DE LOS NARCO INDULTOS A LOS INDULTOS TRIBUTARIOS Y AMBIENTALES

Escribe: Milciades Ruiz

Ante la crisis de los países poderosos que viene causando la desaceleración de nuestra economía reduciendo la inversión/ producción (PBI)/exportación, el gobierno aduce que es necesario estimular la inversión a fin de reimpulsar el crecimiento económico a los niveles proyectados. Para tal efecto, se ha propuesto otorgar una serie de beneficios a los grandes inversionistas en desmedro del país pero como estas medidas no son legales solicita al Congreso facilitar las ilegalidades.

Por lo pronto, ha allanado el camino a las empresas depredadoras de nuestros recursos naturales eliminando las vallas protectoras de nuestra ecología dando luz verde a muchas infracciones contaminadoras del hábitat de los peruanos, de la flora y fauna, atentando contra la vida y la salud de todos los seres vivientes de las zonas de explotación minera. Todo esto después de haber declarado al 2014 “Año de la promoción de la industria responsable y compromiso climático” .

Pero también, les ha ofrecido concesiones tributarias lo que significa regalarles el dinero de todos los peruanos para que dichos inversionistas arreglen nuestra economía. Esta lógica ha sido muy cuestionada por los especialistas porque los supuestos encierran falacias y el país puede salir perjudicado otorgando beneficios sin garantías compensatorias para que al final de cuentas los resultados sean negativos como ya ha sucedido anteriormente.

La razón es muy simple: Si las causas del bajón económico peruano provienen de la crisis de los países dominantes, escapa a nuestro manejo resolver este asunto con medidas internas. El mayor desbarajuste presupuestal se debe a la menor compra de minerales de parte de dichos países afectados por la recesión. Por consiguiente, mientras persista este problema allá, seguiremos afectados por ser país dependiente de terceros.

Sin embargo, el gobierno siguiendo su terca política de privilegiar el extractivismo de riqueza no renovable, cree que todo se resuelve con las grandes inversiones y que no hay otra opción que recurrir a nuestros depredadores, descartando sectores tan importantes como el agro que es el mayor generador de empleo masivo y de pronta recuperación de capitales acumulables. A los que poseen el poder solo les importa lo que digan los saqueadores a los cuales debemos adorarles para que no se vayan.

Pero todos sabemos que, quienes cometen fraude en perjuicio del Estado, son delincuentes. Pero el fraude no es contra el Estado sino contra el pueblo que es el aportante y dueño de los fondos del Estado. Estos fondos son administrados por un ejecutivo que es el Presidente de la República a quien el pueblo le ha encargado temporalmente la responsabilidad el manejo honrado de las cuentas nacionales.

Ahora resulta que el delito de evasión tributaria es promovido por dicho ejecutivo que ha propuesto al Congreso de la República legalizar el fraude, en favor de los grandes inversionistas deudores. Así, mientras el gobierno se perfila como pro delincuencial, por el contrario los contribuyentes honrados y puntuales ven en este hecho una gran injusticia. Se condona la deuda al moroso y se desalienta al cumplido. Al pequeño contribuyente se le cierra el negocio en este caso pero al grande se le premia.

Y no es la primera vez que los fondos fiscales son donados a defraudadores como los del Banco Latino y otros. Al parecer hemos pasado del “perro del hortelano” al “perro muerto” pero siempre en beneficio de los amos. El paquete de dádivas no es para nuevas inversiones sino para premiar a los infractores que se pasan de la luz roja. Al policía que recibe cinco soles se le destituye pero al que recibe millones no le pasa nada.

Pero ¿Por qué estamos en esta situación? ¿Por qué el país está tan vulnerable? ¿Por qué nuestro presupuesto tiene esa dependencia externa?

El problema no es de ahora. Desde que el Tahuantinsuyo perdió su autonomía al ser sometido por la conquista en el siglo XVI, la población nativa quedó condicionada a vivir y trabajar solamente para enriquecer al imperio español. Por consiguiente, toda la economía nacional cambió de orientación. Se dejó de lado el desarrollo propio basado en la producción agropecuaria y todo el país fue puesto a trabajar para el envío de riquezas a un país externo.

La sierra perdió su preponderancia, la ciudad capital fue cambiada a la costa y se construyó el puerto del Callao para el envío marítimo de riquezas. El saqueo no tuvo límites: Gran parte de la población fue exterminada en los socavones. Los que se libraban de trabajar en minas tenían que pagar impuestos de diversa índole y comprar al corregidor mercadería no deseada.

Cuando el virreinato del Perú se independiza, la nueva república no tenía fondos puesto que todo se acumulaba en España. Se tuvo que recurrir al endeudamiento externo teniendo que firmar tratados a favor de los países prestamistas, otorgándoles concesiones perjudiciales para el Perú como las de ahora. Con estos tratados, nuestro país quedó enganchado a los que fingiendo ser “países amigos” se aprovecharon de nuestra precariedad.

Por consiguiente, solo hubo independencia política pero no económica. Desde entonces, el Perú quedó atrapado en el engranaje del sistema capitalista donde rige la ley del más fuerte. En este proceso, hemos llegado a la actual situación en que nuestra economía depende fundamentalmente de la depredación de nuestros recursos naturales por parte de la inversión extranjera tal como sucedió con el guano. Seguimos trabajando para el enriquecimiento de potencias extranjeras. Con las mismas riquezas que nos quitan nos oprimen.

aeMucho tiempo hemos vivido solo del guano de islas enviado al extranjero por los adorados inversionistas hasta que se acabó y volvimos a nuestra precariedad.  Tenemos todavía una inmensa riqueza bajo el suelo de valor incalculable. Mientras está allí sin que nadie la toque, esa riqueza pertenece a todos los peruanos y tenemos agua limpia, medio ambiente saludable, sanidad en alimentos, cultivos y crianzas y una ecología sostenible para la biodiversidad.

Pero tan luego se la descubre y extrae, ya esa riqueza deja de ser nuestra porque pasa a ser propiedad de los depredadores inversionistas y, el agua, ambiente, ecología, alimentos, flora, fauna, todo se contamina dañando la salud humana. Los habitantes de esa ecología pierden su hábitat y los que están fuera tampoco se libran de consumir agua y alimentos contaminados.

Todo esto porque nuestro presupuesto nacional está supeditado en gran parte a los impuestos que pagan esas compañías depredadoras extranjeras. Ellas se llevan nuestras riquezas y a nosotros nos dejan solo la carroña y daños inmensos de diversa índole.

A diferencia de otros tiempos en que el algodón, caña de azúcar, café y otros cultivos cubrían la mayor parte del presupuesto y de las exportaciones, esta dependencia ha creado la adición a la inversión extranjera. Los gobernantes se tiran al suelo ante el temor de quedarse sin ella. Y todavía los vende patria se ponen contentos cuando nos ubican entre los de menor “riesgo país”. Es decir, como los más entreguistas.

Pero también es verdad que gran parte de lo que sucede es también culpa de nosotros porque somos permisivos. Nos quejamos pero nadie sale a impedir los atropellos y un pueblo sin coraje es presa fácil para sus depredadores.

Junio 2014

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