LA REVOLUCIÓN CONTINENTAL DEL “CHE”

Escribe: Milcíades Ruiz

“¡Cómo podríamos mirar el futuro de luminoso y cercano, si dos, tres, muchos Vietnam florecieran en la superficie del globo, con su cuota de muerte y sus tragedias inmensas, con su heroísmo cotidiano, con sus golpes repetidos al imperialismo, con la obligación que entraña para éste de dispersar sus fuerzas, bajo el embate del odio creciente de los pueblos del mundo!”- Che Guevara

La cita precedente define la idea central del Che al encabezar la campaña guerrillera en Sudamérica y su resolución de arriesgarlo todo por la causa socialista mundial. Antes de partir a los campos de batalla escribió: «qué importan los peligros o sacrificios de un hombre o de un pueblo, cuando está en juego el destino de la humanidad». Era enero de 1966 en circunstancia en que la lucha guerrillera por el socialismo se había extendido por toda América Latina, incluyendo Perú.

Han pasado ya cincuenta años de la gesta del “Che” y para quienes como miembros del Ejército de Liberación Nacional –ELN estuvimos comprometidos con su propuesta no podemos evitar conmovernos al recordar los acontecimientos vividos en constante peligro y riesgos extremos. Hemos quedado marcados de por vida porque la fuerza de nuestros ideales no se ha extinguido y recordar aquellos años es volver a vivirlos.

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En la foto Juan Pablo Chang junto al Che en Ñancahuazú

Era una alternativa y sólo unos cuantos revolucionarios estaban dispuestos a jugárselas por entero ya que se necesitaba una fortaleza suprema de ideales y una profunda convicción sobre el momento histórico en que vivíamos. Los críticos podrán decir muchas objeciones pero para nosotros era una alternativa factible y había que hacerlo o morir en el intento. Los que nos atrevimos podemos decir con la frente en alto: Por lo menos, lo intentamos.

Para los menores de cincuenta años quizá resulte difícil imaginar la efervescencia social de ese momento histórico en nuestro país y en el mundo, luchando por la liberación total. Las nuevas generaciones no han conocido las atrocidades de la opresión feudal contra los peruanos más primigenios, las represiones más sangrientas contra los sindicatos azucareros, las redadas indiscriminadas, etc. Todavía había esclavitud y colonialismo que aún no se extinguía en varios continentes. Argelia, Vietnam, Angola, Congo y otros pueblos estaban en plena lucha contra los amos europeos y la intromisión de EE UU.

Eran tiempos de lucha a muerte contra las dictaduras asesinas en Latinoamérica, contra los latifundistas “gamonales” y contra la corruptela política. En el Perú, la lucha guerrillera por el socialismo tuvo su furor en 1965 y al final de este año la guerrilla “Javier Heraud” seguía combatiendo en la selva de La Mar- Ayacucho cuando Juan Pablo Chang, por entonces Jefe de la Red Urbana del ELN, viajó invitado a la Conferencia Tricontinental de la Habana, para reunirse con todos los líderes alzados en armas de Asia, África y América Latina.

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La corruptela política. En la foto el Líder del PAP, en almuerzo opíparo con su peor enemigo el dictador Gral. Manuel A. Odría a su izquierda y a su derecha Pedro Beltrán, Primer Ministro del Gobierno pradista, dueño del diario “La Prensa” y terrateniente de Cañete. La alianza política PAP/UNO con mayoría en el Parlamento en el gobierno de Belaunde implantó la pena de muerte para los guerrilleros por alzarse en armas como lo hicieron los revolucionarios apristas en 1932.

El 16 de enero 1966, por iniciativa de Salvador Allende, las 27 delegaciones latinoamericanas deciden crear la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad), que convocó a los pueblos latinoamericanos a “hacer de la cordillera de los Andes una gigantesca Sierra Maestra”.

Fue en esos días que Juan Pablo Chang estando en Cuba por la Tricontinental, se comprometió con el Che a organizar su incorporación a nuestra guerrilla. Mucho antes, Fidel ya nos había dicho sobre la simpatía de dicho líder con nuestro grupo. De regreso a Perú en febrero de ese año Chang, fue a buscarme pues estaba yo en Lima y no en el monte. Entonces me dijo muy alegre: “Capac. ¡Prepárate para recibir una gran noticia!”. No pude imaginar lo que luego agregó: “El Che viene con nosotros”.

