CRITERIOS PARA UNA POLÍTICA ECONÓMICA DE IZQUIERDA

Escribe: Milciades Ruiz

Desde la perspectiva de izquierda, casi todas las interpretaciones sobre las medidas gubernamentales desde la década de 1990 han sido atribuidas al neoliberalismo señalándosele como el causante de todos los males que sufrimos. Desde el lado opuesto, toda resistencia a la aplicación de fórmulas neoliberales por mínima que fuera, es atribuida a los “comunistas” sean o no, de izquierda. Pero la fisiología universal nos dice que no todo es malo en el neoliberalismo ni todo es bueno en el lado contrario.

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Sería largo desplegar los casos demostrativos de esta relatividad pero la proporcionalidad es otro factor fisiológico según el cual, todos los extremos son malévolos. En este sentido, el neoliberalismo es extremista y lo que más indigna es su robotización. Los androides neoliberales no tienen alma ni rasgos de humanidad para aplicar las fórmulas del software capitalista. No están programados para ver el drama humano. Solo ven cifras de escritorio con las que despiadadamente diseñan las políticas económicas.

¿Pero entonces qué plantea la izquierda? Coherentemente con los principios doctrinarios del socialismo, la izquierda aspira a un sistema económico social de superación del capitalismo inhumano. Una sociedad diferente en la que desaparece la explotación del hombre por el hombre y se institucionaliza una nueva forma de vida para la humanidad. Una sociedad en la cual, los intereses comunes predominen de manera equitativamente compatible con las aspiraciones individuales en todos los aspectos.

Pero este ideal, siendo lejano nos da la pauta para el camino a seguir desde cualquier situación concreta en que nos encontremos. En esta perspectiva y partiendo de nuestra realidad en las actuales circunstancias históricas me permito exponer algunos criterios que podrían servir para el diseño de una política económica identificada con nuestra concepción ideológica. Se entiende que solo es un ejercicio teniendo en cuenta las probabilidades actuales pero sirven la sustentación que fuera necesaria. Soñar no cuesta nada.

En primer lugar, será preciso determinar el rumbo nacional que por intereses de la dominación no existe. Somos un país a la deriva, sin horizonte ni metas. ¿Cuál es nuestra aspiración como nación? No puede haber mística patriótica sino tenemos objetivos nacionales. Será el Plan de Desarrollo Nacional es el que pondrá los cimientos para la construcción del futuro de nuestra patria. Todas las políticas de Estado, incluyendo la económica, tienen que sujetarse a este plan de carácter constitucional cualquiera sea el gobierno de turno

Para la izquierda, la experiencia más aleccionadora es la del primer gobierno bolchevique que partiendo de una realidad económica de atraso y hambruna, en menos de dos décadas obtuvo un desarrollo industrial inusitado que le permitió rechazar y derrotar al nazismo en la segunda guerra mundial contando ya con industria pesada estratégica para pasar a ser una potencia mundial. Esa es la potencialidad de la opción socialista.

Yendo a lo concreto, los criterios para una propuesta económica de izquierda en el momento actual, deberían considerar una ineludible responsabilidad que no tiene peros que valgan. Esto es, el crecimiento económico que asegure el creciente incremento de ingresos para el Estado y para los trabajadores en el corto, mediano y largo plazos, toda vez que la población seguirá aumentando conjuntamente con las necesidades pero irá disminuyendo las fuentes de vida (agua, superficie agrícola, etc.).

Todo Estado, dispone de dos timones principales que son al mismo tiempo reguladores y generadores: La política fiscal y la política monetaria. La pericia en el manejo concordado de ambos instrumentos fortalece la gestión gubernamental. Un mal manejo puede conducir al desastre. La mística con la que se trabaje y la capacidad técnica racionalizada, asegurará la consolidación y el fortalecimiento del proyecto nacional.

A diferencia de la gestión actual en que el piloto fiscal es el que le traza la ruta de navegación al capitán de la nave, por el contrario en una gestión de izquierda los pilotos de todos los timones están subordinados a un plan maestro ya definido constitucionalmente, sustentado ideológicamente y diseñado conforme al Plan de Desarrollo Nacional.

Ahora bien, un gobierno popular o de izquierda, significa necesariamente cambio y esto asusta a muchos intereses conservadores que lucran al amparo del régimen actual y por ello, promueven un clima fantasmal con falsos rumores para sabotear los cambios. Hay que recordar que muchos no tenían tierras ni en las uñas pero se oponían gratuitamente a la reforma agraria. Mientras que por otro lado, el extremismo en propias filas es propensa a presionar por cambios contraproducentes.

Es indudable que habrá un cambio de modelo económico porque a diferencia del actual diseño que favorece a las clases pudientes, la nueva economía tendrá que ser equitativa, mirando más hacia los sectores menos favorecidos. Aunque el liberalismo en el Perú se instaló mediante un shock traumático en contra de nuestro pueblo y a costa del patrimonio estatal sin medir las consecuencias sociales, el desmontaje de esta camisa de fuerza tendría que ser calculado pero empezado desde el primer momento.

