NOTAS PARA LA CONFRONTACIÓN ELECTORAL

Escribe: Milciades Ruiz

Con el fin de contribuir a la solidez de nuestros argumentos en los debates electorales esbozo algunos criterios que puedan ser de utilidad en la confrontación con las fuerzas de derecha. La Nueva Democracia que podamos prometer puede tener muchos aspectos innovadores factibles de realizar aun dentro de las condiciones actuales pero es necesario tener fundamento para posesionarse bien en el campo del debate y salir airoso de la contienda.

Solemos decir que la derecha solo puede ofrecer más de lo mismo. Pero también podemos decir eso de la izquierda si es que no hay una diferenciación categórica de calidad en nuestras propuestas. El candidato descendiente de alemanes y nacionalizado estadounidense podrá ponerse sombrero, usar ropa corriente como nosotros, ponerse chullo y poncho en su campaña política pero sigue siendo un “gringo” para nuestro pueblo. Podrá ofrecer agua y desagüe y todo aquello que no toque la esencia del actual sistema de dominación pero será siempre solo un cambio de ropaje bajo el cual se esconde el monstruo político que nos oprime.

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Tras siglos de alienación mental para nuestra adaptación al sistema de dominación estamos con una predisposición política condicionada que es alimentada permanentemente por los medios informativos, que no es solo prensa sino también es sistema educativo, religión, sistema cultural, etc. Uno de los aspectos profundamente arraigados es la forma en que se gobierna que no es cuestionada ni por la izquierda. Se participa del caudillismo y el presidencialismo sin objeciones. ¿No podemos ofrecer algo distinto?

Se nos ha inculcado el culto al presidente por encima de toda democracia. Es el ídolo inobjetable. Para los peruanos del último escalón la máxima autoridad es la asamblea general y el presidente solo ejecuta los acuerdos de esta. Pero en las alturas esta democracia es cambiada. El presidente de la república es el “gobernante” del país y no la Asamblea Nacional o, Congreso de la República. La asamblea general de una organización de base puede destituir al presidente y a toda la Junta Directiva pero esto es inaceptable en nuestra “Democracia” de gobierno nacional.

El caudillo ganador de las elecciones presidenciales tiene también mayoría en el Congreso de la República. Como nadie se atreve a cuestionar al presidente o Jefe del partido, este maneja el Congreso también (O a través de él, su cónyuge y allegados) dando órdenes a la bancada mayoritaria y si esta no es suficiente se negocia con otras bancadas. Todo esto es aceptado como legítimo siendo antidemocrático. Este manejo personalizado no es cuestionado por los grupos de derecha ni de izquierda pero nuestro pueblo si lo hace y detesta esta forma de gobierno.

Entonces bien haría la izquierda en ofrecer un gobierno despersonalizado. Tenemos que rechazar el absolutismo de las monarquías políticas. La propuesta no es del candidato sino del movimiento político. Tampoco el monarca es el dueño del partido, el que se auto designa, define los planteamientos ideológicos, programas y lista de postulantes al Congreso. Aun triunfando, el presidente electo siempre estará sujeto al movimiento político y no al revés como sucede tradicionalmente. Tenemos que dar muestras de la superioridad de nuestros criterios democráticos.

Por otro lado, quienes aspiran a gobernar deben saber que la felicidad de un pueblo depende de la prosperidad económica del país. Pero este concepto básico suele ser tergiversado por la derecha. Hablan de la prosperidad del Perú en alusión a la inversión extranjera minera que supuestamente trae gran crecimiento y bonanza económica. Pero aquí hay una falacia tramposa que tergiversa los conceptos pues dicha bonanza solo fue presupuestal o bonanza fiscal, pero no hubo bonanza estructural. La primera solo es pasajera en tanto que la segunda es sostenible porque se traduce en desarrollo.

Bonanza del aparato estatal no es lo mismo que bonanza estructural de la economía nacional. Con el alza de los precios internacionales mineros hubo mayores ingresos estatales por tributación, pero en realidad la prosperidad verdadera ha sido para los inversionistas extranjeros que son los dueños de los productos mineros. Concedemos nuestras riquezas naturales para enriquecer a quienes nos oprimen.

