TV BASURA: UNA GOTA DE AGUA EN EL OCÉANO

La fisiología universal nos ayuda a tener una mejor visión e interpretación de toda problemática. Si solo vemos un aspecto sin considerar los otros del conjunto nuestra apreciación será incompleta y deficiente. Si solo vemos la televisión basura desde el ángulo cultural y no en toda su integridad, entonces nuestra comprensión de la problemática será muy pobre pues no podríamos darnos cuenta de otros aspectos que son mucho más dañinos. La televisión en un sistema como el nuestro, es un instrumento de dominación.

Los programas televisivos son productos que la empresa ofrece al público y al igual que los artículos de fábrica son elaborados para ganar dinero. Muchas veces son productos extranjeros reproducidos. Entran al mercado de la oferta y demanda. En un sistema de libre mercado como el nuestro, los inversionistas procuran que no haya ninguna restricción a sus ventas. Pero el Estado tiene la obligación de interponer restricciones para proteger a la sociedad.

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Por consiguiente, se enfrentan los intereses de los inversionistas empresariales con los intereses de la sociedad. Si la autoridad se parcializa con los inversionistas en perjuicio de la sociedad entonces no aplicará restricciones, las reducirá o solo aplicará aquellas aceptadas por las empresas. A la inversa si la autoridad defiende a la sociedad aplicará todas las restricciones de protección. Entre ambos extremos puede haber concesiones relativas, pero solo hasta cierto punto.

Esta decisión es discrecional para los gobernantes. Depende del criterio de cada cual. Esto lo estamos viviendo gobierno tras gobierno. Para el actual, el motor del desarrollo es el inversionista y si hay crisis a los primeros que hay que ayudar es a los inversionistas. En mérito a este criterio se expiden los paquetes de medidas económicas en perjuicio de la población. Este fue el criterio para promulgar la ley “pulpín” ya derogada por la lucha de los jóvenes afectados.

En el caso de las empresas televisivas y en general del negocio mediático, el presidente de la república manifestó estar en contra de la televisión basura y dispuesto a participar en las marchas de protesta. La autoridad en vez de poner orden aplicando restricciones correctivas abdicó de sus atribuciones, lo cual constituye una aberración y una cobardía sumisa al poder mediático. El problema es que tiene mucho rabo de paja y de allí lo tienen agarrado.

Pero esto no es nada si vemos más allá. El poder mediático sabiendo que tiene extorsionado al primer mandatario no le perdona haberse referido reiteradamente a la “televisión basura” afectando sus intereses económicos. Para demostrar que con el poder mediático nadie se mete, viene sacando a luz una serie de pruebas acusatorias contundentes contra su esposa y el partido del gobierno, poniéndolo en una situación tan peligrosa que amenaza la culminación de su mandato.

Entonces vemos que el poder mediático está por encima de los poderes del Estado y que nada se puede hacer si no es con su consentimiento. Eso lo saben todas las autoridades. Los jueces pueden cambiar sus decisiones bajo presión mediática, cualquier líder social puede ser defenestrado implacablemente si no se lleva bien con la prensa. El poder mediático maneja congresistas, fiscales, ministros, jefes policiales y de las fuerzas armadas. La imagen de las autoridades y las instituciones dependen de la prensa.

Pero lo señalado es poca cosa si ampliamos la visión para poder ver su función como instrumento de dominación en el sistema mundial y nacional de sometimiento social. Saber cómo funciona la prensa en la estrategia de Estados Unidos para invadir países rebeldes, para derrocar gobiernos populares, para manejar y manipular la opinión mundial, ayudará mucho a comprender cómo ejerce su dominio sobre la humanidad entera. Venezuela lo sufre.

Esta estructura de dominación mundial se reproduce en cada país que se encuentre bajo la influencia de los Estados Unidos. La Sociedad Interamericana de Prensa- SIP, es el brazo subversivo con el cual este país, desestabiliza y conspira contra los gobiernos latinoamericanos que se le rebelan. A esta red pertenece la Sociedad Peruana de Radio y Televisión.