Los cambios en el diseño de desarrollo nacional y en el manejo de una nueva política económica deberán tener fundamentos realistas. A pesar del saqueo de nuestras sapiencias ancestrales y de nuestros recursos naturales todavía nos quedan inmensas riquezas por explotar en favor de nuestra patria. Estas riquezas no son solo minerales e hidrocarburos, sino también están en nuestra diversidad ecológica, hidrobiológica, alimentaria, forestal, arqueológica, turística y mucho más.

La diversificación económica para salir de la mono dependencia no se define desde un solo lado del mercado ni de manera antojadiza. Para ser sostenible tenemos que especializarnos en aquello que podamos tener ventajas consistentes, seguridad de expansión y capacidad competitiva. Avizorar en qué dirección van los negocios internacionales nos ayudará a proyectar las oportunidades aprovechables para crecer y acumular. No olvidemos que nuestro país está condicionado por las ataduras jurídicas internacionales tanto en el comercio como en los diversos aspectos del sistema de dominación.

El reordenamiento territorial nos dará las pautas para un nuevo ordenamiento económico. El aparato productivo nacional está en una situación caótica, con muy bajos niveles de productividad y rentabilidad. Elevar los rendimientos procesales y laborales es vital para la solidez económica y esa sería una de las primeras tareas a emprender.

Los circuitos económicos están desarticulados del mercado nacional e internacional siendo los productores primarios los más perjudicados con los precios de pobreza. No hay equidad en las cadenas económicas que mayormente están desintegradas, actuando cada eslabón por separado en perjuicio de la economía nacional y de los más débiles.

No somos una isla económica y si queremos sobrevivir en este mundo globalizado tenemos que estar en condiciones de defender a la patria pero no con mazos frente a cañones como sucedió en 1532. Hacernos fuertes económicamente en aquello que tengamos ventajas y acumular fortaleza económica es vital para no seguir siendo conquistados y colonizados. Los circuitos económicos estratégicos deben ser desarrollados como armas de poder y no quedarnos simplemente como proveedores de materia prima que sirve a los fines de nuestros opresores.

Cada circuito económico es una especialización que debe ser trabajada de manera integral en todos los aspectos del proceso y con la participación de todos los agentes económicos involucrados en cada ramo, inversionistas privados y Estado. Proveedores de insumos y materiales, productores primarios, acopiadores, comercializadores, procesadores, exportadores y servidores públicos tienen que actuar bajo un solo objetivo patriótico de posesionarse de los mercados favorables.

Cada circuito estratégico debe florecer con su respectiva institucionalidad y manejo especializado contando con sus propios centros de investigación científica y tecnológica, capacitación, promoción comercial, asistencia financiera, asociatividad, etc. Así tendríamos por ejemplo: La economía del café, economía hidrobiológica, economía forestal, economía minera, economía del turismo, etc. Cara línea estratégica desarrollándose como una sola fuerza económica en expansión. Estamos ya en una guerra económica en la que el pez grande se come a los chicos.

La diferencia con el neoliberalismo es que una política económica de izquierda en un gobierno popular bajo las actuales circunstancias, se sustentaría en el fortalecimiento de los capitales nacionales y del capital social. La invasión de los capitales extranjeros que se apropian de nuestro territorio comercial se debe a la debilidad de nuestros capitales frente a la ley del más fuerte impuesta por el neoliberalismo. Esto condena a las empresas nacionales a ser simples subsidiarias y carroñeras del capital extranjero como lo es también nuestra condición fiscal.

La acumulación económica es un objetivo básico para garantizar un desarrollo sostenible, un crecimiento permanente y de pleno empleo para la población peruana. De allí la necesidad de potenciar al empresariado peruano para su expansión internacional. Un renovado empresariado con actitud patriótica y una mística compartida con los trabajadores y el Estado.

No puede haber prosperidad nacional con un empresariado reducido a la mínima expresión como sector, con un mercado constreñido, con baja capacidad financiera y bajos niveles de rentabilidad. Un empresariado precario solo es foco de conflictos laborales. Solo cuando hay prosperidad es que alcanza para todos y en un hipotético gobierno de izquierda, la equidad en la distribución, es sustancial para su política económica.

Pero en la construcción de un nuevo empresariado nacional, los términos referenciales tienen que ser diferentes a los que tenemos actualmente. Mientras el neoliberalismo alienta el individualismo con exclusividad, una política económica de izquierda tiene otros parámetros. Aliento a la pluralidad de opciones empresariales pero preferentemente al empresariado comunitario. Esto es: empresas cooperativas, empresas asociativas comunitarias, conglomerados empresariales comunitarios y de pequeños capitales.

Esto implica el restablecimiento de la banca de fomento para el financiamiento de iniciativas, emprendimientos y proyectos de expansión empresarial. Las micros y pequeñas empresas así como también parte de las medianas empresas se han quedado en la condición de supervivencia para el autoempleo en un mercado saturado que no va más allá de la precaria rentabilidad huyendo de la tributación porque los precios no compensa los costos. Su conversión empresarial hacia formas empresariales superiores preferentemente comunitarias, es una opción para su expansión orientada al mercado externo.