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Me quedé perplejo. Pero reaccionando de la sorpresa respondí que era una gran responsabilidad y que había que organizar bien todo para no poner en riesgo su seguridad. “No se puede” retrucó, “ya está en camino” dijo sonriendo. Le hice saber que en esos días la guerrilla había sido desarticulada y la zona estaba cercada por el ejército, siendo muy difícil que yo pueda llevarlo hasta el campamento en una situación incierta, además que los controles policiales y militares estaban en máxima alerta.

Se discutió sobre la manera de llevar al Che atravesando toda la selva hasta llegar a la zona guerrillera, asunto que rechacé de plano por absurda ya que la propuesta se basaba en el mapa y no en la realidad. Fue entonces que surgió la idea de abrir un nuevo foco guerrillero en la selva de Puno con un campamento cerca de la frontera con Bolivia para que funcione como un corredor estratégico al estilo vietnamita a la vez que daba seguridad para el ingreso del Che sin mucho riesgo.

Establecido el plan Chang viajó a Bolivia para coordinar. El Che en principio aceptó la alternativa mandando iniciar trabajos cerca de la frontera adquiriendo una finca en Caranavi a la misma altura de la selva puneña, mientras nosotros avanzábamos por el otro lado hasta llegar a Apolo en el lado boliviano. En esta operación el Che tuvo la ayuda de Julio Méndez “Ñato” militante del PC boliviano que en 1963 nos ayudó mucho en nuestra intentona guerrillera tratando de ingresar por Puerto Maldonado y nos auxilió también en el repliegue de escape. “Ñato” participó en la campaña del Che.

En esta perspectiva, nuestro compañero Julio Dagnino (“Sánchez”) se traslada a La Paz para mantener la coordinación. Pero la situación fue cambiando con la captura en Lima de nuestro jefe Héctor Béjar y el desbande de nuestra guerrilla en Ayacucho. Ante esta situación, el Che decide abrir un frente guerrillero en Bolivia con el mismo nombre de nuestra organización naciendo el ELN boliviano. Opta por la cuenca del río Ñancahuazú, al otro extremo de la selva boliviana en el Departamento de Santa Cruz, más apropiado para lo que pensaba hacer continentalmente y sobre todo, más cerca de su Argentina que era el próximo paso.

El problema era que no tenía la tropa necesaria, por lo que tuvo que improvisar convocando a fogueados combatientes cubanos de su confianza y reclutar cuadros bolivianos aun sin preparación apropiada, lo que repercutiría más tarde en el desarrollo de los acontecimientos. Un desertor capturado fue obligado a llevar a las tropas enemigas a los campamentos guerrilleros. Por nuestra parte ya habíamos avanzado bastante estableciendo nuestra base operativa en la selva del Alto Tambopata e iniciado la apertura del corredor hacia la frontera, pero ignorábamos el cambio de planes del Che

En noviembre de 1966 el Che se traslada a Ñancahuazú e inicia los preparativos para la insurgencia guerrillera allí con apenas una docena de alzados, número que fue en aumento en días sucesivos. Chang viajó a Bolivia de paso a la Habana donde teníamos un grupo recibiendo preparación militar y se encontró con el cambio de planes pidiendo conversar con el Che. Llegó a Ñancahuazú el 2 de diciembre de ese año.

Enterado del plan del Che entonces Chang ofrece la incorporación de cinco combatientes peruanos empezando con un especialista de comunicaciones de guerra (Lucio Galván “Eustaquio”) y un médico (Restituto J. Cabrera “El Negro”) que ya tenían preparación guerrillera. El primero había participado en la campaña de 1963 junto con Javier Heraud. Mientras tanto, continuaríamos con el nuevo foco guerrillero en Puno para lo cual se le pidió apoyo con armamento. Tras esta coordinación Chang prosiguió viaje a Cuba pues había enviado un nuevo grupo de compañeros para prepararse con miras a engrosar la guerrilla.

4De regreso al Perú, Chang pasó a Ñancahuazú a mediados de marzo de 1966 llevando a “Eustaquio” y al “Negro” además de coordinar lo referente al grupo que actuaría en la selva de Puno. Los acontecimientos militares sucedidos en esos días determinaron un cerco de control enemigo estricto en las zonas adyacentes y ante el riesgo de ser capturado como había sucedido con otros evacuados anteriormente Chang prefirió quedarse como combatiente que era su anhelo.

En tales circunstancias y estando preso nuestro jefe Héctor Béjar, la Dirección Nacional me eligió para comandar la organización bajo el principio institucional de que los cargos se ganan en la acción, del mismo modo como había sido elegido segundo al mando en la guerrilla de Ayacucho. Me vi precisado a reajustar la estrategia y operatividad pues ya tenía la experiencia de Ayacucho. Juan Pablo Chang había dejado como Director de nuestro periódico “Masas” a Alfonso Barrantes “”Frejolito” pero tuvimos que cerrarlo y dejamos de accionar en las disputas universitarias para centrar esfuerzos en el nuevo foco.

