FORZOSO ATERRIZAJE ELECTORAL

Escribe: Milciades Ruiz

Estando próximas las elecciones para un cambio de gobierno en el 2016, la dinámica política se irá acelerando hasta alcanzar su punto de ebullición y definición. Pasada la marea electoral, las aguas recuperarán su nivel y no se sabe lo que nos espera tras los resultados, aunque parece que el neoliberalismo continuará gobernando con ropaje distinto. De 1931 al 2011 se presentaron 121 candidatos a la presidencia. 99 fueron de la costa incluyendo Lima con 61. De la sierra fueron 22 y ninguno de la selva.

En el territorio peruano habitan cerca de 31 millones de habitantes de los cuales poco más de la mitad vive en la costa (17 031 500) que es la región natural más pequeña. La sierra ocupa más del doble en superficie que la costa pero la habitan solo 9 471 600 en tanto que la selva cubriendo cerca de la mitad del territorio nacional es habitada solamente por 4 311 200 peruanos. El Departamento de Lima con 9 689,000 de habitantes tiene más población que la sierra y más del doble que la selva.

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En el debate nacional hay mucha indiferencia frente a esta macrocefalia y deformidad del desarrollo nacional. Nada detiene este proceso y la monstruosidad sigue degenerando nuestro país siendo la delincuencia lo más notorio. Pero esta temática no será parte de la campaña electoral porque lo que importa son los votos y los mensajes que se lanzarán de carnada a la población objetivo. A la “clase política” no le interesa revertir el proceso migratorio. Al fin de cuentas si el país se hunde, ella tiene todo listo para irse a vivir en el extranjero.

Lo que cuenta para los partidos electoreros es dónde está el cardumen de electores para lanzar sus redes. La tercera parte del electorado está en Lima pero la masa no está en los barrios aristocráticos sino en la periferia donde abundan los necesitados, las mypes, ambulantes y desempleados. Solo es cuestión de disfrazarse con la ropa apropiada y regalarles unos politos con la propaganda del partido. Atracan con cualquier promesa económica.

El padrón electoral para las Elecciones Generales 2011 era de 19 millones 949 mil 093 electores (21 millones 301,881 electores en el 2014). La tercera parte del electorado estaba en el departamento de Lima con 6 millones 608 mil 114 electores. La Libertad con 1 millón 115 mil 648 electores y en tercer lugar el departamento de Piura con 1 millón 106 mil 918 electores. Eso indica que la población objetivo está en los suburbios de ciudades como Lima, Trujillo, Piura, Chimbote, Ica, Arequipa. El 60% del electorado está en la costa. Esta es la base de los cálculos para la campaña.

¿Qué le puede ofrecer la “clase política” a los barrios marginales de Lima y de las ciudades de la costa que son los que más interesa a los candidatos vendedores de ilusiones? Aquí no vale el diagnóstico nacional ni los cambios estructurales que necesita el país. Solo hay que hacer el estudio de mercado político, preparar el marketing electoral y trabajarlos al susto para que no voten por la izquierda.

A pesar de todo, las fuerzas populares que accedan a la prensa tendrán por lo menos la oportunidad de expresarse como alternativa viable, haciendo la diferencia que las distinga de las fuerzas conservadoras. Es una manera de sembrar para cosechar un crecimiento político de mayor capacidad. Todo dependerá de la inteligencia en el manejo de las oportunidades. Convertir una desventaja en palanca de triunfo sorpresivo tiene un valor estratégico.

Sin embargo, las actuales circunstancias no son propicias para un triunfo electoral de la izquierda ni aún aliados con fuerzas afines en frentes electorales unitarios. El problema sigue siendo la dispersión. Actuando por separado y no como bloque, los grupos de izquierda quedan anulados sin poder de negociación a la hora de las definiciones. Tienen las bases orgánicas y los votos pero no la formalidad ni el dinero que es requisito indispensable para competir en el actual régimen electoral.

En estas condiciones, los papeles se invierten en cualquier frente unitario pues los aliados pasan a ser los principales y los grupos de izquierda se convierten en simples acompañantes descartables, tal como sucedió en las elecciones del 2011. Lo mismo se vio en las últimas elecciones sub nacionales como también, parece ser la tendencia para las próximas elecciones. No teniendo inscripción legal las agrupaciones de izquierda están fuera de juego quedando supeditados a las imposiciones de quienes se adueñan del frente unitario por tener legalidad.