La izquierda no está en contra de la inversión privada como malévolamente se le atribuye. Tampoco contra la inversión extranjera. El fin ideológico es el bienestar colectivo y si dichas fuentes no siendo hegemónicas pueden ser circunstancialmente beneficiosas para dicho propósito, tampoco habrá razones para oponerse siempre y cuando esa participación no haga peligrar la economía equitativa establecida en el proyecto nacional de desarrollo. El predominio de la economía solidaria es lo importante.

Otro lineamiento básico es el fortalecimiento económico del Estado a través de las empresas estratégicas reservadas para la comunidad nacional. La satanización de la empresas públicas no tiene fundamento técnico sino de intereses privados. Se incluye la recuperación de la administración social de los servicios públicos básicos de electricidad, agua, comunicaciones, salud y otros servicios sociales que el neoliberalismo ha privatizado en favor de empresas extranjeras que abusan del monopolio, a pesar de estar prohibido constitucionalmente. Los servicios públicos tienen función social y su administración debería ser social.

Tampoco tendría por qué recurrirse a nocivos criterios asistencialistas como los programas sociales que el neoliberalismo ha instalado para bloquear el reclamo popular. Lo que sí tendría que hacer es reestructurar el gasto público en términos de costo beneficio para lograr una óptima productividad de la burocracia como palanca de desarrollo. De igual modo se impone un cambio de orientación en la inversión pública como factor estratégico en la implementación del Plan de Desarrollo Nacional.

Un factor clave para dinamizar la economía y corregir desigualdades es la política de subsidios como la tienen casi todos los países del mundo de manera directa e indirecta. Los subsidios de inversión pública para corregir desigualdades y fallas del aparato productivo nacional pueden ser gravitantes para el bienestar económico nacional. Por ejemplo: El subsidio tecnológico puede multiplicar los rendimientos productivos y la rentabilidad económica en zonas de pobreza campesina. Los subsidios reproductivos de capitalización son parte estratégica de una política económica popular.

Cuando hay liquidez campesina se dinamizan las compras y ventas en los poblados rurales y todos ganan: El vendedor de semillas, fertilizantes, herramientas, equipos, maquinaria, productos fitosanitarios, veterinarios etc. Alcanza para útiles escolares, vestimenta, medicamentos y hasta las bodeguitas comienzan a prosperar. Es así como a la vuelta de seis meses del proceso productivo agrícola los subsidios retornan con dividendos dinamizando no solo la economía agraria sino la de otros sectores.

Indudablemente, un gobierno popular al cambiar los términos de referencia en la conducción estatal, deberá necesariamente reestructurar la formulación del presupuesto nacional en función de los objetivos nacionales y las prioridades de la estrategia nacional de desarrollo. Mientras el neoliberalismo busca resolver los problemas sociales incrementado las partidas presupuestales del aparato represivo, otorgando facilidades económicas a nuestros depredadores y debilitando al Estado, una política económica popular se maneja en términos diametralmente diferentes privilegiando a la comunidad y no a los grupos de poder.

Claro está que toda política económica tiene carácter vinculante con toda la armazón estatal y las estructuras de la sociedad. Por ello, la política económica no es asunto de un solo ministerio sino de todos ellos pues proviene del gobierno popular en su conjunto, como unidad de gestión. Que el ministerio de economía se convierta en un súper poder que somete a los otros ministerios, a los poderes del Estado y a la nación entera es obra nada más que del neoliberalismo.

Políticas económicas extranjerizantes nos han conducido a un consumo extranjerizante dejando de vivir de lo nuestro. Nuestra economía se ha distorsionado para favorecer intereses foráneos. Ello determina una balanza comercial cualitativamente inconveniente para los intereses nacionales en nuestras relaciones de intercambio internacional. Corregir esta distorsión es otra tarea que tendría que asumir un gobierno popular para encuadrar nuestro comercio exterior en términos nacionalistas.

En fin, la temática excede a lo poco que se puede decir en un artículo electrónico como este que, se queda corto dejando de abordar otros aspectos importantes a considerar en cuanto a una probable política económica como alternativa a la que puedan proponer las fuerzas políticas adversarias. Pero ya habrá ocasión para tratar en detalle aspectos de la política fiscal, inversión pública, programas sociales, etc.

La izquierda tiene muchas otras más y mejores propuestas que las expuestas aquí pero lo dicho quizá estimule el afloramiento de planteamientos que reconocidos economistas seguramente tienen mucho que ilustrarnos al respecto. En todo caso, podríamos puntualizar finalmente que la principal característica de una política económica de izquierda es su carácter popular que privilegia lo social sobre lo particular, propugnando siempre la equidad en el usufructo de los beneficios dentro de una economía de mercado en condiciones favorables para las mayorías.

Marzo 2015

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