Por ello, la supervivencia de un gobierno nacional depende mucho de su relación con la prensa. El poder de la prensa en un proceso electoral puede ser determinante. Entonces, no es solo la basura televisiva lo que nos afecta, hay otros aspectos mucho más dañinos sobre los cuales no se dice nada.

En mi libro: “Trazos para una República Equitativa”, en la Primera Sección: Los Poderes Hipnóticos he desarrollado esta temática con mayor fundamento, incluyendo precisiones científicas sobre la nocividad del poder mediático. Por lo que solamente señalaré lo siguiente:

Las empresas periodísticas son formadoras de opinión pública, debido a que la información que propalan es tomada por la población para elaborar sus conceptos y alimentar actitudes. Han desarrollado tecnologías de impacto psicosocial aplicando métodos subliminales imperceptibles para los usuarios. Cada noticia comentada predispone anímicamente al usuario, generando automáticamente una opinión a favor o en contra. De esta manera, el modo de pensar de la población se va estructurando sobre la base de esta influencia.

Posesionados de esta función social, las empresas propietarias de los medios de comunicación están en capacidad de generar euforia desenfrenada, histeria colectiva, rechazo erróneo, violencia, movilizaciones políticas y muchos otros comportamientos calculados.

Una noticia transmitida como telenovela puede hacer llorar, una noticia dramatizada conmueve y un triunfo relevante produce euforia. Trafican a diario con las emociones colectivas actuando sobre el cerebro de los usuarios. En ello reside su poder.

Como sabemos, una simple imagen puede desatar procesos biológicos, metabólicos y mentales automáticos. Una impresión emotiva puede causar llanto, nerviosismo, paro cardiaco, derrame cerebral, diarreas, gastritis, trastorno hormonal, y hasta muerte súbita.

Una noticia sensacionalista puede ocasionar enfado, tristeza, indignación y desbordes paranoicos cuando las personas son impactadas con imágenes y comentarios de crueldad, de pasión religiosa, sexualidad, criminalidad, etc.

Las personas expuestas al impacto periodístico no reaccionan de idéntico modo en razón de que entre ellas existe gran diversidad neurológica pero los medios de comunicación emiten por igual información con efecto simultáneo expansivo, afectando de manera masiva a millones de personas y muchas veces lo hacen con espectacular morbosidad.

Nuestro cuerpo, nuestra mente, interactúan neurofisiológicamente. Por eso, no vemos la realidad tal como es, sino como las empresas mediáticas desean que la veamos. Hasta nos hacen cambiar de opinión si ese es su propósito predeterminado.

Todas estas armas de sugestión masiva están en manos de las empresas propietarias de los medios de comunicación, y la sociedad no tiene protección frente a esos ataques. Ellas pueden traficar con productos fraudulentos sin tener que pasar por control de calidad. Todos los poderes del Estado y todos los negocios pueden ser fiscalizados, pero no la empresa periodística.

En el siglo pasado, la central de inteligencia de Estados Unidos CIA, utilizó el rumor prefabricado para generar desconcierto en la población y discordia entre los dirigentes de la Revolución Cubana. La misma técnica se utilizó contra el gobierno del General Juan Velasco Alvarado. Los rumores periodísticos eran muy seguidos para preparar el terreno de su derrocamiento.

En el funesto régimen de la década de 1990, el gobierno dictatorial de entonces utilizaba a las empresas mediáticas para sus campañas psicosociales de manipulación colectiva. Ellas cometieron innumerables delitos contra la fe pública, y a pesar de ello estas empresas han continuado en posesión de los medios de prensa.

Ahora las empresas propietarias de los medios de comunicación han globalizado su poderío y se han oligarquizado copando los medios de difusión, incluyendo los de Internet, y montando grandes consorcios o bloques de poder mediático con capacidad de aplastar como cucarachas a cualquier amenaza.

En cierto modo, ellas han latifundizado nuestros recursos naturales atmosféricos y son más contaminantes que cualquier actividad terrenal, porque actúan directamente sobre nuestros cerebros, todos los días. Los niños son los más afectados. Sin embargo, no hay ninguna sanción para esta grave contaminación.