Exploramos toda la cuenca del Tambopata hasta la selva baja y recorrimos la cuenca del Inambari desde Macusani. Montamos la red de abastecimiento y empezamos a ingresar las armas. En estas tareas tuve como adjunto a Maximiliano Vargas “Felipe” de gran fortaleza física y convicción revolucionaria que había estado en la Tricontinental. También ayudaron diversos compañeros en la logística y la red de enlaces. La red urbana en la capital y en el sur, cumplían su labor con énfasis en la perspectiva guerrillera.

Mientras avanzábamos los trabajos insurreccionales en Puno tuvimos una baja importante en Lima. El valeroso estudiante arequipeño Fortunato Silva Sánchez de la promoción guerrillera de Javier Heraud fue capturado por la policía sin que podamos socorrerlo. Torturado criminalmente prefirió morir estoicamente antes que revelar los secretos de nuestra organización ni delatar a nadie. Su cadáver fue desaparecido y es uno de nuestros héroes sin tumba.

Algún día su entrega revolucionaria será reconocida al igual que los demás héroes del pueblo caídos en la lucha guerrillera por el socialismo liberador de Latinoamérica y del Perú. Era así la vida de un revolucionario de la década de 1960, dispuestos a morir sabiendo la sentencia del enemigo: “No prisioneros, no vivos”. Aun así, lo arriesgábamos todo, abandonando con dolor nuestros hogares y familiares. Los niños que quedaron huérfanos crecieron con ese dolor.

La campaña del Che en Ñancahuazú fue dramática de comienzo a fin, con los angustiosos momentos que han quedado escritos en su diario hasta el último combate en una quebrada seca llamada “Churo”. Solo quedaban 17 combatientes, incluyendo Chang “Francisco” y “Eustaquio”. El “Negro” Cabrera solo pudo llegar hasta el 3 de septiembre después de haber sobrevivido a una emboscada a su grupo en el Vado del Yeso, Río Grande, pero fue capturado cuando escapaba por el río Palmarito, luego torturado y ejecutado.

Era domingo 8 de octubre cuando el Che y Juan Pablo Chang cayeron prisioneros tras el combate inevitable por la mañana en la quebrada de Churo. Un proyectil inutilizó el arma del Che y otro impactó en su pierna a pesar de lo cual seguía subiendo la pendiente para evadir el cerco enemigo. Los prisioneros fueron conducidos al pueblito de La Higuera donde fueron ejecutados por orden superior. Eustaquio logró salir airoso del cerco junto con tres compañeros pero a la semana siguiente el 14 de octubre sucumbió combatiendo en Cajones muy cerca de río Grande tras cuatro horas de tiroteos.

¿Por qué recordar esta epopeya histórica? No es solo por venerar a nuestro líder histórico. No es solo porque se cumplen 50 años de la gesta guerrillera en la que el Che y sus compañeros ofrendaron sus vidas por la causa del socialismo continental. Sino también, para recargarnos de energía revolucionaria y reanudar la lucha bajo la modalidad más apropiada acorde con el tiempo histórico. Y porque siempre será motivo para de renovar nuestra fe en el triunfo del socialismo, persistiendo en la lucha no con palabras sino con hechos para ser consecuentes como lo hizo el Che. Tenemos que romper el cerco de nuestros opresores capitalistas que impide la liberación de la humanidad.

Si los revolucionarios de la década de 1960 tuvieron esa alta calidad humana, lo menos que podemos esperar de las nuevas generaciones es que hagan algo por recuperar el protagonismo del socialismo. Se acaba el tiempo para los luchadores sobrevivientes del 60 y en el horizonte no vislumbramos ningún coraje, solo una izquierda mediatizada.

Finalizo transcribiendo lo escrito por Fidel:

“Impresiona profundamente la proeza realizada por este puñado de revolucionarios. La sola lucha contra la naturaleza hostil en que desenvolvía su acción constituye una insuperable página de heroísmo. Nunca en la historia un número tan reducido de hombres emprendió una tarea tan gigantesca. La fe y la convicción absoluta en que la inmensa capacidad revolucionaria de los pueblos de América Latina podía ser despertada, la confianza en sí mismo y la decisión con que se entregaron a ese objetivo, nos da la justa dimensión de estos hombres”.

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Enero 2017

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