LIMA: ANIVERSARIO ACIAGO

Escribe: Milcíades Ruiz

El 18 de Enero de 1535 Francisco Pizarro fundó de la ciudad enlace para el saqueo de las riquezas del Tahuantinsuyo. Esta era la finalidad de la fundación y los españoles que la habitaban con exclusividad tenían motivos para celebrar con regocijo cada aniversario pero no el pueblo tahuantinsuyano y menos los pobladores de las aldeas del valle Rímac cuyas tierras les fueron arrebatadas con tal propósito. Hoy la ciudad de Lima ya no es exclusividad de la descendencia europea. Son los provincianos, peruanos ancestrales, los que se han posesionado de ella avanzando desde los cerros circundantes.

Sin título

Sin embargo, a pesar de los cambios ocurridos, los mecanismos alienantes insisten en hacernos celebrar y festejar cada aniversario de esa fecha con añoranzas colonialistas y olvidarnos de lo que significó para nuestra patria ancestral tal acontecimiento. Si la mayoría de la población limeña es de procedencia nativa ¿Qué motivos tendría para regocijarse por una fundación que nos fundió?

Como muchos conocen, el Marqués Pizarro fundó con el nombre de “Ciudad de los Reyes” (No Lima como se la llamó después) la capital del reino conquistado (Nueva Castilla o Perú) que antes se había asignado a Jauja provisionalmente. Lo hizo en la zona conocida como Limac, en la margen izquierda del río Rimac a cargo del curaca Taulichusco y cercana al lugar apropiado como puerto de embarque (Santa María, posteriormente Callao)

Comunicado el hecho al emperador Carlos V, ratificó el nombre a perpetuidad “Ciudad de los Reyes” y le concedió el escudo de armas que hasta ahora flamea como blasón en las banderas y símbolos de la municipalidad de Lima Metropolitana. Con esta simbología aun se rinde culto a los reyes de los conquistadores en cada acto público oficial lo cual, no concuerda con el sentimiento nacional ni menos con el de los migrantes y descendientes.

Fue por disposición de Carlos V que aparecen dos águilas negras con “corona de oro de reyes que se miren la una a la otra y abracen una I y una K que son las primeras letras de nuestros nombres propios” (Juana su madre y Carlos). Mandó también que en la orla de fondo roja se ponga “en letras de oro que digan hoc signum Vere Regum est” (Este es el símbolo de los Reyes) como se puede comprobar viendo dicho estandarte. ¿Pero qué tiene que ver esta simbología en las actuales circunstancias?

Esta situación nos hace ver hasta qué punto la cultura de la dominación colonial persiste y coexiste con la cultura de la dominación capitalista que nos ha engendrado muchos otros valores alienantes y sin darnos cuenta terminamos yendo contra nuestros valores ancestrales. Por eso no es de extrañar que aún en el siglo XXI hayan peruanos ancestrales que se refieran a España como la “madre patria” mostrando su denigrante alienación.

Pero así como, hay estos efectos culturales también hay muchos otros de carácter político que se mantienen desde la época colonial. Inclusive tenemos en el Poder Legislativo actual a descendientes de uno de los “Trece de la Isla del Gallo” como también un candidato presidencial de la misma estirpe. Me refiero a quienes llevan los apellidos Belaunde y Diez Canseco, pues ambas ramas provienes de Juan De la Torre a quien Pizarro le dio una encomienda de 13 aldeas en Condesuyos con todo el ganado que poseía el cacique principal Yuramullo además de otras encomiendas en los valles de Acarí, Suquimarca y Camaná.

Así también, se conservan muchas costumbres, reminiscencias y temores que se gestaron en la dominación colonial. Esta desnaturalización es la que conspira contra nuestra liberación y nuestra mentalidad funciona como traba en nuestra personalidad nacional. De allí la gran tarea que tenemos quienes abogamos por la cultura de la liberación de recuperar la consciencia histórica real. Tenemos que reivindicar lo nuestro y recuperar nuestra identidad nacional. Tenemos una gran riqueza arqueológica, antropológica, filosófica, astronómica, científica, tecnológica que debemos desenterrar y sacar del olvido.

Esta aspiración que está en el corazón de nuestro pueblo no figura en ninguna plataforma de los partidos políticos en campaña porque los candidatos no sienten lo mismo. No podemos esperar de ellos un patriotismo ancestral que no les nace. Esta reivindicación tendrá que ser conquistada por la lucha popular de los damnificados históricos.

El Perú es de todas las sangres suelen decir muchos pero esto rige solo cuando les conviene. En los poderes del Estado no están todas y siempre, hasta en la vida cotidiana es la sangre autóctona la más perjudicada aunque tenga mayor derecho. La reivindicación de lo nuestro tampoco debe llevarnos al odio racial ni al rechazo de toda cultura ajena. Solo pedimos equidad y el cese de toda discriminación contra los peruanos ancestrales. Los discriminados no deberían ser discriminadores.

Soy consciente que esta nota, desentona con el momento actual y se presta a muchas objeciones pero al menos de algo servirá para una reflexión mejor racionalizada.

Enero 2016

Otra información en https://republicaequitativa.wordpress.com/

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