JAVIER HERAUD, POETA GUERRILLERO

Escribe: Milcíades Ruiz

El domingo 15 de Mayo de 1963, una noticia inesperada atravesó la mente de la sociedad peruana. Una confusa balacera se había desatado en Puerto Maldonado, Departamento de Madre de Dios con el saldo de un muerto. Este era el laureado joven poeta Javier Heraud. Todos se preguntaban: ¿Qué hacía por esos lugares Javier Heraud y sus acompañantes? La más sorprendida fue su angustiada madre. La familia lo creía estudiando cine en La Habana. Los que lo conocían no se explicaban por qué una joven promesa de la literatura peruana, tuvo que morir en tales circunstancias. Ignoraban que Javier lo había dejado todo por una causa sublime de la más alta sensibilidad humana y moría por ella.

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Era su último poema, el más profundo de todos. El que fue más allá de las palabras. El que se escribe con la honestidad consecuente de los ideales. El que brota del corazón y se funde en la heroicidad, por amor a la patria. Lo había dicho premonitoriamente: “Porque mi patria es hermosa, como una espada en el aire, y más grande ahora y aun, más hermosa todavía, yo hablo y la defiendo con mi vida. No me importa lo que digan los traidores, hemos cerrado el pasado con gruesas lágrimas de acero (“Palabra de Guerrillero”).

Javier había resuelto traspasar el umbral del individualismo para entrar al poemario colectivo de construir una nueva sociedad sin explotados ni explotadores. El sacrificio era enorme y con alto riesgo de morir en el intento. Pero su convicción era inquebrantable y su coraje tan grande como su nobleza y allí estuvo a la hora de la verdad, asumiendo los costos de liberar al pueblo peruano de la opresión oligárquica y emprender la revolución socialista para la patria. No fue una decisión impronta ni romántica. La tenía meditada desde tiempo atrás.

América Latina estaba conmocionada con el triunfo de la Revolución Cubana por la vía de las armas sobre la cruel dictadura de Fulgencio Batista. Esta, llegó con el año nuevo, el 1° de Enero de 1959. Una ola de dictaduras militares sangrientas azolaba a varios países hermanos. En el Perú, salíamos de la dictadura del general Manuel A. Odría, que despiadadamente había perseguido y desterrado a líderes apristas y socialistas hasta 1956 en que asumió la presidencia el aristócrata Manuel Prado de la oligarquía terrateniente.

En Cuba, las empresas estadounidenses controlaba el 47,4% de la producción azucarera, el 90% de la electricidad y comunicaciones, el 70% de las refinerías de petróleo, el 10% de la producción de níquel, y el 25% de los negocios comerciales, hoteles e industria de alimentos. Más de la mitad del territorio estaba en manos de 4 mil terratenientes.

En el Perú, la situación era similar con una oligarquía terrateniente en el gobierno, sistema feudal de explotación campesina, empresas norteamericanas con latifundios, inversiones mineras y, explotación petrolera. El 0.4% de los propietarios de tierras agropecuarias eran dueños del 76% de estas. Esta situación se repetía en los demás países latinoamericanos.

La revolución cubana al mando de Fidel Castro como Primer Ministro inició una serie de cambios inesperados haciendo justicia social en el campo y la ciudad, incluyendo la confiscación de empresas extranjeras y una reforma agraria confiscando latifundios. Estas medidas generaron entusiasmo entre los pueblos de nuestro continente pero también, la enemistad con EE UU que, viendo el peligro de que el ejemplo cubano cundiera en otros países puso en marcha un plan para destruir la revolución cubana y asesinar a Fidel.

Como parte de ese plan, nuestro país al igual que los demás miembros de la OEA, rompieron relaciones diplomáticas para aislar a Cuba y someterlo a un despiadado bloqueo económico, además de diversos sabotajes terroristas gestados por la CIA, atentados, traiciones y financiamiento político a adversarios. Pero el pueblo cubano y toda Latinoamérica apoyaban esa revolución justiciera.

Para los jóvenes de la época en el Perú, era muy alentador escuchar por Radio Habana Cuba, que las trabajadoras del servicio doméstico accedían gratuitamente a estudiar medicina en las universidades, que los medicamentos eran gratuitos o que, a los estudiantes de primaria y secundaria el Estado les otorgaba los uniformes y útiles escolares.

Por eso, cuando en 1961 el gobierno revolucionario de Cuba anunció que daría becas de estudios a estudiantes peruanos hubo gran acogida en Lima y provincias. Entre los postulantes estaba Javier Heraud Pérez, un joven miraflorino que desde los 16 años ya era profesor, y a los 18 un poeta reconocido por su libro “El Río” siendo galardonado en 1960 como “El Poeta Joven del Perú, por su poemario “El Viaje”.

Habiendo sido invitado al Foro Internacional de la Juventud realizado en Moscú, Javier tenía ya un concepto formado sobre el socialismo y la lucha revolucionaria internacional de los trabajadores. Le apenaba el contraste con su amada patria. El cosmonauta soviético Yuri Gagarín regresaba de su exitoso viaje como primer humano en llegar al espacio sideral fuera del ámbito de nuestro planeta. Era una proeza socialista. Vibraba de emoción al propio tiempo que se entristecía recordando tanta injusticia y pobreza en su amado Perú.

