LA LUCHA ELECTORAL POR EL CAMBIO ESTRUCTURAL

Escribe: Milciades Ruiz

El sistema de dominación imperante en la etapa histórica que vivimos nos condiciona en todos los aspectos. No podemos libremente elegir nuestro desarrollo sin tener en cuenta las condiciones que nos impone el sistema globalizado y en tanto no cambien dichas condiciones tenemos que plantearnos objetivos y metas factibles, a pesar de nuestras ilusiones. Desde nuestra perspectiva socialista, encaminar a nuestro país bajo condiciones adversas nos plantea la necesidad de entender el desarrollo mundial.

Si no tenemos conocimiento de la evolución mundial estaremos desorientados sin saber por dónde ir en nuestra lucha contra el sistema opresor. Nuestra estrategia no tendría sustento y lo que hagamos podría fortalecer contradictoriamente al sistema que queremos eliminar. Nuestros errores son capitalizados por nuestros adversarios para desprestigiar nuestra opción y son utilizados para demostrar la ineptitud de la izquierda como opción de gobierno.

Experiencias recientes en Grecia y Latinoamérica nos advierten que de nada sirve nuestra verborrea política cuando tenemos que asumir el mandato nacional y resolver el entrampamiento de la patria en la telaraña jurídica internacional y los compromisos económicos tramposos que nos deja la corruptela de los vendepatria. Politiqueros sobran entre nuestras filas con sus manidos cánticos dogmáticos pero a la hora de encarar una situación adversa necesitamos de los expertos socialistas en cada ramo especializado.

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El Perú tiene básicamente tres columnas de negocios sobre los que sustenta su estructura económica: Los negocios extractivos (20%), los de transformación (20%) y los de servicios (60%). Sobre estos tres pilares descansa el andamiaje de negocios en cada sector socioeconómico cuyos rendimientos y aportes al PBI, son aproximadamente los que se señalan a continuación:

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Entre los servicios se incluyen: Transporte, almacenamiento; correo y mensajería; Alojamiento y restaurantes; Telecomunicaciones y servicios de información; Servicios financieros, seguros y pensiones; Servicios prestados a empresas; Administración pública y defensa; y, demás servicios menores.

Como se puede apreciar nuestro país produce más servicios que bienes materiales debido al bajo desarrollo nacional. Es más lo que importamos que, lo que producimos. No fabricamos equipos de comunicación para telefonía fija y móvil pero todos usamos el servicio telefónico, no fabricamos computadoras pero si las comercializamos trayendo todo de afuera, no fabricamos vehículos pero si tomamos este servicio diariamente, tenemos puertos y aeropuertos pero ni siquiera administramos lo nuestro, etc.

De esta estructura productiva parten todos los males que afronta nuestro país involucrando a todos sus pobladores hasta los últimos rincones del territorio. La pobreza y desnutrición, las desigualdades económicas, políticas y culturales, atraso tecnológico y hasta la proliferación de la delincuencia tiene su origen en la estructura descrita cuya profundidad no la vemos y nuestras apreciaciones parten solo de la parte superficial.

En esta estructura, los negocios sectoriales tienen diverso rendimiento y no guardan proporción con la magnitud de cada sector. Un pequeño sector puede tener un alto rendimiento económico para terceros pero una ridícula cobertura de empleo para los peruanos. Lo que buscamos desde nuestra perspectiva socialista es que todos tengan trabajo e ingresos. Nunca se ha hecho una evaluación sobre el rendimiento sectorial, sus capacidades instaladas en uso, sus potencialidades y su gravitación en la solución del empleo. Eso no conviene a quienes viven a costa de nuestra caótica estructura productiva.

En cada uno de estos rubros sectoriales hay negocios específicos de alta y baja rentabilidad. Los negocios más lucrativos están en manos de una oligarquía económica financiera nacional y de corporaciones extranjeras. Todo lo que no es rentable es para el Estado y los peruanos insolventes. Las corporaciones extranjeras se han apropiado de los mejores negocios distorsionando la imagen de nuestro PBI porque lo que producen no es nuestro y la riqueza extraída es remitida fuera de nuestro país para fortalecer a nuestros depredadores.