De este modo, el costo de ampliar la capacidad eleccionaria invitando a presuntos “progresistas”, podría resultar muy caro en comparación con los beneficios. Si los invitados toman el dominio de las alianzas al “tener la sartén por el mango” entonces los izquierdistas aunque tengan la masa quedan en posición desventajosa hasta perder protagonismo ideológico y presencial.

Por consiguiente, serán los aliados invitados quienes ocupen la mesa directiva, los que redactarán la plataforma, pronunciamientos y plan de gobierno. Estos, reservarán para sí los mejores puestos de la lista de candidatos y probablemente serán los que resulten elegidos con los votos de la masa izquierdista que no ganará nada. Otra vez: “Nadie sabe para quién trabaja”.

Ya podemos advertir en algunos documentos redactados por los “progresistas” de algunos frentes, un lenguaje con ambigüedades que muy poco se diferencian de lo que plantean los partidos conservadores. Hagan la comparación de propuestas y verán la similitud. No hay una clara diferencia que haga ver a nuestro pueblo que los socialistas son muy distintos no solo en el enfoque político, en los mensajes sino también en el lenguaje político.

La alternativa entonces es conformar primero un frente de izquierda neta, pues teniendo en común la ideología, las agrupaciones se pueden integrar sobre la base de un programa mínimo. Consolidado este bloque, ya se puede ampliar el abanico electoral invitando a otras fuerzas afines que se adhieran aceptando el programa que ya existe. Sería una manera de asegurar que no haya tergiversaciones posteriores.

Pero la razón de ser de la izquierda no se reduce a la simple participación en un proceso electoral que sabemos es fraudulento y cuya modificación es bandera de lucha. Esa participación no es el objetivo ideológico ni es la única vía. Solo es una finalidad que responde a la pregunta ¿Para qué? Por consiguiente, si se ha de participar será por razones estratégicas y no porque estemos esperanzados a un milagro. La principal tarea de la izquierda en las actuales circunstancias es construir el poder popular.

Si no estamos en condiciones de obtener una victoria contundente, por lo menos podemos aprovechar la ocasión para aglutinar fuerzas, hacer trabajo político y fortalecer nuestras filas. Estando en situación desventajosa, quizá lo más conveniente sería tener como candidatos prioritariamente a los más representativos y no a los más charlatanes que por lo general no tienen representación sectorial. No siempre los más intelectuales son los que tienen mayor ascendencia en la población. Entonces un buen resultado no será haber obtenido un par de curules que servirán para muy poco sino, cuánto hemos crecido como fuerza política sin perder identidad. El trabajo tampoco termina allí, porque esta participación es solo una de las tareas y no la única.

Bajo cualquier circunstancia, la izquierda debe mantenerse firme sin perder su identidad socialista por más fuertes que sean las adversidades. Si por esta causa quedan de lado será preferible perder dignamente que desaparecer del mapa político yendo bajo el membrete de los “progresistas” solo por conveniencia electorera. El centro izquierda solo existe en el lenguaje de los vendedores de cebo de culebra. “Más vale solos que mal acompañados”.

El momento más crucial de los frentes o alianzas es el de la repartija. La tensión podría atenuarse si hay desprendimiento con la opción de priorizar cupos para representantes sectoriales: dirigentes sociales, agrarios, pesqueros, sindicales industriales, mineros, mypes, etc.  No olvidemos que los frentes electorales son solo circunstanciales y las oscuras golondrinas electoreras se irán al final de la temporada. Solo quedarán los que honestamente anhelan construir el poder popular.

Claro que lo dicho líneas arriba es cuestionable y admito que puedo estar equivocado. Es muy fácil hablar, pero otra cosa es vivir el problema. En todo caso, sería bueno recibir mejores apreciaciones que nos ayuden a optimizar resultados en beneficio de la causa popular que es mucho más que la misma izquierda.

Marzo 2015

Otra información en https://republicaequitativa.wordpress.com/

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