De regreso a la patria, estaba decidido a ser revolucionario más allá de las palabras. El 17 de Abril de 1961, EE UU envió 1,300 mercenarios a invadir Cuba por la bahía “Cochinos”, apoyándolos con barcos y aviones pero las fuerzas revolucionarias acabaron con ellos en menos de 72 horas y este triunfo enardeció aún más la fe revolucionaria mundial. Por eso, viajar a Cuba como becario era para Javier Heraud, un sueño que no podía desaprovechar y conocer de cerca esta heroica experiencia histórica. Animó a sus amigos poetas a seguirle. Tenía 19 años.

En Marzo de 1962, un centenar de becarios partieron rumbo a Cuba y fueron recibidos cariñosamente en un ambiente de euforia revolucionaria. Mucha gente armada en todas partes con uniforme verde oliva como Fidel, milicianos y milicianas armadas en las calles con uniforme azul (tipo blue jeans), y todo el pueblo orgulloso de su revolución como del triunfo sobre los invasores enviados por EE UU. Lo primero que hicieron los becarios era visitar la Universidad de La Habana para informarse de los estudios sin poder evitar la impresión de la algarabía popular en ese momento histórico.

Fidel nos visitó por segunda vez para ver que estuviéramos cómodos y conversar sobre nuestro país, la revolución cubana y los estudios universitarios. Todos nos sentamos en el piso a su alrededor como si fuera una reunión de amigos entre bromas e inquietudes diversas. Al retirarse nos dejó la alternativa de prestarnos ayuda si quisiéramos prepararnos voluntariamente como revolucionarios. El entusiasmo nos ganó a casi todos, pero había que pasar una prueba inicial haciendo una caminata a la montaña más alta de Cuba y recorrer los campamentos guerrilleros de “Sierra Maestra”. Javier Heraud estaba entre los que pasaron la prueba.

Con él fundamos el “Ejército de Liberación Nacional” y para Abril de 1963 estábamos rumbo a Puerto Maldonado atravesando la selva boliviana, para ingresar a territorio peruano e iniciar la lucha armada por la revolución socialista para nuestra patria. Fue una larga travesía por ríos y montes. Los más entusiastas cantaban ♬ ♬ “Por los ríos y montañas, guerrilleros libres van. Los mejores luchadores, del campo y la ciudad. Abajo el imperialismo, viva la revolución”….. ♬♬.

Dejamos el río Manuripi y tomamos el sendero rumbo a la frontera. Los rayos solares se filtraban en la espesura de la selva, la tropa caminaba tensa pero ordenadamente. Detrás del comando venía Javier Heraud, caminando entre pájaros y árboles, portando al hombro su ametralladora ZB 30, su mochila y un morral de municiones. Acampamos tras un día de caminata, dos guías nos conducirían a nuestras zonas de operaciones. El contacto peruano nos trajo una mala noticia. Se nos dijo que los guías no vendrían porque el partido estaba en campaña electoral y no convenía que aparezcan las guerrillas. Una vil traición nos cerró la puerta de entrada.

La emergencia indujo como alternativa el envío de un comando especial de avanzada para un operativo sin armas. Javier se presentó como voluntario y partió con el grupo. Al llegar a Pto. Maldonado, cayeron sospechas sobre ellos y en el afán de no ser capturados se produjo la balacera. Javier Heraud con Alaín Elías ganaron el río Madre de Dios y abordaron una canoa. En medio del río no pudieron guarecerse ante los disparos y alzaron un pañuelo de rendición. No hubo piedad con ellos. Quienes disparaban no sabían quiénes eran ni había delito alguno. Sin esperar explicaciones siguieron disparando.

Un proyectil se incrustó en las entrañas vitales de Javier y su vida se desvaneció en la oscuridad. Tenía 21 años. Sólo quería una patria libre con justicia social. Era su ilusión, pero su “Elegía” se hizo realidad: “Yo no me río de la Muerte. Sucede simplemente, que no tengo miedo de morir entre pájaros y árboles”. “El Viaje” fue el último y terminó en “El Río” que era su otro yo. En ese momento histórico, el impacto de su muerte tocó las fibras más sensibles de la sociedad peruana.

Su sangre derramada, romántica y guerrillera, se expandió por todo el pueblo peruano como pétalos de flores que el pueblo ha recogido de mil maneras, estampando su nombre en muchas instituciones educativas, en promociones estudiantiles, en calles, plazuelas, pueblos marginales, sin que los opresores pudieran evitarlo. Había dado su vida por la causa socialista y el pueblo sabía que lo había hecho por el amor a los oprimidos. Los héroes populares nunca mueren en el corazón del pueblo.

¿Por qué recordarlo ahora y siempre? Porque su sacrificio fortalece nuestros ideales socialistas. Porque, es un símbolo de la juventud justiciera. Porque su ejemplo de revolucionario consecuente será siempre un estímulo para las nuevas generaciones. Porque su amor por los oprimidos no tuvo límites. Porque no se quedó en las palabras. Porque su ideal sigue pendiente de culminar. Porque a la patria se la defiende hasta con la vida, antes que verla pisoteada por los opresores.

Hagamos algo por avivar el fuego socialista y ojalá surjan las iniciativas para convertir esta conmemoración en actividades que ayuden al resurgimiento de la fe perdida. ¡Patria o Muerte! …. Estamos seguros. La historia está de nuestro lado.

Mayo, 2016

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