La carroña tributaria que nos dejaron solo dio prosperidad por breve tiempo a las arcas nacionales pero no a la economía popular. Pero esta prosperidad fiscal solo ha servido para engordar a inversionistas contratistas de obras del Estado y para favorecer a las altas esferas del gobierno corrupto más no, a todos los peruanos. El resultado contrastante de esta falacia es una alta delincuencia en las calles por el desempleo juvenil.

Entonces cuando los izquierdistas hablamos de prosperidad nacional nos estamos refiriendo a la prosperidad económica estructural que beneficia a todos los peruanos y no solamente a los que más tienen. Aunque hay un sector social que no necesita ayuda, la gran mayoría sí la necesita porque no tiene nada. Entonces, la izquierda opta por buscar el equilibrio económico mediante medidas compensatorias de equidad. Sin democracia económica no puede haber democracia de ningún tipo. Este es uno de los criterios fundamentales de nuestro proyecto político.

Pero la prosperidad personal, familiar, zonal, regional y nacional depende de la capacidad de acumulación de riqueza. No hay prosperidad si no hay acumulación y no hay acumulación si no hay inversión. Pero una cosa es la inversión nacional y otra, la inversión extranjera. Desde luego, los ricos tienen una alta capacidad de acumulación, mientras que los pobres por el contrario no poseen ninguna capacidad de acumulación para invertir. Y entre ambos extremos existen capas sociales con diversa capacidad acumulativa y de inversión.

Si los ingresos no cubren las necesidades básicas de sobrevivencia individual, familiar o de un conglomerado social, menos podrán tener capacidad de inversión acumulativa. Entonces las personas sufren degradación de vida humana según la proporción de sus carencias y son condenadas a depender de inversiones ajenas. La precariedad de vida afecta a grandes sectores de nuestra sociedad y atender urgentemente este desbalance es la prioridad de nuestro proyecto político.

Lo anterior nos plantea dos tareas necesarias. Por un lado, una política de distribución equitativa de los ingresos del Estado, haciendo una reforma presupuestal de alta eficiencia y eficacia, con un manejo austero de los recursos para evitar el uso improductivo de los mismos, a la vez que generar ahorro para derivar fondos hacia las zonas de emergencia vital. Por otro lado, desarrollar una economía de crecimiento sostenido y expansión de capitales nacionales, rentabilizando las inversiones populares.

Para los socialistas, la riqueza nacional es un producto social y su disfrute debería ser igualmente social. A diferencia de la ideología derechista que postula a que unos pocos se apropien del producto social, los socialistas consideramos que el usufructo debe ser equitativo entre todos los que participan del proceso productivo.

Si la riqueza del subsuelo es propiedad de la sociedad peruana, no puede ser que al extraerla ya no lo sea pues se convierte en propiedad de los inversionistas extranjeros que se la llevan fuera dejándonos los escombros y pasivos ambientales. ¿Qué gracia tiene ser dueños de la riqueza del subsuelo si cuando la extraen ya no es nuestra?

Y peor aún, si los daños no compensan el costo beneficio y acarrean problemas sociales que perturban la pasividad rural, no vale la pena perder tanto por tan poco. En ese caso, mejor es que se queden los cerros como están. Al menos tendremos agua limpia, aire limpio, tierra limpia, alimentos limpios y limpios los pulmones. No podemos permitir que los inversionistas extranjeros y sus promotores que la parasitan se llenen los bolsillos a costa de la desgracia campesina y de la contaminación de alimentos.

Para nosotros, corresponde a la sociedad decidir sobre este patrimonio. Los gobernantes solo son administradores del país, a quienes la sociedad les encomienda una representación temporal pero no pueden aprovecharse del cargo para disponer del patrimonio nacional contra la voluntad de los propietarios del mismo.

Los recursos naturales constituyen parte del patrimonio nacional que compromete el bienestar del presente y el futuro de generaciones posteriores. Corresponde al pueblo decidir sobre ellos. Los gobernantes son subordinados a la sociedad y no a la inversa. Este es otro criterio que nos diferencia de los partidos políticos de derecha que imponen decisiones arbitrarias contra la voluntad de la sociedad a la que suplantan para atentar contra el patrimonio nacional. Toda autoridad es un subalterno social y no hay principio de autoridad por encima del pueblo.

