LA ENCRUCIJADA SOCIALISTA ACTUAL

Escribe: Milciades Ruiz

Entre los seres vivos solo el humano ha desarrollado la capacidad de reflexión que lo induce al mejoramiento personal y en sociedad. La humanidad ha evolucionado haciendo uso de esa capacidad de reflexión que ha estimulado su accionar a través del tiempo. En esta evolución, lo individual se ha superpuesto a lo comunitario y ha predominado históricamente. Este predominio ha tomado diversas formas por el conflicto de intereses opuestos pero no se ha podido revertir por una cuestión de poder de dominio.

Sin título5El individualismo ha llegado a una etapa de desarrollo bajo la forma de dominación capitalista y volver a una sociedad en la que predomine  lo comunitario sobre el individualismo es la esencia del comunismo. Luchar contra la desigualdad social y construir una nueva sociedad sin explotados ni explotadores resume políticamente este ideal.

En la perspectiva de cómo lograr este ideal surgieron diversas doctrinas consideradas desde entonces como corrientes socialistas.  En términos generales, teniendo el individualismo el control sobre la comunidad dominada, el objetivo básico de los  socialistas  ha sido siempre la conquista del poder político como prerrequisito para cambiar el sistema y reemplazarlo por otro que conduzca al establecimiento de la anhelada sociedad comunitaria compatible con las aspiraciones y cualidades individuales.

A través del tiempo, la capacidad de dominio individualista ha venido cerrando todos los escapes para evitar el cambio revolucionario hacia lo colectivo. Hoy ese poder se ha globalizado y concentrado, configurando una estructura mundial de dominación muy compleja. Contra este orden mundial es que los socialistas luchan en todo el planeta, buscando derribar las ataduras de la dominación individualista.  Es una lucha entre los revolucionarios y los conservadores que se desarrolla en los ámbitos internacional, nacional y local.

No se trata de propugnar un totalitarismo comunitario sino de una racionalidad social en la que los intereses sociales predominen sobre los interese individuales o de grupo, pero sin coactar las libertades y aspiraciones legítimas de las personas en un proceso de adaptación progresiva hacia la optimización de una democracia socialista con justicia social. Tampoco se pretende hacerlo de la noche a la mañana pues es un proceso lleno de dificultades, pero teniendo el poder se puede avanzar suprimiendo muchos sufrimientos sociales ocasionados por el sistema actual.

En nuestro país, figuradamente, se estila decir que los socialistas son de izquierda en contraposición con los que propugnan la predominancia del individualismo a los cuales se considera que son de derecha. Al margen del origen anecdótico de esta dicotomía, estos adjetivos son los de mayor uso político con lo cual se quita protagonismo a la verdadera naturaleza de ambas fuerzas ideológicas. Se ocultan palabras y conceptos.

Hago esta explicación tan simplista por razones didácticas de docencia política pensando en los que más necesitan esta aclaración y no, en los que ya lo saben mejor que yo. Esto se justifica por cuanto suele utilizarse tramposamente los términos “centro izquierda” y, “centro derecha” en los que se amparan ciertos políticos para engañar al electorado. Pero estas figuras no existen porque ambas ideología son excluyentes y por lo tanto, no hay hermafroditas ideológicos como ciertos políticos zamarros pretenden hacerse pasar.

Sea como fuere, lo que nos diferencia de la derecha es que los socialistas somos antisistema pues no estamos de acuerdo con el vigente sistema de opresión social que ha configurado un orden mundial individualista, injusto, arbitrario cuyos productos resultantes  son necesariamente riqueza y pobreza extremas. Si estos males son resultados natos del sistema no hay manera de eliminarlos sino cambiando el sistema que lo genera.

Para muchos es más cómodo decir que son izquierdistas evitando decir que son socialistas por el temor a ser mal interpretados. Es un trauma que arrastramos desde la década de 1990 en que el terrorismo de Estado acabó con miles de vidas de peruanos tan solo por simple sospecha sin ninguna consideración de inocencia. Aún al 2015 persiste la espada de Damocles implantada por la dictadura de entonces, con el írrito concepto jurídico de “apología del terrorismo” pero que es mantenido por la actual seudo democracia para coactar la libre expresión popular.

