LO MALO DEL DÍA DEL POLLO A LA BRASA

Escribe: Milciades Ruiz

A todos nos gusta el pollo a la brasa peruano porque es muy agradable pero hablar en términos desagradables del “Día del Pollo” que se celebra el tercer domingo de Julio, puede ser chocante si el enfoque va en sentido contrario a lo que los medios de comunicación nos están trabajando neurosicológicamente para favorecer otros intereses. Pido disculpas de antemano si soy un aguafiestas o, se me toma como una persona a la que todo le apesta. Decir lo que otros no dicen tiene ese inconveniente.

En el sistema capitalista lo único que interesa es el lucro por encima de toda consideración racional. Los negocios se promueven sin ver lo que convienen al país ni a la comunidad nacional. Los negocios invaden todo y se introducen en la intimidad del hogar directamente o a través de infinitos medios para lograr que la gente consuma lo que se le ofrece. Copan todos los espacios sin dejar ningún escape.

Ya no se conforman con mantenernos en vilo con el día de la madre, del padre, de la secretaria, de los enamorados, abusando de la sensibilidad de las personas. Ahora tenemos el día del pisco, del cebiche, del chicharrón, del pollo a la brasa, etc.

Es así como el país es movilizado y manejado por intereses ajenos a sus necesidades. Ellos nos imponen un calendario de efemérides comercial sepultando lo histórico y lo cívico. Han pasado al olvido el Día de la Raza, Día de las Américas, Día de la Dignidad Nacional, etc. Tampoco se promueve la reivindicación de los héroes como Túpac Amaru porque estas celebraciones no son rentables. “La política de Estado es dejar hacer, dejar pasar”.

Al no existir una política alimentaria acorde con lo nuestro entonces el Perú ha sido amaestrado para consumir lo ajeno creando una condición de dependencia alimentaria. Así ha bajado abismalmente el consumo per cápita de papa, cancha, tubérculos, granos andinos, carne camélida, cuy, etc., para dar preferencia al consumo de trigo, arroz, pollo y otros productos de introducción extranjera que han modificado nuestros hábitos alimentarios primigenios.

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El desaliento de la producción propia nos ha dejado sin seguridad alimentaria y dependemos de importaciones. El pollo industrial mató el mercado campesino de las aves de corral pero también, sacó del mercado a los criadores de ovinos que habitan las zonas de pobreza de nuestra serranía. Es la guerra por el mercado, donde triunfan los inversionistas con mayor poder de capital.

Según el INEI con datos del Censo Agropecuario del 2012, la población de pollos pasó de 47’621,446 (1994) a 86’770,610 (2012), representando un incremento porcentual del 82.2% (Es de tener en cuenta que el 94% es producido por empresas de principales ciudades costeñas). Por el contrario, en el mismo periodo, el ganado ovino se redujo el 23%, pasando de 12 millones a 9.6millones (94% serrana y de zonas de pobreza rural).

Pero este desplazamiento viene desde la década de 1950 y según el INEI (Instituto Nacional de Estadística), en los últimos 51 años la población ovina disminuyó en 61% afectando a los pequeños ganaderos andinos.

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Como sabemos, el pollo industrial tiene un ciclo de vida de 49 días en que es sometido a aplicaciones de vacunas, hormonas, antibióticos y alimentado con concentrados industriales incluyendo desechos. Los estimulantes y compuestos químicos son aplicados hasta el último día programado y aunque la carne no haya madurado no puede pasarse de los 50 días porque son costos que atentan contra la rentabilidad.

Antes de darle tiempo a eliminar los elementos químicos inyectados los animales son enviados al mercado y muchos van prematuramente cuando se advierte que están con problemas sanitarios. La carne industrial con desarrollo artificial de 49 días no rinde para el desarrollo humano en comparación por calidad con la crianza natural de las carnes rojas de dos a más años de desarrollo pero ya estamos capturados y es muy difícil salir del entrampamiento. Aunque nos pesen el pollo con estiércol y todo, es más fuerte nuestro hábito y aparente economía.

Pero el pollo no solo nos crea problemas alimentarios y de mercado para la población andina sino arrastra a nuestro país a tener problemas económicos de gran envergadura. Uno de ellos es las importaciones de suministros sanitarios y de maíz que le restan divisas al país además de perjudicar a los productores nacionales de maíz obligados a competir con un producto transgénico subsidiado en sus países de origen. Nuestro mayor abastecedor es EE. UU. que se lleva nuestras divisas con lo cual, trabajamos para engrandecerlo.

Durante el periodo enero-junio del presente año, Perú importó1.556.139 toneladas de maíz amarillo duro, lo que representó un aumento de 32% en comparación a las 1.179.621 toneladas adquiridas en el mismo periodo del 2014. Estados Unidos fue el principal abastecedor de maíz amarillo duro (transgénico), enviando 1.499.667 toneladas, lo que muestra un crecimiento de 76.7% frente a las 848.541 toneladas adquiridas al mismo país en el periodo de 2014.

Es probable que a fin de año lleguemos a los tres millones de toneladas de maíz importadas mientras al productor nacional se le ha desestimulado retirándole la franja de precios que los protegía. Esto como parte de los paquetes reactivadores del gobierno que prefiere reactivar a EE. UU.

Lo peor de todo es que, el pollo a la brasa depreda nuestros bosques naturales al consumir cantidades gigantescas de carbón vegetal. Árboles que tardan decenas de años para formar tronco leñoso son talados para abastecer diariamente a este negocio. Son miles de árboles que el pollo depredador desaparece diariamente y a medida que la población crece, mayor es el consumo de pollo y la tala de árboles. Nuestra ecología se deteriora progresivamente.

“Anualmente unas 150 mil hectáreas de bosque son destruidas en el país, lo que conlleva a que desde 1990 sume un total de 12 millones de hectáreas desforestadas, estimó José Dancé, coordinador general del Proyecto Inventario Nacional Forestal y Manejo Forestal Sostenible del Perú ante el Cambio Climático de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. (La República 23/02/13- www.fao.org)

Debido a la demanda de carbón vegetal, los bosques secos de la región Piura, Lambayeque y La libertad, Ica y otras regiones están siendo depredados por la tala clandestina e informal de árboles como el algarrobo, guarango y otras especies. Los ecologistas no dicen nada, tampoco los políticos. Tampoco los abanderados del cambio climático ni los de Greenpeace. Entonces, nadie está pensando en modificar esta situación. Estoy arando en el mar pero si por lo menos pudiese conmover vuestras conciencias estaré satisfecho.

Julio 2015

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