La tierra y el agua son recursos naturales determinantes para la vida humana. La gestión de estos recursos debe ser necesariamente social y no privatista. Por consiguiente, su usufructo debe ser socializado. Este criterio es distinto al de la derecha cuya codicia no tiene límites y todo lo quiere privatizar para obtener lucro sin importarles el daño social. Con este criterio, los gobiernos derechistas utilizan nuestros aportes tributarios para construir grandes obras de irrigación en beneficio de inversionistas en gran parte extranjeros a los que se les subsidia de diversa manera.

Estos, no producen para el Perú sino para el extranjero pues mientras nuestro campesinado produce para el mercado nacional donde no hay rentabilidad, los inversionistas extranjeros que se apropian de nuestros recursos productivos lo hacen para el mercado externo donde la rentabilidad es alta, recibiendo el apoyo y subsidios de los gobiernos derechistas. Esa exportación desabastece los mercados locales y los precios suben perjudicando la economía de todos los peruanos. Esa es la política alimentaria de la derecha.

Un estudio de investigación sobre los proyectos de irrigación rebela que la inversión pública en Chavimochic, Olmos, Pasto Grande, Jequetepeque-Zaña, Majes-Siguas, Chira-Piura y Chinecas alcanzan los US $ 6,321 millones (dólares del 2012). De esta cantidad, el Estado solo ha recuperado el 7% a través de los cobros por Venta de Tierras, Venta de Energía, Tarifas de Agua y de Agua Potable, que equivale a US $ 462 millones. O sea que el subsidio llega al 93%.

Las autoridades gubernamentales se regocijan del monto de las agro exportaciones procedentes de estas irrigaciones pero el estudio halló también que, de acuerdo con la magnitud de los ingresos de las empresas ubicadas en los proyectos de irrigación, deberían ser principales contribuyente del sector agrícola, sin embargo, desde 1998 a 2012, nunca logró superar el 0.73% del total. Tienen subsidio tributario (15% como impuesto a la renta) y régimen laboral que reduce los derechos de los trabajadores para bajar costos.

Naturalmente un gobierno de izquierda no puede dejar pasar por alto tan gigantescas sustracciones y privilegios que además elevan los precios de la quinua, paltas, uvas y otros productos. El sobre precio a los alimentos por desabastecimiento agroexportador constituye un subsidio social a los agroexportadores que no favorece ni a los agricultores cuyas familias padecen desnutrición crónica por bajos ingresos.

El caso de la quinua es ilustrativo como lo es el de la palta y otros productos alimenticios que la exportación desabastece el mercado local ocasionando subida de precios en perjuicio del pueblo que tiene que pagar 5 soles adicionales o más, por cada kilo. Un gobierno de izquierda tiene que corregir estas injusticias mediante políticas equitativas. De qué nos vale estar bien en cifras macroeconómicas si en la microeconomía sucede todo lo contario. No podemos vivir del espejismo que nos muestra la derecha.

Por eso, quienes tomen a su cargo la administración del Estado deben dejar constancia de las condiciones en que reciben el país y tienen la obligación de entregarla en mejores condiciones que cuando la recibió. Ello tiene que ver no solamente con las condiciones macroeconómicas sino también con las microeconómicas, con las condiciones de vida de las familias peruanas, con el mejoramiento del sistema democrático y los demás aspectos de nuestra sociedad.

La riqueza nacional expresada en Producto Bruto Interno –PBI, es la sumatoria valorizada de la producción de bienes y servicios trabajados por toda la sociedad peruana. Pero si gran parte del producto nacional pertenece a inversionistas extranjeros, entonces dicha riqueza se reduce al descontar lo que no nos pertenece. Esta figura económica es tergiversada políticamente por la derecha para falsificar el crecimiento económico verdadero al mezclar nuestro crecimiento neto con el crecimiento ajeno.

Y no solo son las inversiones extractivas, sino también las inversiones extranjeros en los servicios financieros, los grandes emporios de comercialización, servicios farmacéuticos y de salud, comunicaciones y demás rubros que conforman el PBI supuestamente nuestro pero sin separar la paja del trigo. Por eso es que el falso crecimiento constituye una estafa política que como sabemos no se refleja en los bolsillos de todos los peruanos.