Hay todavía mucha timidez por la intolerancia mediática y la recuperación de nuestra identidad tropieza con la criminalización de la protesta ciudadana que persiste  y se agudiza a medida que el gobierno encuentra resistencia popular que no puede doblegar ni con las balas. Pero este proceso se está masificando a tal punto que se recurre al ejército y a medidas excepcionales para contener la creciente protesta popular. Si esta tendencia se acrecienta  se pueden crear condiciones para la insurgencia popular que es otra alternativa ante el bloqueo electoral.

Fenómenos sociales como este, suelen presentarse ocasionalmente y la unidad de las fuerzas populares surge por si sola como sucedió en la marcha de los cuatro suyos en que los socialistas, no estuvimos en condiciones de aprovechar para tomar el poder, dejando que fuesen otros los que sacaran provecho de ello, diluyéndose el ánimo popular que volvió a la dispersión de fuerzas. ¿Estamos preparados ahora para una posible insurgencia popular?

La unidad de la izquierda cobra interés solo por motivos electorales sometiéndonos a las reglas de la dominación  y se gestan los frentes unitarios bajo la sombra de personalidades catalogadas como “progresistas” reconociendo las organizaciones de izquierda su pobreza económica y política. Pero esto se hace solo en las esferas de los partidos y agrupaciones desvinculadas de las masas, lo cual difiere del sentir de las organizaciones populares que cuestionan el entreguismo de maleados dirigentes vitalicios. El pueblo oprimido es de izquierda por naturaleza pero en su gran mayoría no se siente representado por los actuales líderes y partidos políticos de izquierda.

¿Tenemos la necesidad de ser furgón de cola de personalidades progresistas? ¿Es que los progresistas tienen mayor masa que las organizaciones de izquierda? Las personalidades progresistas son solo eso. Vienen solos y sin masa. Entonces, la figura no es que la izquierda busque la unidad para ponerla al servicio de progresistas venidos del lado contrario. Si nos ofrecen ayuda en buena hora pero no podemos entregarles el timón de mando. Bienvenido el apoyo de los no socialistas que se identifican con nuestras demandas pero no a costa de perder nuestra identidad.

Es cierto que siendo mayoría estamos desorganizados y dispersos pero aun así, a la hora de votar nos alineamos con lo nuestro y si se cometió el error de votar por terceros inducidos por los líderes de nuestro propio campo no debemos repetirlo. Esta experiencia la estamos pagando caro. Si no tenemos confianza en nosotros mismos, si no tenemos la fuerza de convicción ideológica, si no rompemos los temores, será imposible que la izquierda resurja por sus propios medios.

Pero ¿qué es la izquierda política en las actuales condiciones de nuestro país? Una pequeñez desprestigiada carente de arraigo popular. La izquierda política es diferente a la izquierda popular que es la que pone el pecho en las luchas, marchas, paros y rebeliones. Solo una revolución en nuestras propias filas nos permitirá efectuar la poda que se necesita hacer en la izquierda a fin de que los rebrotes surjan con la frondosidad popular que se requiere para la necesaria renovación de cuadros con los cuales podamos construir un poder popular sostenible con capacidad de acceso al poder.

En esta perspectiva, perder las elecciones por ahora sería lo de menos pero, es mejor hacerlo con lo nuestro, con nuestra identidad y autenticidad antes que perder bajo la sombra de terceros por más progresistas que sean. Después de todo, los frentes unitarios solo son precarios, frágiles y transitorios. Lo que perdura es nuestra identidad ideológica. Solo así podremos evaluar el rendimiento político, eficiencia, eficacia y productividad política de nuestro accionar y no por el accionar de terceros.

No hay que desalentarse si no se logra un frente unitario de resonancia lectoral. No por ello vamos a endosar votos al mal menor de las derechas porque la experiencia nos dice que es una mala alternativa. Preferible viciar el voto antes que tener que lamentarse después. No echemos la culpa a otros para ocultar la nuestra. Los procesos sociales se desarrollan de manera natural de acuerdo a las circunstancias históricas y las tendencias están a nuestro favor. El momento llegará y debemos prepararnos para sumir el rol que nos corresponda. No hay mal que por bien no venga y un gobierno de extrema derecha quizá nos facilite el camino al poder más pronto de lo que pensamos.

Admito que puedo estar equivocado en mi polémica apreciación porque todos cometemos errores pero si por lo menos lo dicho suscitara una reflexión, entonces valió la pena plantearlo.

Junio 2015

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