ES MOMENTO DE PLANIFICAR

Escribe: Milcíades Ruiz

Los ideales generan el combustible que nos moviliza en procura de una aspiración. Ellos han sido desde siempre, los impulsores que han hecho evolucionar a la humanidad desde que nuestra especie adquirió el raciocinio que la diferenció de las demás. Los grupos humanos primigenios fueron evolucionando cada cual por su propia cuenta, estimulados por sus ideales autóctonos hasta que la colisión con otros grupos sociales en diferente estado de desarrollo les hizo perder los ideales propios. El grupo más evolucionado hizo predominar los suyos.

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Es que los ideales se funden en intereses y sobre estos intereses se edifica la organización social. En una sociedad como la peruana sin autonomía de desarrollo, sucede que la condición de vida de sus habitantes está condicionada a los ideales del poder predominante mundial. No son nuestros ideales los que prevalecen sino los intereses de nuestros dominadores extranjeros. Consecuentemente, nuestro país no tiene un ordenamiento económico, social ni jurídico propio, sino se rige por un ordenamiento internacional establecido en función de los intereses de quienes tienen el dominio mundial.

En estas condiciones, nuestros dominadores detestan que tengamos ideales propios porque atentan contra sus intereses pues lo ideales de los oprimidos son distintos a los de los opresores. No podemos tener ideales económicos propios sin atentar contra el orden establecido en la estructura de dominación que tiene como eje central el “libre” mercado. Que nadie planifique, que el Estado no intervenga en el mercado de libre competencia donde se impone la ley del más fuerte que es una conveniencia que favorece a nuestros depredadores.

Pero bien sabemos que las potencias dominadoras planifican nuestro destino y hacen sus diagnósticos mundiales con décadas de anticipación. Ellos llevan el registro de todas las reacciones sociales a través de su maquinaria de espionaje, estudian el comportamiento del mercado y trazan sus planes de dominio a futuro. Pues entonces, si el interés de nuestros dominadores es, que nos mantengamos desorganizados, en estado incierto y sin planificación de nuestro futuro, nuestra posición debería ser a la inversa pues tenemos intereses opuestos.

Siguiendo esta lógica podríamos concluir en que si no hacemos lo señalado como contrapartida entonces estaríamos favoreciendo a nuestros dominadores. Ello nos plantea la necesidad de desarrollar una ideología de desarrollo planificado. Hagamos planes para el 2017. Planes personales, planes familiares, planes de grupos colectivos, planes políticos. Tener planes es mejor que no tenerlos. Pensemos en nuestros ideales para trazarnos metas y objetivos. No dejemos que nuestro desarrollo personal, familiar, regional o nacional penda de la improvisación.

Los socialistas y en general la izquierda peruana, tiene muchas tareas pendientes postergadas y por ello, estamos en la obligación de hacer planes factibles de cumplir. ¿Cómo estamos en organización? Todos sabemos que, sin organización no hay actividades productivas. Tenemos la necesidad de fortalecernos orgánicamente y de construir poder popular para lo cual deberíamos pensar en metas, estrategias, iniciativas. Sería lamentable que al finalizar el 2017 comprobemos que no hemos avanzado nada, que somos los mismos de siempre.

Por ello es importante planificar nuestras actividades mes a mes y evaluar resultados. ¿Cuántas actividades proselitistas? ¿Cuántos nuevos escenarios? ¿Cuántos militantes más? ¿Cuánto más de nuestra área de influencia? ¿En qué porcentaje necesitamos crecer para lograr una representatividad satisfactoria? ¿Y nuestra consolidación ideológica cómo la trabajamos?

Las derechas gobernantes se están desgastando antes de lo previsto: ¿Estamos aprovechando la debilidad de nuestros adversarios para avanzar? ¿Cuáles son los problemas más álgidos que atormentan a los sectores populares? ¿Qué podemos hacer al respecto? ¿Qué instrumentos necesitamos para nuestra estrategia política? Estas y otras preguntas serán necesarias para hacer nuestro plan de trabajo en el 2017.

Pero si alzamos la mirada hacia el horizonte político veremos la necesidad de hacer planes en el corto, mediano y largo plazos pensando en lo que se viene, en los procesos sociales de nuestro país, de nuestro continente y del mundo en general. Entonces tendremos que encajar nuestra visión política local, regional, nacional e internacional para que nuestro plan tenga una coherencia considerando los factores que influirán en nuestra realidad.

En este desafío debemos tener mucho cuidado con nosotros mismos, para no caer en planes fantasiosos. Hay que ser realistas en lo que somos y en lo que podemos hacer. El éxito de los planes depende de cuan acertado sea nuestro diagnóstico ajustado a la realidad concreta. Sin embargo, no basta hacer un buen plan si no tenemos los medios para llevarlo a cabo. Surge entonces la necesidad de una estrategia adecuada que nos permita avanzar con eficiencia. De lo contrario, terminaremos dejándonos llevar por la corriente coyuntural que los medios alienantes de la derecha nos lancen día a día para convertirnos en parásitos políticos.

Tenemos en mente muchas ideas y aspiraciones sociales pero si no le damos trámite no pasará de ser solo un deseo estéril. Los ideales son nuestros objetivos generales pero necesitamos precisar la estrategia para alcanzar dichos ideales y en el corto plazo debemos precisar los objetivos inmediatos que se puedan alcanzar cumpliendo metas significativas que marquen nuestro progreso en la estrategia trazada.

Muchos están pensando en las elecciones municipales del 2018 pero si este es un objetivo concreto dentro de una estrategia general hay que establecer planificadamente las actividades tácticas que nos conduzcan a conquistar el logro esperado. Una de las alternativas podría ser el trabajo con las asambleas distritales, comunales, sectoriales apoyando a los campesinos que son mayoría en los distritos del Perú.

Apoyemos las demandas de los arroceros, cafetaleros, organizaciones locales de productores agropecuarios, pescadores artesanales, comerciantes ambulatorios, artesanos, gremios de oficios diversos, pequeños mineros, grupos femeninos de la ciudad y del campo, a las federaciones estudiantiles, etc. Hay que convertir a las asambleas populares en el poder supremo de la democracia popular local cuya autoridad sea respetada, reconocida y aceptada por los alcaldes distritales.

Si las asambleas populares logran hacerse respetar por los alcaldes entonces el camino se abre para las candidaturas nacidas del seno popular y no de los partidos. Muchos alcaldes son elementos advenedizos desconocidos que actúan a espaldas de los vecinos ocultando muchos secretos por intereses personales y por corrupción. El alcalde debería ser fiscalizado por la asamblea distrital buscando una integración de beneficio común. En esta línea de trabajo podríamos avanzar rápidamente pues hay condiciones políticas favorables para ganar terreno democrático.

Es verdad que es muy fácil hablar y que lo importante es hacer. Pero al menos es una sugerencia que es mejor que quedarse callado o murmurar sin plantear nada. Estoy seguro de que hay mejores ideas para elaborar planes fructíferos pero no esperemos que todo salga de iniciativas ajenas. Nada es fácil para los socialistas acostumbrados a trabajar en condiciones adversas. Pero allí está el valor de nuestras acciones y de nuestra mística. Salvo mejor parecer.

Enero 2017

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