hay prosperidad en el valle todos los que viven de este territorio prosperan, pero todos pierden cuando el valle entra en decadencia. Ello se debe a que la unidad geográfica está integrada totalmente.

Por consiguiente, este no es un asunto que compete sólo a los agricultores, sino a todos los agentes económicos que se nutren económicamente de ese valle, como son los transportistas, comerciantes, fabricantes, proveedores de maquinaria, equipos e insumos, proveedores de servicios, agentes financieros, inversionistas, etc.

Los gobiernos de valle o cuenca deben funcionar en cierto modo como pequeños estados confederados que establecen y gestionan los flujos económicos de sus desarrollos, con facultades apropiadas para organizar sus planes y procesos, teniendo en cuenta que muchos agentes económicos provienen de inversionistas foráneos, los mismos que extraen la riqueza del valle y no dejan ninguna compensación por ello.

El gobierno de cuenca hidrográfica o valle debe ser elegido por la sociedad de la misma jurisdicción, dentro de un régimen equitativo de representación. Las autoridades no deberán ser nombradas desde la capital regional ni menos de la capital nacional.

Por ser los valles de distinta dimensión y potencialidad económica, deberá implantarse un mecanismo equitativo a través del cual los valles menos favorecidos tengan un mayor apoyo del gobierno nacional que compense el desequilibrio.

Como es deducible, esta reforma puede hacerse incluso dentro del sistema vigente si existiera la actitud decidida de la sociedad de los valles y la voluntad política del gobierno nacional, tomándose las medidas apropiadas que fueran necesarias.

  1. EL NUEVO SISTEMA DE ACUMULACIÓN ENDÓGENA

Es preciso revertir progresivamente el tradicional sistema de acumulación erigido sobre relaciones de intercambio sin equidad. Los gobiernos de valle o cuenca deben estar en condiciones de negociar con los inversionistas foráneos el canon, o compensaciones monetarias y no monetarias de equidad, que beneficien el desarrollo del valle.

Plantas de procesamiento de productos ganaderos, agrícolas, forestales, materia prima con valor agregado, cubrir progresivamente los eslabones de la cadena de abastecimiento con capitales propios, pueden ser metas a lograr para ir generando condiciones de desarrollo local. Las nuevas generaciones jóvenes del valle ya no tendrán que emigrar si hay oportunidades de desarrollo personal en su localidad.

Actualmente los valles son tierra de nadie porque sus pobladores carecen de poder. No hay autoridad de valle que pueda defender los intereses de esta jurisdicción y aprovechando esta situación la inversión extranjera ha puesto los ojos en estos territorios para saquear su riqueza libremente. Los holdings de supermercados ya hicieron planes y están estableciendo sus módulos de captación de dinero en las ciudades principales de cada valle sin que la sociedad respectiva esté enterada de nada.

El inversionista foráneo sólo ve la oportunidad del negocio, y allí invierte mientras dure el apogeo del mismo. Si la rentabilidad del negocio ya no cumple sus expectativas, deja todo y se va a otra parte donde su negocio arroje mejores dividendos. El inversionista no está por amor al valle ni al terruño, sino por amor a la rentabilidad. No le interesa el desarrollo ni el futuro local salvo que este desarrollo lo beneficie.

Traer inversiones al valle es beneficioso pero debe hacerse de manera equitativa. No a costa de depredarlo sin compensación alguna. Se debe negociar en términos razonables para beneficio de ambas partes.

[…]

Podríamos continuar con mayor argumentación pero corto aquí por ahora para no extenderme demasiado.

Noviembre 2014

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