Cadenas de comida chatarra, cadenas de farmacias y servicios de salud, cadenas de almacenes (retail o ventas al detalle), cadenas financieras, cadenas hoteleras, etc. Todos los días se come pollo industrial producido con maíz transgénico importado y elaboramos pan con trigo importado, masivamente consumimos aceite de soya transgénica importada totalmente como otros productos transgénicos prohibidos para producir pero no para consumir. Ni siquiera podemos producir algodón genéticamente modificado con lo cual se favorece el ingreso masivo de algodón transgénico extranjero, en forma de hilados, textiles, confecciones, etc.

En el sector agrícola, los mejores negocios están en manos de consorcios chilenos, españoles, colombianos, y otros, que se han adueñado de alguna parte de nuestro territorio en obras de irrigación estatal para sacar provecho de las franquicias otorgadas por los vendepatria obteniendo gran rentabilidad en agro exportación. En pesca, cinco empresas controlan el 78% de la producción de harina de pescado. El 51,7% de la producción de petróleo está en manos de empresas extranjeras, principalmente chinas.

El sector minería está en manos de pocas empresas extranjeras principalmente chinas. En el ramo electricidad también están las empresas extranjeras preponderantemente como lo están también en la construcción privada y obras públicas. Casos de corrupción en la entrega de grandes obras públicas las tenemos en la empresa brasileña Odebrecht y otros consorcios españoles, chilenos, etc. Ni que decir en el rubro farmacéutico y servicios de salud donde la inversión extranjera ha crecido considerablemente. En el comercio interno de grandes almacenes están los capitales chilenos y así, podríamos seguir nombrando la apropiación de los negocios más lucrativos en telefonía, financieras, AFP, etc.

Si en siglo XVI fueron los conquistadores españoles los que se apropiaron del Tahuantinsuyo, ahora son los conquistadores de la inversión extranjera los que se vienen apropiando de nuestro mercado y de nuestras riquezas en complicidad con los “Felipillos” políticos arraigado en el poder. Esta es la estructura económica que la derecha defiende y quiere conservar sin aceptar cambios. Este es el flanco débil de la argumentación derechista sobre el que tenemos que apuntar.

Esta descripción desagregada de la estructura económica nacional es la que necesitamos conocer y analizar en la izquierda. Nuestros líderes tienen que salir de la monotonía de utilizar el neoliberalismo como “Muro de los lamentos”. Tenemos que precisar aspectos para dar contundencia a nuestros planteamientos. En la contienda electoral, si nuestros candidatos no manejan la parte estructural sus planteamientos serán intrascendentes otorgando ventajas a los adversarios.

En la lógica natural, lo mejor de los negocios que tenemos debería estar reservado para los de casa, pero en la lógica de los vendepatria lo mejor es para los extranjeros y lo que queda de descarte, es para la casa. Todo lo que es de primera calidad es para nuestros depredadores y lo de tercera es para nuestro consumo. Nos hemos acostumbrado al castigo. Las injusticias se han vuelto comunes y la justicia es una rareza.

Pero si tenemos claro cuáles son las fallas estructurales que queremos corregir pensando en lo mejor para nuestra patria tenemos que mirar más allá de nuestro entorno. Tenemos que escoger opciones de desarrollo con futuro y para eso tenemos que evaluar las tendencias de la economía mundial y las necesidades futuras que podamos explotar con éxito. Es que a escala mundial son los estados los que compiten por el mercado internacional pues en el intercambio está la clave de la acumulación para el desarrollo propio.

Si como hemos visto, nuestro país produce para el autoconsumo y lo que se exporta está en manos extranjeras como lo están los servicios en general, entonces no hay posibilidades de acumular si no tenemos productos excedentes para ofrecer al mercado internacional como mercadería propia y no ajena. Esta desventaja es explotada por los países que tienen mucho que ofrecer
haciéndonos caer en la trampa de los Tratados de “Libre Comercio” – TLC, con cero aranceles para lo mucho que nos venden y para lo poco qu8e les vendemos. Esta desigualdad, es estructural y en estas condiciones siempre salimos perdiendo.

Todos los aspectos nefastos que
atormentan a nuestra patria pueden ser explicados analizando las estructuras y esa debe ser nuestra fortaleza conceptual en el debate electoral. Esta estructura adaptada a la conveniencia de los intereses dominantes es la que los socialistas queremos cambiar con un nuevo diseño estructural que garantice el desarrollo económico sostenido compatible con nuestros ideales de justicia social y equidad. Una nueva estructura para una nueva democracia popular.

Agosto 2015

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