Esta es una diferencia fundamental porque la izquierda no participa de este fraude contra la sociedad. El verdadero crecimiento es sobre lo que nos pertenece y la inversión extranjera no debería tener una hegemonía económica que atente contra el equilibrio de nuestro desarrollo. Es nuestra propia inversión la que debería tener siempre predominancia económica y siguiendo una proyección inversamente proporcional que nos libere de la dependencia externa. Esto es, cada vez necesitar menos de la inversión extranjera y aumentar cada vez más la proporción de la inversión popular.

En esta perspectiva, el impulso a la inversión nacional resulta para nosotros de primordial importancia estratégica sin descartar el rol de la inversión extranjera compatible con los intereses nacionales. El motor de nuestro desarrollo deberá ser siempre la inversión propia y no la ajena. Y cuando hablamos de inversión nacional no nos estamos refiriendo solamente a los grandes capitales nacionales sino a todo el universo de productores de bienes y servicios en todas sus manifestaciones: Agricultores, pequeños empresarios, panaderos, artesanos, etc.

El neoliberalismo hizo desparecer la banca de fomento a fin de cortar las inversiones populares y beneficiar al gran capital. La banca de fomento es un instrumento estratégico de desarrollo y el combustible de los negocios para el crecimiento económico. Un gobierno de izquierda tiene necesariamente que restablecer la banca de fomento en cada sector productivo a fin de impulsar y expandir la inversión privada popular prioritariamente comunitaria y cooperativa.

Con este fin un gobierno de izquierda lograría que el país pueda dar un gran salto económico priorizando el empresariado asociativo con una nueva ley general de cooperativas y fomento de la asociatividad empresarial. La economía solidaria es una opción de libre adhesión y competitiva frente a otras opciones de las sociedades mercantiles con la ventaja de una distribución equitativa.

Hay que tener en cuenta que los que reciben vía elecciones el encargo de administrar temporalmente el país encuentran un diseño multisectorial que tienen que manejar eficientemente para lograr los mejores resultados en la generación de la riqueza nacional. Es como heredar un conglomerado de negocios sectoriales al que hay que conducir mejorando la rentabilidad de cada rubro de negocio.

Cada sector está a cargo de un ministro que es el responsable del funcionamiento sectorial en términos de rendimiento en la producción de bienes y servicios a su cargo. Su gestión gerencial debería contribuir a que el PBI total arroje óptimos resultados satisfactorios. De lo contrario, no se justifica el costo beneficio de mantener una burocracia improductiva, que solo consume y no produce. El rendimiento en el trabajo estatal es fundamental para lograr el crecimiento nacional.

Por ello, el diseño del sistema administrativo estatal es de vital importancia para el eficiente desempeño económico y el bienestar social. Todos los ministerios deben apuntar a la mayor producción de bienes y servicios. Un mal diseño administrativo acarrea deficiencias que repercuten en la productividad de gobierno. El diseño responde a una estrategia de desarrollo pero en nuestro país los compartimientos estatales no tienen horizonte y se crean ministerios por simple criterio político, ocasionando más burocracia improductiva teniendo que reducir presupuesto a los programas de inversión desarrollista.

Un gobierno de izquierda no solamente tiene que ser eficiente sino cubrirse del sabotaje de la derecha que buscará siempre el fracaso de nuestra opción. Por consiguiente, el diseño administrativo de un gobierno de izquierda tiene que ser sensato y orientado a obtener resultados económicos favorables. Pero también el manejo administrativo debe ser óptimo para evitar que las malas prácticas conspiren contra el buen desempeño gubernamental en todas las instancias. El sabotaje económico ocasiona desabastecimiento y colas por alimentos cuando no hay un manejo adecuado de gestión gubernamental.

Por eso, conocer en qué situación se encuentran los sectores estatales es muy importante para trazar un Plan de Gobierno apropiado. Lamentablemente en el Perú, los planes de gobierno de los diversos partidos políticos son solo documentos de descarte que ni el poder ejecutivo ni legislativo, toman en cuenta. Los gobiernos improvisan según el momento político, como también son improvisados quienes asumen las diversas jefaturas en todas las reparticiones estatales. Tener recursos humanos preparados para gobernar en cada área estatal es una tarea crucial para la izquierda.