El oligopolio de cadenas informativas nos infunde la misma sugestión sea cual fuere el tipo de prensa que escojamos, porque en cualquier punto en que nos encontremos tropezaremos con la misma versión de los hechos emanadas de los oligopolios de prensa. No es casualidad que los gobiernos de carácter popular tengan siempre problemas con estas corporaciones empresariales que actúan detrás del periodismo sin que la población se percate.

Estos conglomerados empresariales se revisten de una aureola sacrosanta atribuyéndose una naturaleza divina intocable. Utilizan como bandera la “libertad de expresión”, “libertad de opinión”, “libertad de prensa”, etc., pero al interior de estas empresas no existe tal libertad. Por el contrario, estas empresas aplican métodos totalitarios en sus relaciones con sus periodistas. A veces abiertamente, y en otras, guardando las apariencias. Usan el “divino periodismo” según su conveniencia.

El periodista ni siquiera puede expresarse libremente ni discrepar de la línea política de la empresa mediática para la cual trabaja, porque termina despedido y sin empleo. Salvo que se trate de periodistas políticamente identificados con el pensamiento de los dueños de la empresa, en cuyo caso tendrá todo el apoyo de esta, como fiel guardián de sus intereses.

El periodista dependiente es un profesional al servicio de la empresa. Estos pueden capturar información de mucho valor periodístico pero no están en capacidad de decidir lo que se publica, ni la manera de presentar la noticia. Y si ese material no le conviene a la empresa, será descartado. Existe una infinidad de casos de trabajos no publicados por haber sido vetados políticamente.

El poder mediático puede hacer caer a un líder en las encuestas, o puede encumbrarlo si es de su conveniencia. Puede traerse abajo a un ministro, a un alcalde, a un magistrado, y sepultar políticamente a personalidades públicas. Pero también, por encargo mercenario y sicariato, puede hacer caer, con artimañas, a un presidente nacional, a un parlamentario y a cualquier figura política. Por ello, los políticos le temen a los periodistas y a las empresas mediáticas, y prefieren llevarse bien con ellas, dejándose manipular.

No es el periodismo el que ejerce el poder mediático. Son las empresas periodísticas. El periodista, es usado solo como mano de obra.

La comunidad social tiene el derecho de establecer las normas más apropiadas para su protección mental. La comunidad peruana es la dueña de los recursos naturales del país, de su espacio aéreo y de sus recursos atmosféricos. Por lo tanto, a ella le corresponde establecer las condiciones de su explotación a las empresas mediáticas, usuarias o concesionarias que acceden a dichos recursos.

Si a las empresas que explotan nuestros recursos naturales del subsuelo se les exige una serie de estudios, incluyendo los de impacto ambiental, impacto social, evaluación de riesgos y otros requisitos antes de empezar a operar, ¿por qué no aplicar similares restricciones a las empresas mediáticas que explotan nuestros recursos atmosféricos?

Al igual que las primeras que son sancionadas drásticamente cuando ocasionan daños a la salud de los pobladores, las segundas deberían también ser sancionadas por los daños que ocasionan a la salud mental y física de los pobladores, con sus materiales alienantes, denigrantes y morbosos traficando con el sensacionalismo sexual, criminal y otros hechos de sangre.

Por lo menos establecer el control de calidad con multas y sanciones, para garantizar que las empresas de medios de comunicación impresa, telefónica, radial, televisiva, Internet y demás, no afecten la salud mental, ni física de la población peruana. La producción informativa de estas empresas no debe causar daño ni estimular conductas nocivas que ocasionen males sociales.

La propuesta es crear una autoridad mediática independiente de la administración estatal facultada para resolver las situaciones que se presenten en el acontecer de esta problemática. Esta autoridad emanada directamente de la sociedad civil, sin injerencia gubernamental y con la representación de los involucrados, empresariado mediático, periodismo, instituciones culturales y de salud mental, puede constituirse para tal efecto como instancia reconocida como autoridad autónoma en cada localidad.

Marzo 2015

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