Si revisamos los planes de gobierno y las plataformas de los partidos políticos podremos encontrar en cada cual, un rosario de propuestas como si fuera un listado de necesidades domésticas. Muchas de las medidas que proponen son extraídas de la cabeza y no responden a la realidad ni satisfacen una demanda popular. Es la característica de los programas sociales paternalistas utilizados para bloquear el descontento popular y evitar la insurgencia. No se atiende el pedido popular sino es el Estado el que define qué es lo que el pueblo necesita. En ninguna plataforma gremial se pidió “pensión 65”, nadie pidió limosna. Fueron otras las demandas pero, todas fueron desoídas y se impuso lo que nadie pidió.

Entonces, los criterios de gobierno o las políticas de Estado en un supuesto gobierno de izquierda no pueden ser los mismos que los que aplica la derecha cuyos programas solo buscan apagar incendios. Nosotros estamos por la liberación de nuestra patria y de los dominados por el sistema, a diferencia de los grupos políticos de derecha que están por la supremacía de los dominadores. Sus propuestas pueden parecer populares pero encierran necesariamente un engaño ya que sus intereses son contrarios a los interese populares.

Los grupos de derecha también pregonan muchos cambios pero no para hacer justicia sino para mejorar las injusticias perfeccionando el sistema de dominación y no para el cambio estructural que nos libere de la dominación. Así por ejemplo proponen para combatir la delincuencia aumentando los gastos represivos (más policías, más equipamiento, más fiscales, más jueces, más locales, más vehículos, etc.). Es decir no van a las causas del problema social de la delincuencia sino a combatir lo que es producto del sistema pero sin parar la fabricación de delincuentes.

Estos criterios solo consiguen sobrecargar los gastos presupuestales represivos crecientes con lo cual se tiene que recortar los fondos destinados a la producción de alimentos e inversiones para el desarrollo. Los grupos de izquierda no deberían utilizar el mismo enfoque de la derecha para la cual los problemas sociales se combaten con mayor represión. Entonces cuando un grupo de izquierda propone lo mismo que la derecha, nuestro pueblo no podrá ver la diferencia. Revisen las propuestas electorales y verán la similitud en algunos puntos.

Para cada problema puede haber el mismo diagnóstico pero lo que nos diferencia de la derecha es que nuestra interpretación tiene un enfoque socialista estructural y por lo tanto, claramente diferente. Tampoco se trata de formular propuestas con el lenguaje clásico de izquierda, que nuestro pueblo repudia porque ya está harto de la repetición de dogmas huecos y ajenos a la realidad cotidiana. Simplemente, se trata de identificarnos con las demandas populares en su propio leguaje sin estereotipos extraños a su problemática.

La temática da para más pero me he extendido demasiado. Espero que estos planteamientos motiven otras contribuciones con mejores ideas en favor de nuestra causa y podamos ver a nuestra selección de izquierda desempañar un papel decoroso en la campaña electoral.

Agosto 2015

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2 pensamientos en “NOTAS PARA LA CONFRONTACIÓN ELECTORAL

  1. SEÑOR MILCIADES RUIZ NOS GUSTARIA CONTACTAR CON USTED PARA PONER EN PRACTICA ALGUNAS DE SUS IDEAS. SOMOS EL CONSEJO PLURINACIONAL DE LOS PUEBLOS INDIGENAS ORIGINARIOS DEL TAWANTINSUYO. NUESTRA OFICIA ESTA EN JR.PACHITEA 279 OF. 301 – TELF. 4286314 – A DOS CUADRAS DEL PALACIO DE JUSTICIA. ING. PEDRO BAZAN – CEL. 971897725 (ASESOR AGROPECUARIO).

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    • Hola Pedro: Nos podemos reunir en cualquier momento. Mañana estaré en la Asociación Peruana de Ingenieros Agrarios- APIA para ver la última edición de la revista AGROTECNIA, pero escribe a mi correo para ver los detalles. Saludos.

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